jueves, 18 de mayo de 2017

De la Guerra de la Independencia al desastre del 98 (Introducción)




Los antecedentes del 
siglo XIX español





I.- Desde mediados del siglo XVII, y de forma todavía más aguda a lo largo del siglo XVIII, España pasa de ser la potencia hegemónica en Europa y dueña del más vasto imperio, a convertirse poco menos que en una colonia de las grandes potencias europeas,  y en el escenario donde éstas -principalmente Francia e Inglaterra- libran sus disputas mientras ambicionan apoderarse de las todavía inmensas riquezas del imperio español.
           
Tal y como plantea el historiador español J. Vicens Vives: España, juguete en la política internacional de los ejércitos y en la vida económica de los mercaderes de Luis XIV , se convirtió en presa fácil para la absorbente ambición de Versalles. (…) Todos podían a España, no sólo en el campo de batalla, sino en las actividades económicas, caídas tan bajo que la monarquía se había convertido en mera colonia de las grandes potencias europeas”.

·         En 1640, Francia impulsará la independencia de Cataluña y Portugal.

París se apoyará en un minoritario partido profrancés en las clases dirigentes catalanas, que había acordado un pacto secreto para asegurar la protección militar francesa en caso de un levantamiento contra España. La república catalana desgajada de España se colocará rápidamente bajo obediencia francesa.
Al mismo tiempo, Francia alentará las ambiciones independentistas de los círculos de la nobleza portuguesa nucleados en torno al Duque de Braganza.
La intervención francesa va a acelerar la decadencia española, que pierde definitivamente su condición de gran potencia europea.
El dominio francés acarreará nefastas consecuencias a los territorios empujados hacia las aventuras secesionistas. Cataluña perderá un tercio de su territorio, que pasará a manos francesas. Y el Portugal independiente será inmediatamente transformado en una colonia comercial británica.

·         La Guerra de Sucesión -entre 1701 y 1713- presentada como un conflicto dinástico es en realidad la disputa entre las principales potencias del momento, Francia e Inglaterra, por el dominio sobre España.
La incapacidad de Carlos II, que va a morir sin descendencia, convertirá la designación de su sucesor en una batalla entre los grandes de Europa. Francia respaldará la candidatura de  Felipe de Anjou, futuro Felipe V y nieto del monarca galo Luis XIV, mientras Inglaterra respalda la del archiduque Carlos de Austria.
Las luchas por la supremacía europea -en las que España participaba como potencia hegemónica- se trasladan ahora a suelo español... y el dominio de España es el principal botín en disputa.
Las principales batallas se librarán entre tropas, muchas de ellas extranjeras, al mando de generales galos y británicos; la dirección política y la resolución del conflicto seguirán el ritmo de la correlación de fuerzas entre París y Londres.
La resolución de la guerra -acordada entre París y Londres- supone el definitivo abandono de las posesiones españolas en Europa, la ocupación extranjera de parte del territorio peninsular y la entrega del comercio con América a las grandes potencias.
           
·         Durante todo el siglo XVIII España se convierte poco más que en un virreinato francés
La llegada de Felipe V al trono español viene acompañada de un estrecho control desde París de todos los asuntos españoles. Durante todo el siglo XVIII los sucesivos embajadores galos en Madrid no actuaron como representantes legales de Francia en el sentido estricto sino como auténticos ministros plenipotenciarios.
El dominio francés sobre España se perpetúa a través de los “Pactos de Familia”, que supeditaban la rama española de los Borbones a los intereses galos. Gracias a ellos París utilizará a España como plataforma en su disputa con Inglaterra. Obligando a los ejércitos españoles a participar, bajo mando galo, en sucesivos conflictos bélicos.
A través de diferentes vías, Francia e Inglaterra se hacen ya, en pleno siglo XVIII, con el control del comercio con América.
España entra en el siglo XIX, donde van a definirse un nuevo Estado y una nueva clase dominante, sometida a una relación semicolonial, bajo la intervención política y militar de las principales potencias y con una economía donde el grueso de las ganancias emigraba al extranjero.

jueves, 11 de mayo de 2017

Ciclo de Escuelas de Historia de España


¿España, potencia imperialista

 o país dominado?





Iniciamos un nuevo ciclo de Escuelas de Marxismo, en el que vamos a sintetizar los contenidos desarrollados en 13 escuelas celebradas durante 2006 y 2007, dedicadas a comprender las claves de la historia de España y como influyen decisivamente en el presente.

Vamos a enfrentarnos a una pregunta del mayor interés y actualidad: ¿Es nuestro país, como afirma un amplio y variado sector de la izquierda que va desde el nacionalismo hasta los movimientos indigenistas de Iberoamérica, una potencia imperialista? ¿O, por el contrario, somos en realidad, pese a todo el desarrollo alcanzado en las últimas décadas, un país dominado por el imperialismo?

Responder a esta cuestión clave va a ser el tema y el hilo conductor de este ciclo de tres Escuelas Zonales, que culminará en una Escuela Central en Agosto. Vamos a abordarlo enfrentándonos al problema de una forma objetiva, utilizando y viendo cómo funcionan en la práctica los conceptos científicos del marxismo, poniéndolos en relación con nuestra propia historia.

La primera de las escuelas de este ciclo lleva por título “El siglo XIX español. De la Guerra de la Independencia al desastre del 98”.

Es en el siglo XIX donde España se convierte en territorio de intervención de las principales potencias, imponiendo una creciente subordinación política y militar, y un desarrollo económico que entregará las principales riquezas nacionales al capital extranjero.

Tal y como plantea el gran hispanista francés Pierre Vilar en su libro Historia de España: “Políticamente débil, España será tratada como zona de influencia. La intervención de 1823, las posiciones adoptadas respecto al carlismo, ‘los matrimonios españoles’, las intrigas en torno a Espartero y Narváez son otros tantos episodios de la rivalidad anglo-francesa en torno a España.... España escapó a la suerte de satélite que aceptó Portugal, pero sus riquezas y su posición no cesaron de atraer sobre ella las intrigas extranjeras”.

lunes, 1 de mayo de 2017

HISTORIA DEL CAPITALISMO A TRAVÉS DE SUS CRISIS




El salto al imperialismo 
y Iª Guerra Mundial






El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". (El Imperialismo, fase superior del capitalismo (Lenin)

El Imperialismo, fase superior del capitalismo

La asignatura con la que empezamos esta Escuela sobre la historia del capitalismo a través de sus crisis, está basada en el texto de Lenin que hemos elegido como título, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, y del cual se cumple este año el centenario de su primera edición.
Como muestra de la rabiosa actualidad del texto unas palabras del prólogo del autor:
“La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño patrono, la libre concurrencia, la democracia, todas esas consignas por medio de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". Este "botín" se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo”.

Más allá de que los cambios en la correlación de fuerzas entre las potencias mundiales, (Estados Unidos aupada al rango de superpotencia, Inglaterra o Japón relegados al segundo orden) ningún revolucionario o progresista pone en duda que vivimos bajo este “sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". Ni de que dichas potencias (especialmente la norteamericana) están armadas hasta los dientes y por el botín,

“arrastran a su guerra a todo el mundo”.
Su actualidad no debe provocar sorpresa, ya que se trata de un texto científico. Y lo mismo que nadie
dudaría de la validez de la ley de la gravedad, pese a su longevidad, nadie debería hacerlo con las leyes que vamos a estudiar y que siguen rigiendo el desarrollo del modo de producción capitalista. Es más, Lenin demuestra cómo son las leyes descubiertas por Marx, las que han provocado el salto de la nueva fase capitalista.

Dice así:
“Medio siglo atrás, cuando Marx escribió "El Capital", la libre concurrencia era considerada por la mayor parte de los economistas como una "ley natural". La ciencia oficial intentó aniquilar por la conspiración del silencio la obra de Marx, el cual había demostrado, por medio del análisis teórico e histórico del capitalismo, que la libre concurrencia engendra la concentración de la producción, y que dicha concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio. Ahora el monopolio es un hecho. Los economistas escriben montañas de libros en los cuales describen manifestaciones aisladas del monopolio y siguen declarando a coro que "el marxismo ha sido refutado". Pero los hechos son testarudos –como dice un refrán inglés- y, de grado o por fuerza, hay que tenerlos en cuenta. Los hechos demuestran (…) que el engendramiento del monopolio por la concentración de la producción es una ley general y fundamental de la fase actual de desarrollo del capitalismo”.

El autor, nos advierte que para burlar la censura zarista, tuvo que centrarse en los aspectos económicos del Imperialismo en detrimento de los políticos y militares, pero aun así, marca tajantemente la denuncia de aquellos que, en nombre del socialismo y la clase obrera, se dedican a establecer la más absoluta conciliación con el Imperialismo. En su crítica a Kautsky, líder alemán de la IIª Internacional, y que tomó la posición contraria a los bolcheviques llamando a los obreros alemanes a la participación en la IIª GM, Lenin dice:
“Será preciso que nos detengamos en esta "teoría del ultraimperialismo", con el fin de hacer ver en detalle hasta qué punto Kautsky rompe irremediable y decididamente con el marxismo. ¿Es posible el
"ultraimperialismo", o es un ultradisparate?

También llama la atención la actualidad de sus críticas, nos servirán para deslindar los campos con las
teorías que en nombre de haber descubierto novísimos cambios en la globalización, se dedican a ocultar la naturaleza antagónica del capitalismo monopolista y ocultar a las potencias imperialistas tras la cortina de humo de la llamada “dictadura de los mercados” o el “gobierno mundial de los monopolios”.

Pero a ajustar cuentas a estas posiciones nos podremos dedicar después de haber estudiado y comprendido
los rasgos que Lenin nos muestra.

1º.- De la libre competencia al monopolio.
El primer rasgo, que desde el punto de vista de la base económica, caracteriza al Imperialismo es la
eliminación de la libre competencia entre los pequeños patronos y su sustitución por los monopolios.

Veamos cómo lo explica Lenin en el primer capítulo del texto:




I.- LA CONCENTRACION DE LA PRODUCCION Y LOS MONOPOLIOS


El incremento enorme de la industria y el proceso notablemente rápido de concentración de la
producción en empresas cada vez más grandes constituyen una de las particularidades más características del capitalismo. Las decenas de miles de grandes empresas lo son todo; los millones de pequeñas empresas no son nada.

El capital monetario y los bancos, como veremos, hacen todavía más aplastante este predominio de un puñado de grandes empresas, y decimos aplastante en el sentido más literal de la palabra, es decir, que millones de pequeños, medianos e incluso una parte de los grandes "patronos" se hallan de hecho completamente sometidos a unos pocos centenares de financieros millonarios.

La concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, por sí misma conduce, puede
decirse, de lleno al monopolio, ya que a unas cuantas decenas de empresas gigantescas les resulta fácil ponerse de acuerdo entre sí, y, por otra parte, la competencia, que se hace cada vez más difícil, y la tendencia al monopolio, nacen precisamente de las grandes proporciones de las empresas. Esta transformación de la competencia en monopolio constituye de por sí uno de los fenómenos más importantes –por no decir el más importante-- de la economía del capitalismo moderno.

En las manos de los cartels y trusts se encuentran a menudo las siete o las ocho décimas partes de toda la producción de una rama industrial determinada. Los cartels se ponen de acuerdo entre sí respecto a las condiciones de venta, a los plazos de pago, etc. Se reparten los mercados de venta. Fijan la cantidad de productos a fabricar. Establecen los precios. Distribuyen las ganancias entre las distintas empresas, etc. El monopolio constituido en esta forma proporciona beneficios gigantescos y conduce a la creación de unidades técnicas de producción de proporciones inmensas.

Esto no tiene ya nada que ver con la antigua libre concurrencia de patronos dispersos, que no se
conocían entre sí y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado hasta tal punto, que se puede hacer un cálculo aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) en un país, y aun, como veremos, en varios países, en todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado del mercado, el que, según el acuerdo estipulado, las asociaciones mencionadas se "reparten" entre sí. Se monopoliza la mano de obra calificada, se toman los mejores ingenieros, y las vías y los medios de comunicación –las líneas férreas en América, las compañías navieras en Europa y América- van a parar a manos de los monopolios citados. El marco general de la libre concurrencia formalmente reconocida persiste, y el yugo de un grupo poco numeroso de monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable.

El economista alemán Kestner ha consagrado una obra especial a la “lucha entre los cartels y los
outsiders”, es decir, empresarios que no forman parte de los cartels. El autor ha titulado dicha obra: “La organización forzosa”, cuando hubiera debido hablar, naturalmente, para no embellecer el capitalismo, de la subordinación forzosa a las asociaciones monopolistas. Es instructivo echar una simple ojeada aunque no sea más que a la enumeración de los medios a que acuden dichas asociaciones en la lucha moderna, novísima civilizada por la “organización”. 
1) privación de la materias primas (… “uno de los procedimientos más importantes para obligar a entrar en el cartel”)
2) privación de mano de obra mediante “alianzas” (esto es, mediante acuerdos entre los capitalistas y los sindicatos obreros para que estos últimos acepten trabajo solamente en las empresas cartelizadas); 3) privación de medios de transporte
4) privación de mercados
5)acuerdo con los compradores para sostener relaciones comerciales únicamente con los cartels
6) disminución sistemática de los precios (con objeto de arruinar a los “outsiders”, es decir, a las empresas que no se someten a los monopolistas, se gastan millones para vender, durante un tiempo determinado, a precios inferiores al coste: en la industria de la bencina se ha dado el caso de bajar el precio de 40 a 22 marcos, es decir, ¡casi a la mitad!);
7) privación de crédito
8) declaración del boicot.

Nos hallamos en presencia, no ya de una lucha de competencia entre grandes y pequeñas empresas,
entre establecimientos técnicamente atrasados y establecimientos de técnica avanzada. Nos hallamos ante la estrangulación, por los monopolistas, de todos aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad.
Los grandes monopolios capitalistas van surgiendo y desarrollándose, por decir así, a toda máquina,
siguiendo todos los caminos “naturales” y “sobrenaturales”. Se establece sistemáticamente una determinada división del trabajo entre algunos centenares de reyes financieros de la sociedad capitalista actual.







SÍNTESIS Y EJEMPLOS ACTUALES SOBRE EL PRIMER RASGO DEL IMPERIALISMO:


1º.- La concentración del capital y de la producción la que conduce, al llegar a un muy elevado grado de desarrollo, al monopolio que pasa a desarrollar un papel decisivo en la vida económica.

1. El monopolio es fruto de la competencia, pero a la vez representa la sustitución de la libre competencia por los monopolios capitalistas.

2. Este salto del capitalismo de libre cambio al capitalismo monopolista es consecuencia inevitable de las leyes objetivas, universales e inherentes al capitalismo.
La base de la aparición de los monopolios está en la competencia capitalista. Como hemos estudiado en anteriores escuelas, la competencia obliga a ampliar, incrementar y concentrar constantemente el número y el volumen de los capitales.

Pero a su vez, “la aparición del capitalismo monopolista significa, desde el punto de vista económico, la sustitución de la libre competencia por los monopolios capitalistas”.
Esta sustitución de la libre competencia no la anula, por el contrario, la vuelve aún más antagónica: “los monopolios, que se derivan de la libre concurrencia, no la eliminan, sino que existen por encima y al lado de ella, engendrando así una serie de contradicciones, rozamientos y conflictos particularmente agudos”.

El capitalismo monopolista se caracteriza por que gigantescas empresas se reparten entre sí los mercados, las fuentes de materias primas, fijan los precios, monopolizan la mano de obra cualificada, … Y si esto era así en 1916, el proceso de concentración no ha hecho más que aumentar.
En la actualidad, sólo los 10 mayores monopolios mundiales del automóvil concentran más del 70% de la producción mundial. ¡Un mercado mundial de 6.000 millones de consumidores controlado por 10 gigantescas compañías! Otro tanto ocurre en la industria química, donde los 10 mayores monopolios acaparan el 50% de la producción mundial. O en el del petróleo, donde las 10 mayores compañías petroleras tienen un valor de mercado de más de dos billones de dólares, casi el doble que el PIB español.

Con estos datos, se entiende mucho mejor la tesis de Lenin cuando afirma “decenas de miles de grandes empresas lo son todo, millones de pequeñas empresas no son nada”.
También en nuestro país tenemos sangrantes ejemplos de las consecuencias del monopolio, por ejemplo en el sector de la electricidad, tres monopolios, Endesa (italiano), GN-Fenosa e Iberdrola, controlan el 85% de la venta y comercialización en España. Y han impuesto que su precio esté muy por encima del coste de producción medio, haciendo que el recibo de la luz para los españoles sea el segundo más caro de Europa.
En los combustibles, sólo 3 grandes monopolios, Repsol, Cepsa (kuwaití) y BP (británica), copan el 90% del mercado español. Ellos imponen los precios y las condiciones a las gasolineras “independientes”.
Esto es lo que significa el capitalismo monopolista: que unos cientos de grandes empresas lo son todo, mientras millones de pequeñas empresas no son nada.
“Nos hallamos ante la estrangulación, por los monopolistas, de todos aquellos que no se someten al
monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad.”
2º.- La formación del capital financiero y de las oligarquías financieras.
El segundo rasgo económico que caracteriza al Imperialismo es la aparición del capital financiero en
manos de las oligarquías financieras, y cómo éstas imponen su dominio sobre el capital en general y el resto de clases burguesas
El segundo y tercer capítulos del texto están dedicados a clarificar este rasgo:



II. LOS BANCOS Y SU NUEVO PAPEL

La operación fundamental y primordial de los bancos consiste en servir de intermediarios para los
pagos. En relación con ello, los bancos convierten el capital monetario inactivo en activo, esto es, que rinde beneficio; reúnen toda clase de ingresos metálicos y los ponen a disposición de la clase de los capitalistas.



A medida que van desarrollándose los bancos y que va acentuándose su concentración en un número
reducido de establecimientos, de modestos intermediarios que eran antes, se convierten en monopolistas omnipotentes que disponen de casi todo el capital monetario de todos los capitalistas y pequeños patronos, así como de la mayor parte de los medios de producción y de las fuentes de materias primas de uno o de varios países. Esta transformación de los numerosos y modestos intermediarios en un puñado de monopolistas constituye uno de los procesos fundamentales de la transformación del capitalismo en imperialismo capitalista, y por esto debemos detenernos, en primer término, en la concentración de los bancos.

Es evidente que un banco que se halla al frente de un grupo tal y que se pone de acuerdo con media
docena de otros, casi tan importantes como él, para operaciones financieras singularmente grandes y lucrativas, tales como, por ejemplo, los empréstitos de Estado, ha superado ya el papel de "intermediario" y se ha convertido en la alianza de un puñado de monopolistas. (…)


Al llevar una cuenta corriente para varios capitalistas, el banco, al parecer, realiza una operación
puramente técnica, únicamente auxiliar. Pero cuando esta operación crece en proporciones gigantescas, resulta que un puñado de monopolistas subordina las operaciones comerciales e industriales de toda la sociedad capitalista, obteniendo la posibilidad –por medio de sus relaciones bancarias, de las cuentas corrientes y otras operaciones financieras–, primero, de enterarse con exactitud del estado de los negocios de los distintos capitalistas, y, después, de controlarlos, de ejercer influencia sobre ellos mediante la ampliación o la restricción del crédito, facilitándolo o dificultándolo y, finalmente, de determinar enteramente su destino, de determinar su rentabilidad, de privarles de capital o de permitirles acrecentarlo rápidamente y en proporciones inmensas, etc. (…) el resultado es una dependencia cada día más completa del capitalista industrial con respecto al
banco.

Paralelamente se desarrolla, por decirlo así, la unión personal de los bancos con las más grandes
empresas industriales y comerciales, la fusión de los unos y de las otras por la posesión de las acciones, la entrada de los directores de los bancos en los consejos de vigilancia (o administración) de las empresas industriales y comerciales, y viceversa. (…)
La “unión personal” de los bancos y las industrias se completa con la “unión personal” de ambas
con el gobierno. “Los puestos en los consejos de administración –escribe Jeidels- son confiados
voluntariamente a personalidades de renombre, así como a antiguos funcionarios del Estado, los cuales pueden proporcionar no pocas facilidades (¡!) en las relaciones con las autoridades… En el consejo de administración de un banco importante hallamos generalmente a un miembro del parlamento o del ayuntamiento de Berlín”. (…)

En resumen, el siglo XX señala el punto de viraje del viejo al nuevo capitalismo, de la dominación
del capital en general a la dominación del capital financiero.




III.- EL CAPITAL FINANCIERO Y LA OLIGARQUÍA FINANCIERA.

“Una parte cada día mayor del capital industrial no pertenece a los industriales que lo utilizan. Pueden disponer del capital únicamente por mediación del banco, que representa, con respecto a ellos, al propietario de dicho capital. Por otra parte, el banco también se ve obligado a colocar en la industria una parte cada vez más grande de su capital. Gracias a esto, se convierte, en proporciones crecientes, en capitalista industrial.



Este capital bancario, por consiguiente, capital en forma de dinero, que por este procedimiento se trueca de hecho en capital industrial, es lo que llamo capital financiero. El capital financiero es el capital que se halla a disposición de los bancos y que es utilizado por los industriales”. (Hilferding, El capital financiero).
Esta definición no es completa, por cuanto no se indica en ella uno de los hechos más importantes, a
saber: el aumento de la concentración de la producción y del capital en un grado tan elevado, que conduce y ha conducido al monopolio.

Concentración de la producción; monopolios que se derivan de la misma; fusión o ensambladura
de los bancos con la industria: he aquí la historia de la aparición del capital financiero y el contenido de dicho concepto.

La experiencia demuestra que basta con poseer el 40% de las acciones para disponer de los negocios de una sociedad anónima, pues cierta parte de los pequeños accionistas dispersos no tienen en la práctica ninguna posibilidad de tomar parte en las asambleas generales, etc.

El capital financiero, concentrado en un puño y que goza del monopolio efectivo, obtiene un
beneficio enorme, que se acrecienta sin cesar, de la constitución de sociedades, de la emisión de valores, de los empréstitos del Estado, etc., consolidando la dominación de la oligarquía financiera, imponiendo a toda la sociedad los tributos en provecho de los monopolistas.

Si durante los períodos de auge industrial los beneficios del capital financiero son inconmensurables,
durante los períodos de decadencia se arruinan las pequeñas empresas y las empresas inconsistentes, mientras que los grandes bancos "participan" en la adquisición de las mismas a bajo precio o en su "saneamiento" y "reorganización" lucrativos.

El monopolio, una vez que está constituido y maneja miles de millones, penetra de un modo
absolutamente inevitable en todos los aspectos de la vida social, independientemente del régimen político y de otras "particularidades" (…) ¿Qué se puede decir de la incorruptibilidad del funcionario de Estado cuya secreta aspiración es a un cómodo puesto en la Behrenstrasse?" (Calle de Berlín en la que se ubica la sede central del Banco Alemán).

Una característica del capitalismo en general es que la titularidad del capital se halla separada de
la aplicación del capital a la producción; que el capital financiero está separado del capital industrial o productivo, y que el rentista que vive enteramente del ingreso obtenido del capital financiero está aislado del empresario y de todos aquellos que se encuentran directamente involucrados en la administración del capital. 

El imperialismo, o el dominio del capital financiero, es aquella fase superior del capitalismo en la cual esta segregación alcanza grandes proporciones. La supremacía del capital financiero por sobre todas las otras formas de capital significa el predominio del rentista y de la oligarquía financiera; significa la separación de un pequeño número de Estados financieramente "poderosos" de todo el resto, se destacan en nítido relieve los cuatro países más ricos (…). De estos cuatro países, dos, Inglaterra y Francia, son los países capitalistas más antiguos y, como veremos, poseen la mayoría de las colonias. Los otros dos, los Estados Unidos y Alemania, son países capitalistas líderes en lo que respecta a rapidez de desarrollo y grado de extensión de monopolios capitalistas en la industria. En conjunto, estos cuatro países poseen 479.000 millones de francos, esto es, cerca del 80% del capital financiero mundial. De un modo o de otro, prácticamente todo el resto del mundo es más o menos deudor y tributario de estos países banqueros internacionales que constituyen los cuatro "pilares" del capital financiero mundial.
Es particularmente importante examinar el papel que juega la exportación de capital en la creación de la red internacional de dependencia y las conexiones del capital financiero.



SÍNTESIS Y EJEMPLOS ACTUALES SOBRE EL SEGUNDO RASGO DEL IMPERIALISMO:


2ª).- Lo característico del capitalismo monopolista es la formación del capital financiero y de las
oligarquías financieras y su dominio sobre el capital en general y el resto de clases burguesas.
· Los bancos se convierten de modestos intermediarios en monopolistas omnipotentes.
· El capital financiero es fruto de la fusión del capital bancario con el capital industrial.
· Fusión que conlleva la “unión personal” entre banqueros y grandes industriales.
·
Y que a su vez se completa con la unión personal de ambos con el Estado y el gobierno, que deja de
ser “el consejo de administración de los intereses de la burguesía” para estar controlado en exclusiva
por las oligarquías financieras.

Es a través de la exportación de ingentes cantidades de capital por la banca alemana – acumulados
gracias a las relaciones de intercambio desigual establecidas en el seno de la UE– como Berlín ha conseguido dotarse de mecanismos de intervención y saqueo sobre los países del sur de Europa. Entre 2000 y 2008, la banca alemana prestó a los bancos y grandes empresas españolas más de 700.000 millones de euros. Esta enorme deuda se ha convertido en un mecanismo de extorsión financiera por arte del gran capital germano. Como afirmó un alto ejecutivo de un gran banco alemán: “Los españoles no sólo compran nuestros coches, sino que además les prestamos el dinero para comprarlos”. Negocio redondo, le faltó decir.

El primer paso consiste en la concentración de los bancos: Hace sólo tres décadas, en España existían
más de 300 entidades financieras (bancos y cajas de ahorro). En la actualidad han quedado reducidas a menos de 20. Y tras el último asalto al sistema financiero español, el ministro de Guindos, Botín y Francisco González anunciaron que en el curso de unos pocos años deben quedar reducidos a 6 o 7.
Los 10 mayores bancos españoles concentran ya hoy un volumen de activos de más de 3 billones de euros, es decir la suma de todo el PIB de España durante tres años y el equivalente, aproximadamente, al PIB anual de Alemania. Tienen el poder económico total de nuestra economía, todo pasa por sus manos.

Es evidente que una concentración tal fuerza, como dice Lenin, la “centralización de todos los capitales e ingresos monetarios, convirtiendo a millares y millares de explotaciones dispersas en una explotación capitalista única, subordinando a un centro único de un número cada día mayor de unidades económicas que antes eran relativamente independientes”.

Son los bancos quienes han decidido la quiebra de las grandes constructoras e inmobiliarias (Martinsa, Reya Urbis, Colonial,...) al negarse a refinanciar sus préstamos. Por contra, mantienen vivos a grandes medios de comunicación que son auténticos “zombies empresariales” como PRISA (editora de El País), o Vocento (editora de ABC), pese a mantener unas deudas incobrables que les refinancian año tras año.




sábado, 29 de abril de 2017

Este1 de mayo...





El mundo ha entrado en un periodo de cambios acelerados con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos.
 










Las acciones militares de las últimas semanas pone de manifiesto que la fuerza militar ocupa un papel central en la imposición de la hegemonía norteamericana. Amenazan la paz mundial.


Para España va a significar más intervención económica, militar y política. El FMI, la UE, la banca y los monopolios quieren más reforma laboral, convertir en estructural lo que han conseguido en estos años de crisis para garantizar así sus superbeneficios. Y además están duplicando el presupuesto militar de España en la OTAN.

En el terreno político asistimos a una nueva explosión de los casos de corrupción puesta al servicio de una “renovación de la clase política” que permita al imperialismo y la oligarquía seguir imponiendo sus intereses. Los que verdaderamente mandan en España quedan fuera del “foco” de la lucha contra la corrupción. Necesitan un nuevo PP, y para eso hay que “depurarlo”. Cada vez tienen más dificultades, más rechazo social, frente a una mayoría que exige un cambio y un gobierno de progreso y regeneración democrática.

Pero tenemos también una batalla que ganar: la de la unidad de la clase obrera, española o extranjera, y de todo el pueblo trabajador de las nacionalidades y regiones de España, para hacer frente a los recortes y defender la redistribución de la riqueza. Tenemos los mismos enemigos de clase y los mismos intereses: luchar contra sus guerras y sus recortes, y contra la superexplotación de los trabajadores. ¡Que no nos dividan!

¡Por la paz mundial frente a las políticas de Trump! ¡Por una España neutral e independiente! ¡No a la OTAN! ¡No a las bases!

¡Por la unidad sindical para hacer frente a la reforma laboral, la precariedad, los bajos salarios y las pensiones de miseria!¡Por la redistribución de la riqueza! ¡Viva el Primero de Mayo! ¡Viva la lucha de la clase obrera!

miércoles, 12 de abril de 2017

Centenario de la Revolución de Octubre

CUANDO EL MUNDO EMPEZÓ A CAMBIAR DE BASE

Lo que ha sucedido en el último siglo en el mundo, y los principales acontecimientos de la actualidad, no pueden comprenderse sin tener en cuenta los efectos de un terremoto histórico, con epicentro en la Rusia de 1.917, y cuyas réplicas siguen hoy sacudiendo el mundo



En la noche del 6 al 7 de noviembre de 1.917 (24 y 25 de octubre según el calendario juliano, vigente entonces en la Rusia ortodoxa) los bolcheviques toman el poder en Moscú. Ese dí­a la revolución comunista deja de ser "un fantasma que recorre Europa" para convertirse en una realidad. Y la consigna anunciada en la Internacional casi un siglo antes -"los nada de hoy todo han de ser"- calificada de utopí­a imposible, es un hecho incuestionable.

En ese momento, el mundo cambió.

Se habían vivido muchas revoluciones, pero siempre habían sido unas clases explotadoras las que desalojaban del poder a otras. Como hizo la burguesía con la aristocracia. Jamás los esclavos o los siervos lo hicieron, ni siquiera llegaron a planteárselo.

Pero en octubre de 1.917 fueron los obreros rusos, y con ellos el conjunto del pueblo, los que se sentaron en el trono. Por primera vez en la historia, los explotados tomaban el poder.

Este acontecimiento sin precedentes solo fue posible porque el proletariado se organizó en su propio partido, los bolcheviques, y enarboló su propia teoría, el marxismo. La burguesía había hecho lo propio para hacer su revolución contra el feudalismo, pero como clase dominante prohibía que el proletariado pudiera imitarlo.

Hoy, justo cien años después, nos dicen que la Revolución de Octubre es “una lección de historia más”, que forma parte de un pasado que ha muerto definitivamente y que nada tiene que ver con el presente.

Por el contrario, todo lo que ha sucedido en el último siglo en el mundo, y los principales acontecimientos de la actualidad, no pueden comprenderse ni explicarse sin tener en cuenta los efectos de un terremoto histórico, con epicentro en la Rusia de 1.917, y cuyas réplicas siguen hoy sacudiendo el mundo.

De febrero a octubre de 1.917. Nueve meses que estremecieron al mundo

… Y una chispa incendió la pradera

Al comenzar 1.917 Rusia continúa viviendo bajo el dominio de la autocracia zarista, y la Iª Guerra Mundial había convertido en un infierno la vida de la inmensa mayoría de la población. Pero al finalizar ese mismo año, se ha convertido en la referencia de la revolución más avanzada, en el ejemplo que todos los pueblos del mundo quieren seguir.

Comprender como en un periodo de tiempo tan breve se produce un cambio de tal magnitud es el propósito de esta primera entrega.

Los meses que van de febrero a octubre de 1.917, desde el triunfo de la revolución burguesa a la victoria de la revolución proletaria, son de una extraordinaria intensidad. Los acontecimientos se atropellan unos a otros. El largo sueño de los explotados por fin va a realizarse.

Nos han presentado que el triunfo de la Revolución de Octubre fue en realidad un “golpe de Estado” obra de una minoría, los bolcheviques, y resultado del “genio táctico” de un hombre, Lenin.

Nosotros queremos reflejar como, durante esos meses, el conjunto del pueblo y el proletariado ruso hizo historia, con mayúsculas. Y con ellos, los bolcheviques y Lenin expresando sus más hondos anhelos y deseos.

Este periodo sintetiza como ningún otro la vida de Lenin. Estos meses nos dan un fiel retrato de su voluntad decidida de hacer la Revolución sin escatimar esfuerzos, sin regatear tareas. Son la constatación de que “nada es imposible bajo los cielos si uno se atreve a escalar las más altas montañas”.

La revolución de Octubre sólo fue posible, una vez dadas las condiciones objetivas, por el sistemático combate desarrollado por Lenin contra las posiciones “conciliadoras” que llegaban al mismo Comité Central del Partido Bolchevique. Y, al mismo tiempo, por empeñarse en hacer realidad la consigna de: “organización, organización, y más organización siempre y en todas partes, en cada distrito, en cada barrio, en cada unidad”.

Porque un solo hombre, o incluso un pequeño grupo de hombres, nada pueden hacer, por muy justa que sea su linea, sin la participación activa del conjunto del pueblo, sin su organización y movilización.

En 1.914 estalla la Iª Guerra Mundial. El imperio ruso, encabezado por una autocracia zarista odiosa para la población y que es un residuo anacrónico en pleno siglo XX, participa aliándose con Francia e Inglaterra.

Como en muchos otros países europeos, los socialdemócratas rusos, los “mencheviques” encabezados por Kerenski, se pasan con armas y bagajes al campo del imperialismo. Votan los presupuestos de guerra, y colaboran con el Estado zarista y la burguesía en crear un amplio clima de opinión “chauvinista” entre el pueblo dirigido a presentar la guerra de rapiña imperialista como una guerra “en defensa de la patria”.

Los bolcheviques encabezarán en solitario la oposición a la guerra, bajo la consigna de “convertir la guerra imperialista en guerra revolucionaria”. Llamando a los soldados a que confraternicen en el frente con los soldados alemanes y vuelvan sus fusiles para derrocar a la autocracia zarista.

Durante los tres años transcurridos entre 1.914 y 1.917, los bolcheviques impulsarán una frenética carrera de propaganda y organización, entre el pueblo ruso, entre los soldados... En las peores condiciones posibles, donde en ocasiones los agitadores bolcheviques son perseguidos y apedreados en sus mítines contra la guerra.

La revolución de febrero

Después de 3 años de padecimientos y miseria provocados por la guerra, comienzan en San Petersburgo grandes demostraciones populares que reclaman ‘pan y paz’.

El 18 de febrero se declaran en huelga los obreros de la fábrica Putilov, una de las fundiciones de acero mayores del mundo. 4 días después se les unen los del resto de grandes fábricas de San Petersburgo. 24 horas más tarde (8 de marzo para el calendario occidental, Día de la Mujer trabajadora) miles de mujeres salen a la calle contra el hambre, la guerra y el zarismo. A las 48 horas eran ya 200.000 los obreros en huelga y el movimiento revolucionario se había extendido a toda la ciudad. El 26 de febrero, las huelgas y manifestaciones se convierten en una insurrección obrera y popular que termina en una matanza a manos de la policía zarista.

Es el principio del fin. Ese mismo día, los soldados de la guarnición de San Petersburgo abren fuego, pero no contra los obreros, sino contra la policía zarista. Al día siguiente, las tropas de la capital anuncian que se niegan a disparar contra los obreros y se pasan a su lado, levantándose en armas y deteniendo a ministros y generales zaristas. Cuando la noticia del triunfo revolucionario en la capital llega al resto de grandes ciudades rusas, obreros y soldados empiezan a derribar a los representantes de la autocracia zarista. Cae el zar, la revolución democrática ha triunfado.

Al igual que en 1905, se forman rápidamente los Soviets de diputados obreros –a los que en esta ocasión se suman los soldados (un 40% de los obreros industriales estaban movilizados en el frente)–, que se convierten inmediatamente no sólo en el punto de referencia político y organizativo de las masas movilizadas, sino en auténticos órganos de la insurrección armada y, al mismo tiempo, en el germen del nuevo poder revolucionario.

Pese a que la Revolución de Febrero es realizada esencialmente por los obreros y los soldados revolucionarios, la correlación de fuerzas en los Soviets favorable a socialdemócratas y social-revolucionarios da lugar a un gobierno burgués (“de la burguesía y de los terratenientes aburguesados”, como lo llamará Lenin), que asume la forma de gobierno de coalición. La burguesía y el imperialismo incluyen en el gobierno oficial (dispuesto a continuar la guerra) a la socialdemocracia de Kerenski, en un intento de darle un “barniz socialista” y tratar de obtener así una base social de apoyo entre las masas. En palabras del embajador inglés “la socialdemocracia es la última y casi la única esperanza de salvación para nosotros”.

En febrero de 1.917 la rebelión del pueblo ruso ha echado abajo el zarismo. Pero la revolución burguesa es incapaz de satisfacer las principales demandas de la población. Un callejón sin salida que solo se resolverá en octubre, con la revolución proletaria.

jueves, 6 de abril de 2017

¿La novedad de las “puertas giratorias”?




Lenin nos muestra cómo el capital financiero es la fusión de un puñado de grandes bancos con el capital industrial.





Pero esta fusión conlleva también la “unión personal” de grandes banqueros y grandes industriales, desde el intercambio de directivos, la participación simultánea en los distintos consejos de administración o las “uniones familiares”.


Hasta tal punto se produce este intercambio de acciones cruzadas, directivos y consejeros comunes entre los grandes grupos monopolistas que el gobierno Zapatero sacó una ley en octubre de 2007, gracias a la cual está permitido legalmente ocultar las participaciones que los grandes bancos y empresas poseen en muchos otros.

Esta unión de banqueros y grandes industriales se completa con la unión personal de ambos con el gobierno.

En el actual gabinete del PP, Cristóbal Montoro trabajó para la CEOE. Luis Ángel Rojo pasó del Banco de España al Santander. Luis de Guindos, viene de Lheman Brothers, el banco norteamericano que con su caída desató la actual crisis ...

José María Aznar dejó el mullido sillón del Consejo de Estado por la llamada del magnate Rupert

Murdoch para integrarse en el consejo de administración del gigante mediático editor deThe Wall Street Journal y The Times y propietario de cadenas de televisión como CNBC, Sky News y Fox, entre otras. También formó parte del comité asesor del fondo de inversión Centaurus, de la financiera norteamericana Doheny Global Group, de la inmobiliaria estadounidense JER Partners. De 2011 a 2014 estuvo en el consejo de administración de la española Endesa (por 300 mil euros anuales), compañía privatizada durante su mandato. Ha actuado como intermediario, en los acuerdos de Abengoa con la Libia de Gadafi. Es miembro o consejero de varias grandes empresas, bufetes jurídicos o consultoras de alcance global. Es una incógnita el importe de su nómina en todos los puestos que ocupa, salvo en algún caso cuyo cargo es meramente honorario.

Felipe González, no llegó a entrar en el Consejo de Estado, fue directivo durante 4 años y medio de Gas Natural Fenosa. José Luis Rodríguez Zapatero optó por el mismo camino de abandonar el Consejo de Estado para presidir el consejo asesor del alemán Institute for Cultural Diplomacy.

Pero esta no es una característica de la “corrupta España”, por el contrario, este es el pan de cada día en el capitalismo monopolista.

El actual presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue un alto directivo del banco de inversión norteamericano Goldman Sachs, el mismo que ayudó al gobierno griego a falsear sus cuentas para poder entrar en el euro. Durao Barroso, expresidente de Portugal primero y de la Comisión Europea después, ahora es Chairman del mismo banco, Goldman Sachs.

En EEUU, la relación viene de lejos.

“si nos remontamos a los principios de la dinastía de los Rockefeller, podremos comprobar que, ya en la época de su fundador, la Standard Oil contó para su expansión exterior con la estrecha colaboración de las instituciones políticas estadounidenses. El propio John D. Rockefeller anotaría en su libro autobiográfico que "una de las entidades que más nos ha ayudado ha sido el Departamento de Estado", aunque se le olvidara añadir que, para hacer más grata esa ayuda, muchos de los embajadores y cónsules norteamericanos figuraban en la nómina de la Standard, percibiendo a cambio de sus servicios las oportunas compensaciones económicas”. Cabe anotar, que el departamento de Estado norteamericano es lo equivalente a nuestro ministerio de asuntos exteriores.

La Administración Bush es uno de los ejemplos más claros: Dick Cheney, el vicepresidente, era directivo de Halliburton, del City Group. Condoleezza Rice, secretaria de estado, había sido previamente alta directiva de la petrolera Chevron, participada a su vez por el City Group. Rumsfeld, secretario de defensa, es directivo y accionista de empresas de biotecnología, a su vez relacionadas con el City Group.

Kissinger, el incombustible secretario de Estado de varios presidentes, está formado en los foros en
instituciones de la Fundación Rockefeller, lo mismo que Brzezinski y muchos más.

La Bayer cuenta con 400 ex altos cargos de su empresa que son diputados del Parlamento nacional alemán o de los landers. Los reúne cada mes para establecer estrategias.

La lista resulta interminable, porque ésta es una de las características del capital financiero: la unión
personal, un viejo concepto que ahora aparece como novedad en las llamadas “puertas giratorias”.

La realidad es que en la época del Imperialismo, el Estado pasa a estar en manos de las oligarquías
financieras, poniéndose al completo servicio de sus intereses. Por un lado seguirá siendo el árbitro de sus intereses impidiendo que un pequeño sector se haga con todo el poder, fruto de la concentración económica, estableciendo leyes que lo impidan y garantizando la competencia entre ellos, mecanismo necesario para conquistar nuevos mercados. Por otro seguirá siendo el instrumento para imponer al conjunto de clases las condiciones y medidas que le interesen, y será también el imprescindible instrumento para defender los intereses de sus monopolios en el exterior, poniendo a su servicio los medios necesarios para ejercer el control político, el chantaje económico y la amenaza militar.

lunes, 3 de abril de 2017

El feminismo socialista, Aleksandra Kollontái (1872-1952)



La historia de Aleksandra Kolontái es la historia del feminismo socialista y de la revolución rusa protagonizada por las mujeres.
 


Durante un breve periodo de tiempo Aleksandra soñó con un mundo utópico en el que las mujeres se liberaran de lo que ella consideraba sus principales ataduras sociales: la familia, la sexualidad y la maternidad. A pesar de que sus logros no se prolongaron en el tiempo, su vida fue sin duda excepcional y dejó una importante huella en el feminismo europeo de principios del siglo XX.


Una aristócrata rebelde
Aleksandra Mijáilovna Kollontái nació el 31 de marzo de 1872 en el San Petersburgo de los zares, en el final de la esplendorosa época de la Rusia Imperial. Pertenecía a una familia aristocrática rusa de origen ucraniano que anclaba sus raíces más allá del siglo XIII. Su padre, Mikhail Alekseevich Domontovich, era un general al servicio del zar, y su madre, Alexandra Androvna Masalina-Mravinskaia provenía de una familia de campesinos finlandeses que había hecho una gran fortuna en la industria maderera.


Aleksandra estuvo siempre muy unida a su padre, quien inculcó en la joven el interés por la historia y la política desde una óptica liberal. Con su madre tendría algún que otro conflicto, sobre todo cuando mostró interés por continuar sus estudios, algo que para su madre, no era apto ni necesario para una mujer.


La infancia de Aleksandra fue una infancia feliz gracias a la situación acomodada de su familia. A los 19 conoció al que sería su marido, Vladimir Ludvigovich Kollontai. Este no sería del agrado de su madre, pues era un joven estudiante de ingeniería de origen modesto. El enfrentamiento con su madre no serviría de mucho al futuro de la pareja pues Aleksandra, tras afiliarse en 1896 al partido socialista abandonó a su marido y su hijo para estudiar en Zúrich, centro neurálgico de las jóvenes estudiosas afines a las ideas socialistas. En 1899 se afiliaba al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso iniciando a partir de entonces una carrera trepidante hasta formar parte activa en la revolución bolchevique de 1917.


A la sombra de Lenin

Después de convertirse en la primera mujer elegida por el Comité Central del Partido Bolchevique ese mismo año de 1917, Aleksandra Kollontai se sumergió en la dirección de la Organización de Mujeres Soviéticas conocida como Zhenodtel en 1920 gracias a su nombramiento por parte de Lenin.


Siguiendo las ideas marxistas que situaban a la familia burguesa en el centro de unas estructuras sociales opresivas e inmorales propias del capitalismos, Aleksandra definió su política social y feminista alejada de la estructura familiar. Para ella, como para muchos socialistas, era necesario eliminar el concepto de la familia patriarcal opresora y trasladar la responsabilidad de los hijos y el hogar a la sociedad. Para ello, Lenin y Kollontai imaginaron una red de instituciones como casas-cuna y guarderías, restaurantes y lavanderías públicos, que liberaran a las mujeres de las tareas del cuidado de los niños y de la casa1.


Durante los primeros años de la revolución rusa, la directora de la Zhenodtel promulgó varias leyes que liberarían a las mujeres a través de sus ideas socialistas. Le dio al matrimonio un carácter civil e igualitario entre cónyuges, facilitó el acceso al divorcio por ambas partes y consiguió la protección estatal a madres e hijos a la vez que hizo gratuita la asistencia maternal en los hospitales.


Los sueños utópicos

A pesar de la Aleksandra Kollontai consiguió avanzar en buena medida en la liberación de las mujeres rusas, dos fueron sus puntos débiles. Por un lado, toda su obra política estaba demasiado ligada a la figura de Lenin quien, en el momento en que dejó de darle su apoyo destituyéndola de la dirección de la Zhenodtel, hizo decaer su influencia política. La destitución vino provocada en buena medida por uno de los puntos del programa ideológico de Kollontai: además de defender la liberación de la mujer alejándola del hogar y de la maternidad, la liberación sexual debía ser el siguiente paso. Pero sus ideas demasiado modernas para su tiempo fueron rechazadas no sólo por Lenin, sino también por muchas mujeres socialistas con unas ideas tradicionalistas demasiado arraigadas.


Por otro lado, su intención de sustituir a la familia por un estado socialista que se hiciera cargo de los roles domésticos, tampoco dio sus frutos. La guerra civil que devastó Rusia tras la revolución bolchevique, trayendo hambre, muerte y desolación, hizo que los que sobrevivieron se aferraran a las instituciones tradicionales, entre ellas la familia.


Así, en 1922, la voz de Aleksandra Kollontai perdió fuerza. Lenin la relegó de su cargo y le asignó tareas diplomáticas. Sin saberlo, Aleksandra se convertiría en la primera mujer embajadora del mundo.


Durante más de 20 años, la gran defensora del socialismo feminista transmitió sus ideas por Europa y Estados Unidos. Mientras Aleksandra defendía con orgullo y profundo convencimiento sus ideas por medio mundo, en la nueva Unión Soviética, Stalin revocaba parte de las leyes que ella había promulgado en defensa de los derechos de la mujer.


Un gran número de artículos y discursos así como varios libros y su propia autobiografía dejaron por escrito sus ideas, sentando las bases del movimiento feminista socialista.


Aleksandra Kollontai moría el 9 de marzo de 1952 en Moscú. Tenía 79 años.