lunes, 6 de enero de 2014

El principal reto de 2014


Frenar a la troika y poner fin al saqueo 









Los dos últimos presidentes de gobierno, Rajoy y Zapatero, han sido cortados por el mismo patrón: el del sometimiento y la sumisión a los dictados de Washington y Berlín. Zapatero no dudó en cumplir en 2010 las órdenes de Obama y Merkel, a sabiendas de que implicaban draconianos recortes durante años, ahora Rajoy cierra 2013 diciendo que “hicimos lo que teníamos que hacer”, o sea acatar los dictados de la troika y sus hombres de negro.

Según Rajoy “2014 será el año de la recuperación económica”. Desde hace semanas Rajoy y sus ministros se afanan por hacernos creer que “lo peor ya ha pasado” y ahora “toca crecer”, como si el empleo y el crecimiento económico fueran a brotar enseguida.

Y todo eso al mismo tiempo que han aprobado la rebaja del poder adquisitivo de las pensiones, la rebaja del salario mínimo y una nueva oleada de recortes salariales, nuevas subidas de la luz y de los servicios básicos, unos Presupuestos Generales del Estado cargados de recortes sociales en Educación, Sanidad, Dependencia…

¿Así es como pretenden convencernos de que

 “2014 será el año de la recuperación”?

¿Para quiénes ha pasado lo peor? 

¿Quiénes son los que crecerán este año? 

Desde luego que no serán los pensionistas, los casi 6 millones de parados, ni los millones de trabajadores precarios con sueldos mínimos “ni mileuristas”; tampoco los jóvenes empujados al exilio económico, ni las familias y pymes sin crédito…

"No es recuperación, es más saqueo"

Serán los mismos –un puñado de banqueros y monopolistas españoles y extranjeros- que desde el inicio de la crisis han seguido concentrando rentas y riqueza. La banca rescatada con cientos de miles de millones de dinero público. Los grandes grupos monopolistas como Telefónica, las eléctricas, petroleras, gaseras y demás monopolios de servicios públicos con sus tarifas siempre creciendo. Las multinacionales y fondos de inversión extranjeros que se están quedando con las mejores empresas del país. El gobierno de Rajoy ha dado un paso más imponiendo nuevas reglas del juego para una salida ala crisis en beneficio de este puñado de oligarcas, banqueros y multinacionales extranjeras.

Esta es la “recuperación” según Rajoy. Una salida de la crisis en beneficio de una minoría de banqueros y grandes capitalistas, principalmente extranjeros, a costa del empobrecimiento general de la población, salarios bajos y recortes sociales. Salida que incluye un “recorte preventivo” de las libertades para hacer frente a la creciente rebelión social contra el saqueo, con leyes (como la reforma del Código Penal y la de Seguridad Ciudadana) que pretenden controlar los conflictos sociales y reprimir el menor síntoma de respuesta social y política.

Frente a sus proyectos, frenar a la “Troika” e imponer el inicio de otro camino, que ponga fin al saqueo del 90% de la población se ha convertido en el principal reto de 2014. Sólo si somos capaces de articular un frente amplio de unidad que frene los planes de la “Troika” e inicie el camino de la redistribución de la riqueza estaremos cambiando el destino de superexplotación que han diseñado para nosotros, la inmensa mayoría de la población. No sólo merece la pena, es el único camino que nos queda.

Lo que su “recuperación” esconde No es recuperación, es más saqueo. 

La supuesta recuperación de la economía española y los “brotes verdes” para el próximo año 2014 esconden la auténtica realidad de lo que está pasando y el futuro que nos preparan.

Pensiones. En 2014 las pensiones perderán poder adquisitivo. El gobierno sólo incrementará en un 0,25% frente a una subida del IPC previsto en 2014 del 1,3%. O lo que es lo mismo, los pensionistas verán sus pensiones reales recortadas como mínimo un 1,05%, lo que perderán de poder adquisitivo.

"Una salida de la crisis en beneficio de una minoría de banqueros y grandes capitalistas" 

Paro. Los parados en las listas del INEM no bajan por encontrar empleo, sino porque han dejado de buscar empleo o se han exiliado del país. Pero sobre todo estamos asistiendo a una precarización salvaje, más del 92% de los contratos que se firman son temporales y de ellos más de medio millón dura menos de un mes. España es, según Eurostat, el segundo país de la UE que más empleo está destruyendo.

Seguridad Social. La SS lejos de ir bien, acumula un déficit cada vez mayor, cerrará el año con un 1,8% de déficit sobre el PIB, 18.000 millones de euros, 300.000 cotizantes menos en el último año.

Deuda. Dice Rajoy que gracias a sus políticas “nos hemos ahorrado 8.000 millones de euros en intereses”. ¡Una falacia de tamaño descomunal! La realidad es otra. La deuda pública no ha parado de aumentar bajo su mandato, aumenta 10.000 millones de euros al mes. Ha pasado de representar el 84,2% del PIB a final de 2012 al 93,4% en el tercer trimestre de 2013. Acabaremos el año endeudados en casi 1 billón de euros y camina peligrosamente hacia la insolvencia. Salarios. Con la congelación del Salario Mínimo y el Indicador Público de Rentas (IPREM), han abierto la veda para una nueva rebabaza general de los salarios y un recorte de todo tipo de prestaciones sociales, a los parados, becas, ayudas a la dependencia, a la vivienda o la renta de reinserción. Inversión extranjera. Los fondos de inversión de capital riesgo no vienen a invertir en la economía productiva, sino a comprar a precio de saldo las empresas más rentables del país (Pescanova, Panrico o los Astilleros) y llevarse los dividendos fuera del país. Motores gripados. Los que deberían ser los motores internos de la economía están gripados. El consumo de los hogares sigue bajando.

El recorte del poder adquisitivo de los salarios lastra la actividad económica interna, el número de trabajadores cubiertos por convenios salariales ha caído un 60% respecto al año 2012.

Los índices de producción siguen en caída libre: el comercio al por menor, la producción industrial, el indicador de negocios, que augura la continuidad de los cierres masivos de empresas de autónomos y pymes.

Crédito y Reforma bancaria. El “rescate financiero” ha servido a la banca pero no para mejorar el crédito. Al contrario, las pymes y las familias han sufrido el último año la mayor caída del crédito de la historia. Exportaciones. Al repunte de la primavera ha seguido una ralentización. Nuestra “competitividad”, basada en los bajos salarios y una brutal destrucción de empleo, se la come la apreciación del euro frente al dólar y las monedas emergentes impuesta por Berlín. De los “brotes verdes” al “triunfalismo de Rajoy”

El “triunfalismo” de Rajoy a la hora de presentar la situación y lo que nos espera en 2014, es una nueva reedición de los “brotes verdes” de Zapatero.

Bajo sus declaraciones se oculta un saqueo acelerado de los recursos del país y al 90% de la población, un cambio de las reglas del juego, económicas –basadas en la degradación del país, la precarización y el empobrecimiento de amplias capas de la población- y políticas preventivas, para tratar de controlar con nuevas leyes de restricción de las libertades (reforma del Código Penal, ley de Seguridad Ciudadana o la Ley de Seguridad Privada) la rebelión social y política.

Frenar los planes de la “Troika” en España es el centro de los retos que tenemos planteados para 2014. Sólo así será posible iniciar un camino de recuperación y salida a la crisis favorable a la inmensa mayoría de la población basada en la creación de riqueza y empleo.

viernes, 3 de enero de 2014

Alli estaremos




ESPAÑA: PRESA FÁCIL PARA LOS FONDOS BUITRE


"España está de moda". 

"El miedo se ha esfumado".

        "Hay ganas de invertir en España". 



Estas son algunas de las frases que se han repetido en las tertulias económicas y en los despachos financieros desde el pasado verano.
Fue entonces cuando los inversores internacionales que llevaban años dando la espalda al país como si se tratara de la peste, cambiaron de perspectiva. La convicción de que el euro no se rompía fue la clave para ver que España ya no era un apestado sino un enfermo agonizante sin demasiadas fuerzas para negociar. Gracias a esa debilidad financiera y a un pequeño/gran impulso legislativo pergeñado por el Ministerio de Economía, los llamados fondos buitre consiguieron cerrar en el último trimestre de 2013 operaciones sobre las que llevaban años planeando.
Las entidades financieras tiraron la toalla y aceptaron vender desde carteras de créditos fallidos a divisiones inmobiliarias a precios que unos meses antes apenas aceptaban ni escuchar.
Al albur de estas operaciones, otros inversores internacionales pusieron su foco en España y las empresas de capital riesgo también protagonizaron algunas sonoras compras. La recuperación económica en la que algunos expertos apuntan que ha entrado España no va cambiar demasiado esta situación.

"2014 va a ser un año excelente", aseguran fuentes del sector. En otras palabras, eso significa que España seguirá siendo un país de gangas para las inversores internacionales. 

Y el principal motivo de esos chollos es la falta de competencia o, lo que es lo mismo, la escasez de crédito bancario. La imposibilidad de obtener préstamos o líneas de liquidez a través de bancos españoles está dejando a las empresas en manos del capital extranjero.

Las más fuertes se pueden permitir buscar crédito fuera del país. Una actividad que, según los últimos datos del Banco de España, está en máximos históricos, ya que los créditos solicitados en el extranjero suponen más del 33% del total en 2013, frente al 23,8% que representaban antes de la crisis. Pero son pocas las empresas con capacidad para pedir un crédito en el extranjero.
Así que la única forma de obtener capital es negociar con los fondos internacionales interesados en España. La negociación está muy lejos ser igualitaria. Quienes mejor lo saben son las empresas del sector inmobiliario y aquellas que están en concurso de acreedores, los dos campos donde los fondos buitre esperan darse un buen banquete en 2014.
Las primeras han pasado de ser un sector apestado del que nadie quería ni oír hablar a recibir continuas llamadas de estos inversores oportunistas.

"Sus ofertas valoran los activos inmobiliarios a precios de derribo, pero es eso o nada y ellos lo saben. Así que muchas aceptaremos negociar en los próximos meses. No hay alternativa", apuntan desde una promotora.

Aun así se considera afortunada ya que puede vender aquello que interesa: locales comerciales, oficinas, centros comerciales y hoteles.

"Lo que es exclusivamente residencial todavía no interesa ni a los fondos más arriesgados"

asegura Eduard Saura, director de la compañía de capital riesgo Accuracy Spain. El margen de negociación también es mínimo para las empresas super endeudadas. Hay casos muy sonados como Pescanova, en concurso de acreedores desde abril de 2013. Los compradores interesados, como los fondos buitre KKR y Ergon Capital asociados a la cervecera Damm, están presionando para conseguir descuentos de hasta el 95%, según ha publicado la prensa gallega.
En los últimos cinco años más de 40.000 empresas presentaron concurso de acreedores. Si atendemos a la evidencia estadística, la mayoría acabará cerrando, porque no interesan por ser demasiado pequeñas o estar en sectores poco atractivos.
Otras de nombres tan conocidos como Fagor, Flex, Pikolín, Scalextric, Blanco, Caramelo, Alfa, Cacaolat, o yogures Clesa, entre otros muchos, es probable que estén sometidas a lo largo de 2014 a la presión negociadora de los fondos buitre, sin posibilidad de obtener capital por ningún otro lado y expuestas a las duras políticas de gestión financiera y de personal que imponen estas empresas, en línea con lo que le está sucediendo en estos momentos a Panrico desde que KKR entró en su accionariado. En este campo queda mucho negocio.

"La crisis no ha terminado. El crédito seguirá sin fluir y el número de empresas que tendrá que solicitar concurso de acreedores seguirá siendo muy alto en 2014"

asegura Eduard Saura. El negocio para un fondo internacional en ese momento es redondo ya que en muchos casos los problemas de las empresas son exclusivamente de gestión financiera, no del negocio. Comprar activos sin deudas es casi un regalo, que no les habría llegado si la banca nacional fuera más condescendiente en su gestión de crédito. Para todo lo demás... capital riesgo
En cualquier caso, esos extremos serán cada vez menos posibles. El negocio de los fondos buitre se ha visto parcialmente truncado con la llegada de las empresas internacionales de capital riesgo. Aunque este tipo de compañías no compite con los fondos buitre en las operaciones más extremas como las inmobiliarias, su presencia y su competencia sí están trastocando la presión que los buitre pueden hacer sobre los precios. Así, fondos que se niegan a considerarse buitres como HIG Capital han conseguido cerrar operaciones con la Sareb, con menos descuentos que los que exigían otros más agresivos como Cerberus o Apollo, por ejemplo.
La presencia del capital riesgo internacional, por supuesto, no es nueva en España. Pero sí lo es su necesidad de invertir. Esas compañías tienen un plazo de cinco años para invertir el capital que consiguen de sus socios, y aquellas que lo hicieron cuando la crisis estaba despuntando ya están terminando los plazos. En el sector calculan que al menos habrá alrededor de 30.000 millones de euros dispuestos a comprar ya.

"Los tiempos imponen cierta presión compradora. Aunque todo el mundo sabe que con presión se cometen errores, por eso se están analizando una a una las posibles empresas"

comenta Julio Babecki, director de L CapitalEspaña. El perfil que buscan es: empresa industrial con problemas financieros, sin acceso al crédito bancario y con alto potencial exportador. Por sectores, los más atractivos son el hotelero, la distribución y el transporte logístico.

"España es muy potente en agroalimentación. Hay operadores internacionales, sobre todo franceses y rusos, con mucho interés por tomar posiciones tanto en empresas que apuestan por los productos delicatessen como también por las bodegas"

explica Enrique Quemada, consejero delegado de ONEtoONE.

También se atisban operaciones potentes en el mundo hostelero, de la distribución alimentaria, el transporte logístico y otros como el denominado lujo asequible, la informática o el audiovisual muy tocados por la crisis que puede volver a resultar interesante para las empresas internacionales de cara a posicionarse ante posibles crecimientos en los próximos años.

jueves, 2 de enero de 2014

Por favor, no insulten a la clase trabajadora



Denunciamos la constante discriminación en contra de la clase trabajadora al definírsela como clase media-baja o clase baja.






El movimiento antirracista ha señalado y denunciado el continuo insulto que se reproduce en el lenguaje cotidiano utilizado por la población hacia ciertas razas y grupos étnicos minoritarios. El término “negritos” para definir a personas de raza negra es un ejemplo de ello. Bajo este término se intenta ridiculizar a un colectivo, presentándolo como inmaduro e infantil. Un tanto semejante ocurre con los términos utilizados en nuestras sociedades, dominadas por los hombres, para referirse a las mujeres de forma estereotipada, tal como han documentado autoras de sensibilidad feminista. Las denuncias de las prácticas racistas y machistas que aparecen en el lenguaje han concienciado a la sociedad de la necesidad de que se eviten las palabras ofensivas a esos colectivos sociales, sujetos de abundante discriminación.

Ahora bien, hay una enorme discriminación –promovida por las élites políticas, mediáticas y culturales del país- contra un grupo social que es incluso mayoritario en nuestros países –la clase trabajadora–, que constantemente aparece definida en el lenguaje mediático como clase baja, lo que apenas ha despertado protesta.

Incluso una periodista tan sensible al lenguaje “políticamente correcto” (en cuanto a raza y género) como Soledad Gallego-Díaz, columnista de El País, continúa utilizando el término clase baja para definir lo que es clase trabajadora. En su artículo en la nueva revista económica, Alternativas Económicas, esta autora divide a los españoles en españoles de clase alta, de clase media y de clase baja (“Frenazo al ascensor social”, 12.12.13, nº 9). Su tesis es que el ciudadano medio español (que resulta ser –según ella- una mujer de unos 43 años) está descubriendo que está pasando “de la clase media a la clase baja”. Los datos que utiliza proceden en su mayoría de los estudios del analista, también de El País, José Juan Toharia, que ha presentado datos de la evolución de las clases sociales en España, dividiéndolas en clase alta, clase media-alta, clase media-baja y clase baja. Supongo que pronto van a añadir otra categoría, que van a llamar clase baja-baja o clase bajísima. Esta narrativa aparece también en círculos políticos e intelectuales de izquierdas. Uno de los intelectuales de izquierda más conocidos en España hacía referencia a las clases populares catalanas, compuestas de clases medias y bajas (le tengo demasiada estima para citar su nombre). España (incluyendo Catalunya) no es un país de castas

Esta transformación de la estructura de clases, definiéndola de esta manera, transforma España en un país de castas, como ocurre en ciertos Estados de la India. Y así queda redefinida la clase trabajadora como clase media-baja, clase baja y, pronto, clase bajísima.

Yo no sé como usted, lector o lectora de este artículo, le respondería a un encuestador que le parara por la calle y le preguntara: ¿Es usted de clase baja? Yo tengo que admitirle que probablemente le miraría a la cara y le contestaría “Y su madre también”. No creo que a nadie le agrade ser definido como clase baja y, por lo tanto, se debería protestar porque dicho término se utilice constantemente. Cuando se utilizan tales términos, ¿no se dan cuenta de que están insultando a la clase trabajadora?

Pero es que, además de ofensiva, esta categorización no es científica y no permite analizar las causas del deterioro de las personas estudiadas (para expansión del tema de este artículo ver mi artículo “Ni Estados Unidos ni España son „países de clases medias‟”). Analizar a las personas por el nivel de renta y/o estatus es dramáticamente insuficiente, cuando no erróneo. Tiene mucho más valor definir a María –la supuesta ciudadana promedio española– como una trabajadora de servicios, ayudante de enfermería en un hospital concertado, que está viendo cómo su salario y seguridad laboral se deterioran, que definirla como una persona de clase media yendo a la baja. Definir a la persona por su relación con el mercado de trabajo (por el trabajo que realiza) tiene mucho más valor explicativo analítico que definirla por su nivel de renta o estatus.

De ahí que, dentro de la cultura popular, depositaria de gran conocimiento y realismo, cuando una persona quiere conocer a otra, no le pregunta si pertenece a la clase alta, media o baja. Se le pregunta de qué trabaja, y cuando se lo dice, usted ya sabe mucho sobre aquella persona. Si le dicen que es una ayudante de enfermería, ya puede saber aproximadamente cuánto dinero gana, donde vive, en qué tipo de vivienda, qué coche utiliza, a qué escuela envía a sus hijos, y un largo etcétera. Si usted conoce lo que la persona hace, puede ya imaginarse lo que la persona tiene. Pero no al revés. El nivel de renta de una persona no dice nada o muy poco del origen de tal renta.

En definitiva, la clase trabajadora, que es la que construye este país diariamente, está constantemente discriminada, ofendiendo su dignidad, refiriéndose a ella como clase media, baja o pronto, bajísima. Por favor, ¡no la insulten! Una última observación. Ruego al lector que cuando lea algún artículo utilizando este término para definir a la clase trabajadora, haga algo. Le sugeriría que, al menos, envíe al autor o autora copia de este artículo, aconsejando que lo lea.

por Vicenç Navarro

martes, 31 de diciembre de 2013

El pulso de 2013 y la inflexión de 2014




Si tuviésemos gobiernos decentes pondrían los datos sobre la mesa con transparencia para mostrar que la situación económica va bien o mal y para que asi sacásemos entre todos conclusiones.


Pero no es eso lo que tenemos. 




En 2008, Zapatero ya empezó pidiendo patriotismo frente a quienes, en su opinión, solo se dedicaban a sembrar “alarmismo injustificado” cuando advertían de que estábamos en una crisis profunda. Y desde hace semanas, Rajoy y todos sus ministros se dedican a convencer a la población de que enseguida se comenzará a crear empleo y actividad económica porque la crisis se ha acabado y comienza, gracias a ellos, una nueva senda de crecimiento y bienestar. Los datos, sin embargo, no permiten valorar tan positivamente lo que viene sucediendo.

El Producto Interior Bruto está estancado. Se nos dice que hemos salido de la recesión porque en el tercer trimestre de 2013 se registró un crecimiento del 0,1% respecto al anterior. Pero se trata de un avance tan exiguo que está por debajo de lo que se debería considerar como margen de error y la variación interanual sigue siendo negativa en los tres trimestres de 2013. Además, los motores de la economía siguen perdiendo fuelle. El consumo de los hogares (corregido de efectos estacionales y de calendario) ha bajado de 148.090 millones de euros a finales de 2012 a 147.982 millones a finales del tercer trimestre de 2013 (una caída que es mucho mayor en términos corrientes).

La inversión también ha bajado, de 49.006 millones de euros a 45.932 millones. Han aumentado levemente las exportaciones (en menor cantidad a medida que ha ido avanzando el año porque la demanda de los países europeos se ha deteriorado) y también las importaciones, y la consecuencia de todo ello es que la renta nacional disponible bruta también ha bajado de 263.572 millones de euros a 241.139 millones. El empleo tampoco muestra una evolución que se pueda considerar positiva ni definitivamente mejorada, como también se quiere hacer creer. A finales del tercer trimestre de 2013 había disminuido el número de activos (lo que permite que pueda registrarse una mejora aparente de la tasa de paro) al pasar de 22,92 millones a finales de 2012 a 22,72 millones.

También ha descendido en ese periodo el número de ocupados (de 16,95 millones a 16,82 millones), el de ocupados a tiempo completo (de 14,35 millones a 14,23 millones), el de asalariados con contrato indefinido (de 10,72 millones a 10,4 millones) y el total de asalariados (de 13,92 millones a 13,74 millones).

El número total de parados ha disminuido ligeramente (de 5,96 millones a 5,9 millones) pero han aumentado los parados con más de dos años en esta situación (de 1,92 millones a 2,17 millones). También ha bajado en lo que llevamos de 2013 el índice de comercio al por menor, el índice de producción industrial, la utilización de la capacidad productiva, el indicador de cifra de negocios en la mayoría de las actividades económicas y se prevé que en 2014 siga produciéndose el cierre de un gran número de empresas y un aumento del número de concursos.

La deuda pública, por último no ha dejado de aumentar y ha pasado de representar el 84,2% del PIB a finales de 2012 al 93,4% al terminar el tercer trimestre de 2013. La evaluación general que a mi juicio merecen estos datos y otros de más o menos la misma índole y que seguramente serán confirmados cuando se conozcan los del ejercicio completo podrían resumirse en tres ideas principales. En primer lugar, que es muy aventurado, por no decir que irresponsable y carente de rigor, afirmar que hemos salido de lo peor y que la economía española está ya encaminada hacia la recuperación. Sobre todo, si se tiene en cuenta que en Europa los datos están empeorando y que no puede descartarse un rebrote recesivo en los próximos trimestres.

En segundo lugar, que es cierto que algunos indicadores (como los de destrucción de empleo, entrada de capitales, ciertos gastos de consumo, exportaciones, o incluso el de variación trimestral del PIB) muestran que no se han dado las caídas de momentos anteriores, lo que podría interpretarse como que en 2013 se ha tocado fondo. Pero como eso no va acompañado de muestras significativas y globales de mejoría podrís ser más realista pensar que lo que hemos vivido en el ejercicio que acaba han sido las primeras muestras de una etapa depresiva tras la sacudida de la crisis.

Finalmente, parece también claro que esos síntomas de mejoría que se puedan observar reflejan que se trata de una recuperación solamente relativa a ciertas actividades o grupos de población pero no al conjunto de la economía.

Sin embargo, el hecho de que las cosas no vayan tan bien como dice el gobierno y los banqueros no quiere decir que no estemos en un punto de inflexión muy relevante y que seguramente consolide un notable cambio de situación en 2014. A lo largo de 2013 el gobierno y los grandes grupos de poder han seguido ganando el pulso que echan desde 2010 a la inmensa mayoría de la sociedad española para saldar la crisis a su favor, imponiendo nuevas reglas de juego no solo en el terreno económico sino también en el político y social.

Lo que se está solventando en España no es salir o no de la crisis porque de cualquier crisis se sale tarde o temprano, aunque sea con los pies por delante, sino la situación que va a quedar tras el momento de convulsión. Y lo que hemos podido comprobar claramente a lo largo de 2013 es que la extrema derecha y los grandes grupos económicos y financieros están terminando de imponer su voluntad al resto de la sociedad y, en esa misma medida, han ido ganando confianza. Lo que con toda seguridad está sucediendo, y a expensas de poder comprobarlo cuando se publiquen datos para todo el año y en relación con mayor número de variables, es que los grupos sociales más poderosos y determinantes de la actividad económica se han puesto en movimiento después de bastantes trimestres de atonía.

Por un lado, por puro instinto de supervivencia porque, como decía Joan Robinson, los capitalistas ganan lo que gastan. Por otra, porque han surtido efecto las reformas y medidas gubernamentales orientadas a darles más poder e influencia y eso ha aumentado su beneficio y confianza (el número de trabajadores cubiertos por los convenios registrados han caído casi el 60% con respecto a 2010 y la subida salarial pactada ha sido, en términos reales, el 15% de la del año anterior). Y, finalmente, porque el discurso del gobierno y de los grandes focos de opinión ha logrado convencer a mucha gente de que la situación es mejor y de que se puede acabar ya con el retraimiento y la desconfianza de meses o incluso de años anteriores.

Vivimos así una situación paradójica. La extraordinaria concentración de la renta y la riqueza que existe en España y que se está agudizando en los últimos seis años de crisis constituye un freno estructural al desarrollo de nuestra economía y más concretamente para que salgamos de la crisis con más bienestar y seguridad (entre otras razones,
provoca que el consumo privado se deteriore a pasos de gigante y que se deprima la actividad productiva al reducirse el gasto total). Pero la paradoja consiste en que los grupos de mayor renta y las empresas oligopolistas tienen tanta incidencia en nuestra economía y sociedad que en cuanto han movido pieza han podido dar la impresión de que es toda la economía la que se está transformando. Esos cambios son los que marcan el cambio de tendencia que se produce cuando se está dando paso más abiertamente al nuevo modelo en que esos grupos de poder quieren asentar la economía española.

Un nuevo modelo basado en el gasto de las clases altas, en entradas de capital principalmente vinculadas a una nueva reventa de activos españoles, en la extraversión de la actividad empresarial hacia los mercados extranjeros basada en salarios muy bajos y en una clase trabajadora ya completamente desarmada, y en la mayor eliminación posible de “inútil” gasto público. Esta es la estrategia por la que han apostado claramente y la que les ha dado confianza, pero se trata de una opción suicida porque no resuelve los problemas que han provocado nuestros grandes desequilibrios. La deuda (y no solo la pública sino sobre todo la de las empresas) es ya hoy día materialmente imposible de pagar y va a seguir creciendo hasta acabar con una estrategia incapaz de generar ingresos suficientes para afrontarla. También crecerá la morosidad y la atonía del consumo.

Las empresas y familias van a seguir sin disponer de financiación suficiente y solo nuevas trampas y favores contables y fiscales podrán seguir disimulando la insolvencia generalizada de la banca. Por mucho que se quiera, la economía española no podrá salir adelante por mucho tiempo con el simple motor de un sector exportador del que hoy por hoy solo forma parte el 5% de las empresas y que además se enfrenta a una demanda exterior en declive.

Es una estrategia que equivale a querer salir del hoyo tirándose de los pelos, un imposible, pues no se puede salvar a una economía como la española limitándose a salvaguardar los beneficios (incluso improbables) de unos pocos, de los sectores oligopolistas, y los privilegios de la oligarquía, por muy amplia que sea su dominación política. Precisamente porque son plenamente conscientes de la inestabilidad y frustración que comporta esa vía, los grupos de poder y el gobierno apuestan principalmente por controlar el conflicto y el más mínimo síntoma de respuesta social y política, y ahí es donde va a radicar la clave de año que se avecina.

Si se sigue imponiendo, como hasta ahora, su respuesta a la crisis se irá consolidando la victoria pírrica que conlleva, es decir, la mejoría de los grupos privilegiados y más protegidos que se traducirá en exiguos incrementos de la actividad en algunos sectores acompañados de empobrecimiento general y de una gran atonía en la inmensa mayoría de la vida económica y, por tanto, de gran desempleo y trabajo cada vez más precario y de falta de ingreso. Salvo que la movilización social se imponga y frene la involución económica y política que todo ello conlleva y que solo nos puede llevar a revivir problemas (no solo económicos) de otras etapas de nuestra historia. 2014 es año de elecciones y de rebrotes recesivos en bastantes países europeos y posiblemente también en España. Será en el año que comienza cuando veamos hacia qué lado se resuelve finalmente el pulso que está suponiendo la crisis, aunque nada de lo que ocurra en un sentido u otro estará libre de dificultades y convulsiones.

Juan Torres López Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla