viernes, 22 de enero de 2016

La formación del nuevo gobierno




Una batalla todavía por decidir






1.- No es posible comprender nada de las maniobras ante la formación del nuevo gobierno (sea cual sea la fórmula impuesta y el partido que la encabece) sin partir de cuáles son los objetivos que el hegemonismo y la oligarquía exigen cumplir.
Es lo que plantea explícitamente Enric Juliana en La Vanguardia, como la clave que “permanece ajena al debate político”: “España tiene una cita con Angela Merkel. Una cita con las tijeras. Este dato es fundamental para enmarcar y comprender mejor las maniobras que se van a producir en las próximas semanas -las visibles y las invisibles- de cara a la investidura del presidente”.
¿Cuáles son esos objetivos concretos, plasmados en un “calendario de compromisos internacionales” que el hegemonismo exige al nuevo gobierno?

En el terreno económico, avanzar en el saqueo contra el 90% de la población y en el expolio sobre las principales riquezas nacionales.
-Destacados representantes de la UE han recordado que la ejecución de nuevos recortes sigue siendo una “exigencia innegociable”. Desde el presidente del Eurogrupo al comisario europeo de Asuntos Económicos han lanzado un claro mensaje:  “el presupuesto español para el 2016 incumple las reglas [respecto a los objetivos de reducción del déficit].  El nuevo Gobierno deberá presentar más ajustes”.
Cifrando entre los 8.500 y los 10.000 millones el ajuste que deberá convertirse “en una prioridad para el nuevo gobierno”.
Aunque debe tenerse en cuenta el último informe de la Agencia Reuter (directamente vinculada al gran capital financiero anglonorteamericano), donde se afirma que “en el mejor de los casos una vuelta a la estabilidad política en España tendría en cuenta más políticas de ajuste, pero sólo para 2017”. Es decir, puede modularse el ritmo de la ejecución del “ajuste”, que permitiría la “estabilidad política” necesaria para convertir en estructural el saqueo ya realizado, avanzando “paso a paso” pero sin vuelta atrás posible.
-El cumplimiento del pago de la deuda. En 2016 las necesidades de emisión de deuda -pública y privada- suben a 400.000 millones, un récord histórico. La prima de riesgo, que estaba por debajo de los 100 puntos antes de las elecciones, ha subido a 123, y amenazan con que puede incrementarse en 25 puntos por la “inestabilidad política”.
-La abrupta caída de la bolsa española, el interés por aprobar este año el TTIP o la exigencia de privatizaciones esconde las ambiciones del capital extranjero por hacerse con sectores claves de la economía nacional. Incluso “joyas de la corona” oligárquicas se han convertido en piezas codiciadas (tras FCC y Abengoa ahora monopolios como OHL o ACS y bancos medianos como Popular están en el punto de mira).
-El endurecimiento de la reforma laboral (exigida por la UE o el FMI) y una nueva “reforma de las pensiones” (planteada como una necesidad para garantizar su sostenibilidad) están también en la agenda.

En el terreno militar, blindar el nuevo papel que España ya está jugando en la estructura ´bélica del hegemonismo.
Hace muy pocos días el cuartel general de la OTAN en Bétera asumía el mando de las fuerzas terrestres de despliegue rápido. Y desde el pasado 4 de enero, España lidera la misión de la OTAN de la Policía Aérea del Báltico. España también va a dirigir la Agrupación Naval Permanente de la OTAN, que proyecta una presencia constante y visible en las principales vías marítimas del mundo.

En el terreno político, la quiebra del modelo bipartidista hace impostergable la necesidad de una “reforma política”, a través de una reforma constitucional a la que ya se suma incluso el PP o la Corona. Que “encauce” a cambio de concesiones sociales el avance del viento popular, y fortalezca bajo la apariencia de una “regeneración democrática” los pilares fundamentales del dominio hegemonista y oligárquico.
Estas son las “exigencias” principales del hegemonismo y la oligarquía, que se presentan como “ineludibles” a cualquier futuro gobierno.

2.- La razón de la “inestabilidad política, de las dificultades en la formación del nuevo gobierno y de la movilidad de la situación, donde todas las opciones están encima de la mesa, está en el avance del viento popular plasmado en los resultados del 20-D.
Generando que primera vez desde la transición aparezcan serios problemas para la formación del gobierno que le interesa a la oligarquía, a EEUU o a Alemania.
El hegemonismo y la oligarquía necesitan formar un “gobierno estable” que garantice el cumplimiento del grueso de sus mandatos, especialmente en un país como España, la cuarta economía de la zona euro y que ocupa un enclave estratégico.
Pero las condiciones políticas creadas tras el 20-D actúan en su contra. Mucho más allá del carácter de las fuerzas más votadas o del contenido de sus programas, por encima de Pedro Sánchez, Albert Rivera o Pablo Iglesias, una marea popular de 16,5 millones de votos -un 70% del total, es decir una amplia mayoría absoluta- se pronunció claramente en contra de los recortes que pretenden ejecutar la UE o el FMI.
Esta es la razón de la “inestabilidad política” que vive España y del “rompecabezas” en la formación del nuevo gobierno.

3.- Frente al avance del viento popular contra los recortes, van a multiplicarse las maniobras y presiones del hegemonismo y la oligarquía para imponer un gobierno que garantice el cumplimiento de sus mandatos.
Desde la cúpula del Ibex-35 se ha trasladado al Rey que “la mejor solución es un gran gobierno de coalición entre las dos fuerzas mayoritarias, PP y PSOE, con el apoyo de Ciudadanos”.
El presidente de la Comisión Europea, ha reiterado hasta tres veces durante la última semana el llamamiento a formar “lo antes posible un gobierno estable en España”, emplazándole a que “esté a la altura”, es decir a que cumpla con sus deberes.
Mientras como ha desvelado La Razón y corroborado otros medios,  “la diplomacia estadounidense ha estado en contacto con Zarzuela para analizar el escenario político, que al gobierno centrista y liberal de Obama no le interesaría que virara hacia posturas radicales”.
El último informe del FMI forma parte de estas maniobras. Revisa al alza las previsiones de crecimiento para España, pero remarca que “deben mantenerse las reformas que han dado buenos resultados” y advierte que “la prolongación de la inestabilidad política puede afectar a las expectativas de crecimiento”.

En el escenario que ha dejado el 20-D hay tres opciones de gobierno abiertas:

A.- La opción principal de gobierno por la que aboga el hegemonismo y la oligarquía es la de una “gran coalición”, un acuerdo entre PP y PSOE que cuente con el apoyo de Ciudadanos a través de su abstención.
Lo que permitiría una “amplia mayoría” de 253 diputados para gestionar, a pesar de los resultados del 20-D, la ejecución del grueso de las exigencias de Washington y Berlín.
Esta “gran coalición” puede adquirir distintas formas, desde un gobierno en minoría del PP permitido a última hora por la abstención del PSOE -con o sin Rajoy como candidato- a incluso la opción de que sea el PP el que acabe dando vía libre a un candidato del PSOE.
Pero la “gran coalición” no era antes del 20-D la primera apuesta. Los resultados electorales cerraron el paso a las alternativas “naturales” del hegemonismo y la oligarquía (un gobierno en minoría de PP o PSOE pactado con Ciudadanos, ya ensayado en Madrid o Andalucía), obligando a poner en primer plano una “gran coalición” que en España podría generar más contradicciones (aumento del rechazo social, mayor irrupción del viento popular...).

B.- Dificilmente, en la actual situación, el hegemonismo y la oligarquía pueden reducir sus opciones a las de un gobierno en minoría del PP.
Sobre el PSOE se han multiplicado las presiones para forzarle a entrar en el pacto de la “gran coalición”, pero Pedro Sánchez insiste en negar cualquier apoyo a un futuro gobierno del PP, y en explorar la posibilidad de una “mayoría progresista alternativa”.
Esta es una opción que va ganando terreno, y que puede basarse en un acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, contando con la abstención de Podemos, o bien en un pacto PSOE-Podemos al que se una IU y el PNV, y cuente con la abstención de Convergencia y ERC. Ofreciendo a cambio una “reforma territorial” que “encauce” el problema catalán.
Es la opción de una “solución a la portuguesa”, donde hay un gobierno socialista fruto de un acuerdo con el Partido Comunista y el Bloque de Izquierdas. Que ha ofrecido un limitado paquete de “medidas sociales”: actualización de las pensiones (2 euros para las más bajas), elevar el salario mínimo de 505 a 530 euros, eliminar la sobretasa del 3,5% en el impuesto sobre la renta, o paralizar solo algunas privatizaciones (las que afectan a los transportes). Pero a cambio de excluir ministros comunistas o “radicales” y sobre todo de garantizar por escrito el cumplimiento de los compromisos internacionales: los objetivos de reducción del déficit, el pago de la deuda y los acuerdos con la UE y la OTAN.
Lo que ofrece Pedro Sánchez es una salida al “laberinto” con un gobierno que ofrecería  un paquete de reformas sociales y de “regeneración democrática” limitado pero significativo. Y que, a cambio de una flexibilización negociada con Bruselas en las condiciones y plazos, garantizaría la ejecución del grueso de las medidas exigidas por la UE.

C.- El hegemonismo y la oligarquía intentarán evitar una repetición de elecciones que “enquistaría” el problema español como mínimo hasta julio y previsiblemente volvería a ofrecer unos resultados similares a los actuales. Pero el carácter endiablado del nuevo mapa político español no permita descartar esta opción.

4.- Para abrir paso a la “gran coalición” y encauzar la “reforma política” el hegemonismo y la oligarquía contemplan la posibilidad de recurrir a métodos extremos.
Han sido los grandes bancos norteamericanos o alemanes, o destacados representantes del hegemonismo y la oligarquía, los que han puesto sobre la mesa la “operación relevo”, basada en prescindir de Rajoy para favorecer un pacto.
La JP Morgan norteamericana considera que “un paso atrás de Rajoy y un paso al frente de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaria cambiaría las reglas del juego”. Mientras que el Deustche Bank afirma que “el acuerdo podría ser menos doloroso políticamente para PSOE y Ciudadanos si hubiera un cambio de liderazgo en el PP”.
Paralelamente, “frente a la rémora que suponen los viejos partidos”, se plantea el camino de un “gobierno de independientes” que “sea capaz de impulsar las reformas que España necesita”. Una propuesta que, curiosamente, fue Iñigo Errejón, el segundo de Podemos, el primero en poner encima de la mesa. Ahora ya hay quien incluso propone la opción de Javier Solana, ex-secretario general de la OTAN, que “sería visto con muy buenos ojos en Bruselas y Washington”.
Lo que se entrecruzan son dos batallas políticas. Por un lado la necesidad de “desatascar” la formación de un nuevo gobierno. Por otro, la necesidad de emprender una “reforma política” que sustituya al ya inservible modelo bipartidista, a través de una “reforma constitucional” que ya acepta incluso el PP.
El resultado de todos estos movimientos está todavía por decidir. Pero el objetivo final es culminar la “reforma controlada” iniciada con el relevo en la Corona, para imponer un nuevo modelo político que reconduzca la emergencia del viento popular y fortalezca, bajo un apariencia de “regeneración de la vieja política”, los pilares fundamentales del dominio hegemonista y oligarquico.
La formación de un gobierno que de forma “estable” garantice la ejecución de los mandatos hegemonistas es una premisa necesaria. Pero la sustitución de la “vieja clase política”, con demasiados intereses creados, por una nueva hornada de dirigentes con menos peso político allanaría el camino. Así como las alternativas de un “gobierno tecnocrático”, disfrazado de “figuras independientes”, ajustando al caso español la fórmula ya ensayada por EEUU y Alemania en Italia, con Monti o en Grecia con Papadimos.

5.-En estas condiciones, debemos insistir en la alternativa de un gobierno de unidad contra los recortes que, al margen de las fuerzas que lo encarnen, crearía mejores condiciones para fortalecer el viento popular y enfrentarse a la ejecución del proyecto hegemonista de saqueo e intervención.
Hasta marzo, fecha límite para resolver la formación de gobierno y evitar nuevas elecciones, van a intensificarse las presiones, desde Washington, Berlín y la oligarquía española, para imponer su alternativa frente a la voluntad mayoritaria expresada el 20-D.
Pero no solo juegan ellos en el tablero político español. Y tras las generales tanto el hegemonismo como la oligarquía encuentran más dificultades para “conducir” la política española tal y como habían hecho en las últimas décadas.
Debemos insistir en que, en las condiciones que ha deparado el 20-D, la mejor opción y la que se corresponde con el sentido de la mayoría de los votos es la de un gobierno de unidad contra los recortes.
Conocemos el carácter de las fuerzas que necesariamente deben encabezarlo. El PSOE ha sido la “pata izquierda” del bipartidismo hegemonista y oligárquico. Y Podemos ha “recortado” su programa para remarcar que “debemos pagar la deuda”, o establecer no ya que “la OTAN y el euro son ineludibles”, sino incluso proponiendo como futuro ministro de Defensa a un ex jefe del JEMAD escandalosamente pronorteamericano.
Pero mucho más allá del carácter de estas fuerzas -ante el que debemos prevernirnos- o de sus direcciones y programas, sus votantes y bases se posicionan claramente contra los recortes y por un cambio real. Lo que generaría fisuras y dificultades en la ejecución del proyecto hegemonista. Creando mejores condiciones para la acumuación de fuerzas en el seno del pueblo contra nuestros enemigos.
Todas las opciones están sobre la mesa. Incluida la repetición de elecciones, o un “suceso de última hora”, similar al que ha dado paso al nuevo gobierno catalán, que de un nuevo giro a la situación.

Y a pesar de que algunos quieren reducirlo todo a las presiones de grandes centros de poder, o a los pactos y negociaciones entre las cúpulas de los partidos, en esta batalla política el 90% que sufrimos los recortes y apostamos por un cambio de verdad tenemos mucho que decir.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Los resultados del 20-D




Victoria de la mayoría contra los
recortes. Fracaso del bipartidismo





Los resultados del 20-D crean unas excelentes condiciones para la defensa de
los intereses populares y la lucha contra los recortes
Los resultados de las elecciones generales del 20-D han dado
un vuelco al mapa político español. Quebrando el tradicional
dominio del bipartidismo, y abriendo las puertas a una
irrupción, con una expresión política desconocida, de la
mayoría social que se enfrenta a los recortes. Lo que genera
muchas mejores condiciones para dar un nuevo impulso a la
lucha contra el saqueo que el 90% de la población venimos
sufriendo desde hace siete años.

Quien gana y quien pierde

Nadie puede negar el cambio que esto supone, pero ya hay quien intenta
minimizar la magnitud de lo sucedido el 20-D. Afirmando que “no hay un
triunfador claro”, y que “aunque el bipartidismo ha perdido votos y escaños,
aún sobrepasa a las fuerzas emergentes”.

La realidad es otra totalmente diferente. La mayoría social que rechazamos
los recortes hemos obtenido una rotunda victoria en estas elecciones. Y
quienes han ejecutado los recortes durante estos últimos siete años -PP y
PSOE, o Artur Mas en Cataluña- han cosechado un histórico fracaso.
Estas elecciones generales suponían la culminación de un largo ciclo
electoral, donde tras siete años de saqueo se medía la fuerza política que
todavía conservaba el bipartidismo y la que alcanzaba la mayoría que
hemos los recortes.

Y el resultado que ha deparado el 20-D no ha podido ser más claro. Una
oleada nunca vista en la política española de más de 11 millones de votos
se ha movilizado para expresar un rotundo rechazo a los recortes y al
dominio del bipartidismo. Más allá de las diferencias entre las muchas
fuerzas que lo han capitalizado, o incluso de sus programas, pactos o
alianzas.
Una marea que aumenta cada vez más aceleradamente, y que se ha
convertido por primera vez en protagonista político.

En las generales del 2.008, la suma de los votos de todas las fuerzas que
se enfrentaban a los recortes y al bipartidismo apenas alcanzaba los 2
millones de votos, menos de una décima parte que la suma de PSOE y PP.
Tres años después, cuando tras la llamada de Obama a Zapatero se inició
la oleada de recortes, ese voto de rechazo avanzó hasta sumar 3,9 millones
de votos.

En 2015 la expresión política de esa mayoría social que rechaza los
recortes y el bipartidismo ha dado un salto gigantesco. En las pasadas
elecciones municipales superó los 9 millones de votos, conquistando
alcaldías de capitales tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia...
Ahora, en las generales, se ha disparado hasta los 11,09 millones de votos.
Nunca antes la posición de esta mayoría social, silenciada bajo el peso
aplastante del bipartidismo, había alcanzado una expresión política ni
remotamente similar.

Expresada, más allá de las posiciones y la línea que defienden sus
direcciones, en los casi 5,2 millones de votos de Podemos o los 3,5 millones
de Ciudadanos.

Pero que también incluye el casi un millón de votos que conserva IU. O los
votos de muchos partidos, con o sin representación parlamentaria, entre los
que se encuentra el avance de los votos a Recortes Cero-Grupo Verde.
En el otro lado del espejo, el bipartidismo que había ejercido un control casi
exclusivo de la política española desde la transición, ha sufrido algo más
que un severo castigo tras siete años de sumisa ejecución de los recortes.
La suma de PP y PSOE ha perdido 5,12 millones de votos, un 28,77%
menos de los que tenían en 2011. Han pasado de suponer el 73,39% de los
votos a solo el 50,73%. Quedando reducidos al 36,36% del censo.
Una caída que alcanza su verdadera magnitud si la comparamos con 2.008.
Desde entonces, la suma de PP y PSOE ha perdido 9 millones de votos.
Y su caída no solo no se detiene sino que se acelera. Si de 2008 a 2011
perdieron 3,7 millones de votos, de 2011 a 2015 se han dejado 5,12
millones.

Un rechazo social que también ha golpeado a un Artur Mas que todavía no
ha conseguido ser investido presidente. La nueva marca de Convergencia
ha perdido la mitad de los votos que tenía hace cuatro años. Creando
también, especialmente en Cataluña, mejores condiciones para la defensa
de la unidad frente a la fragmentación.

Quien se alegra y quien se preocupa

La reacción de los grandes centros de poder nacionales e internacionales
ante los resultados electorales nos da la clave para comprender el auténtico
significado del 20-D, y sus consecuencias en la política española.
Las primeras valoraciones de los analistas vinculados a los bancos y
monopolios del Ibex-35, el corazón de la oligarquía española, hablan de que
los resultados electorales son “mucho peor de lo esperado”. The Wall Street
Journal, una de las “biblias” del gran capital norteamericano, señala con
preocupación que “casi la mitad del electorado se pronunció a favor de los
partidos que rechazaron las políticas de austeridad”. Y el Frankfurter
Allgemeine Zeitung, uno de los portavoces de los sectores más duros de la
burguesía alemana, habla sin matices del “desastre español”, poniendo el
foco en “el riesgo de que se vayan al traste las reformas”.
Washington y Berlín han dejado claro que exigen llevar más allá los recortes
en España.
En plena campaña electoral, la Comisión Europea publicó su “Informe de
Vigilancia” sobre España, exigiendo para el año próximo una nueva vuelta
de tuerca en la reforma laboral, la aceleración de la privatización de Bankia
o nuevos recortes por valor de 9.000 millones para cumplir con los objetivos
de reducción del déficit.

Y el último informe del FMI exigía que el nuevo gobierno que surgiera de las
generales impusiera una nueva reforma que permitiera rebajar más los
salarios, ejecutar una mayor subida del IVA o la implantación de más
copagos en sanidad y educación.
Al mismo tiempo nos exige un salto en nuestra implicación en su maquinaria
militar, para utilizarnos como peones o plataforma en sus agresiones a otros
pueblos.

Pero el nuevo mapa político que nos deja el 20-D, con la irrupción de un
poderoso viento popular de rechazo a los recortes y la debilidad extrema del
bipartidismo, supone un obstáculo para la formación de un nuevo gobierno
que pueda cumplir con los objetivos marcados por EEUU y Alemania o la
oligarquía española.

Esta es la preocupación ante la “inestabilidad política” o el llamamiento a
“pactos que permitan desbloquear la situación” que lanzan insistentemente
los principales portavoces de la oligarquía o el hegemonismo.
Los cálculos iniciales que hubieran permitido esa “estabilidad” que la
oligarquía y el hegemonismo deseaban han sido pulverizados cuando el
voto popular ha aparecido en escena. Impidiendo que la suma de PP y
Ciudadanos permitiera la investidura de Rajoy. O castigando al PSOE hasta
niveles que prácticamente le incapacitan, aún con el apoyo de Podemos,
como alternativa de gobierno.
Van a intentar mediante todas las alternativas posibles la formación de un
nuevo gobierno que, aún en minoría y ofreciendo a cambio concesiones en
forma de reformas, permita seguir llevando adelante bajo otras condiciones
el grueso de los mandatos de la UE o el FMI.

Integrando en él a una de las dos fuerzas -Podemos o Ciudadanos- que han
capitalizado en mayor medida el voto de rechazo al bipartidismo.

Ya se ha puesto en marcha la maquinaria para facilitar a toda costa un
gobierno presidido por Rajoy, y facilitado por la abstención del PSOE, una
especie de “gran coalición” de investidura.

Pero incluso al margen del resultado político final, y de la composición del
nuevo gobierno a que de lugar, la marea de más de 11 millones de
ciudadanos que se han movilizado contra los recortes y el bipartidismo
impone también sus propias reglas y “líneas rojas”.

Generando con su irrupción unas excelentes condiciones para la defensa de
los intereses populares y la lucha contra los recortes.

martes, 24 de noviembre de 2015

40 aniversario de la invasión marroquí del Sáhara Occidental


 ¡40 años bastan! 

El 6 de noviembre de 1975 el tirano Hassan II -con la aquiescencia de Washington y Paris- forzaba a través de la "Marcha Verde" la invasión del Sáhara Occidental, comenzando 40 años de ocupación y violación de los derechos humanos.



El 6 de noviembre de 1975, la 'Marcha Verde', una turba de 350.000 civiles marroquíes escoltados por 25.000 soldados de las Fuerzas Armadas Reales de Hassan II cruzaron la frontera del Sáhara Occidental, adueñándose por la política de los hechos consumados de la todavía colonia española. Las hordas ocupantes desencadenarían durante 1976 una sangrienta represión contra la población saharaui, incluyendo bombardeos aéreos con napalm o fósforo blanco contra los campamentos de refugiados. Cuarenta años de ocupación, colonización y opresión contra los saharauis de El Aaiún y de exilio en El Tinduf, de violación cotidiana de los derechos humanos por el régimen marroquí, son ahora conmemorados con grandes desfiles militares por el Sáhara ocupado. En 1975, con Franco agonizando y la transición española diseñada por Washington comenzando, España estaba iniciando el proceso de descolonización del Sáhara Occidental, que ocupaba desde 1958. España iba a entrar en un periodo convulso, y Washington y Francia -los dos valedores de la monarquía alauita- vieron con buenos ojos que Marruecos se anexionara un territorio rico en fosfatos, uranio, cobre y oro, arrebatándoselo al Frente Polisario y a Argelia, demasiado cercanos a la URSS. La coyuntura internacional era propicia para el sátrapa marroquí, y Hassan II se decidió a utilizarla, lanzando a cientos de miles de súbditos a atravesar la frontera custodiada por 5000 legionarios españoles, que bajo las órdenes de Juan Carlos I se replegaron del Sáhara, abandonando a sus habitantes a su suerte. De nada sirvieron las declaraciones de la ONU exigiendo la autodeterminación del Sáhara Occidental.

"40 años de estado policial, de colonización marroquí y de atropello sistemático de los saharauis"

40 años de expolio de los recursos naturales del Sáhara, 40 años de exilio forzoso, de cuatro
generaciones de saharauis condenados a vivis en tiendas de refugiados en El Tinduf (Argelia), al otro lado de un muro de más de 2700 km plagado de minas. 40 años de represión contra la población saharaui en los territorios ocupados, con más de 500 desaparecidos, con miles de casos de tortura documentada. 40 años de estado policial, de colonización marroquí y de atropello sistemático de los saharauis en el Aaiún. Eso es lo que festeja el nuevo tirano, Mohamed VI. 40 años bastan

martes, 17 de noviembre de 2015

Recordad el Maine



Un individuo esquizofrénico es un individuo peligroso. 



Su doble personalidad, fuera de control, supone un permanente riesgo de agresión para sí mismo y para los demás. EEUU es un país esquizofrénico; un país escindido entre una Democracia interna y un Imperio exterior que se sostienen sobre bases irreconciliables.

Para poder extenderse, el Imperio necesita empujar a la Democracia hacia sus aventuras expansionistas arrastrándola en contra de su voluntad.

Esta disociación, esta doble naturaleza de Imperio expansivo y Democracia interna está en la propia génesis de EEUU como nación y recorre toda su historia.

En 1845, y al grito de “Recordad El Álamo””, el ejército norteamericano declara la guerra a Méjico. Hoy sabemos que la supuesta heroica gesta de El Álamo, donde un puñado de norteamericanos habrían resistido hasta el límite para ser finalmente degollados por los mejicanos, nunca existió. Pero su invención fue la excusa para arrebatarle a Méjico cerca de un 50% de su territorio.

En 1898, la falsa acusación contra España de haber provocado la voladura del acorazado El Maine fue el pretexto para declararnos la guerra y anexionarse Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, otra vez a costa del mundo hispano. Descartada la intervención española por la comisión que lo investigó, es más que presumible que fueran ellos mismos quienes provocaron el hundimiento causando la muerte de 300 de sus marinos. Una gigantesca campaña de prensa bajo la consigna de “Recordar el Maine” permitió movilizar a los sectores de la clase política y de la opinión pública inicialmente contrarios a la guerra hacia su aprobación.

“Usted envíeme las imágenes que yo le mandaré la guerra”” 

había dicho unos meses antes el magnate de los medios de comunicación Hearst a su corresponsal en La Habana.

Todavía existen serias dudas sobre el acontecimiento que provocó la entrada en la I Guerra Mundial de EEUU: el ataque de los submarinos alemanes contra el Lusitania, un trasatlántico norteamericano. De lo que no existe ninguna, porque así lo confirma la correspondencia entre Churchill y Roosevelt, es que la inteligencia norteamericana y el alto mando conocían de antemano el ataque japonés sobre Pearl Harbour. Dejaron que se consumara, sacrificando la vida de 2.500 de sus soldados, a fin de tener el argumento que precisaban para entrar en la II Guerra Mundial.

“Cada día que pasa siento un mayor temor del poder que ha alcanzado el complejo militar industrial”

 la frase pronunciada por el presidente Eisenhower es la clave para comprender uno de los episodios no aclarados de la reciente historia norteamericana; el asesinato de Kennedy (JFK). Inicialmente presentado como una intervención cubana, el magnicidio ha sido objeto de sospechas más que fundadas que apuntan a la CIA y los sectores más duros del Pentágono; su objetivo, eliminar el obstáculo de un presidente demócrata reticente a las aventuras expansionistas imperiales y sustituirlo por Jonhson, bajo cuyo mandato y con la excusa de otro incidente inventado en el golfo de Tonkin, se inició la escalada bélica en Vietnam.

También Iberoamérica conoce en sus entrañas la infinidad de provocaciones y auto-agresiones organizados por la CIA para justificar la intervención de los marines o de sus gorilas golpistas formados en la Escuela de las Américas. La historia de la expansión del poder imperial norteamericano está plagada de auto-ataques.

En unos casos organizados por ellos mismos, en otros induciéndolos, en otros consintiéndolos. De cualquier forma, cada uno de estos ataques, cada una de estas provocaciones, estaba hecha para que el Imperio mandara sobre la Democracia, para arrastrarla y someterla a la utilización de la fuerza necesaria para expandirlo.

En la actualidad este problema se ha visto agudizado hasta el límite con la elección de Bush: un presidente colocado con fórceps y cuya elección ha puesto en cuestión la democracia interna, rebajándola al nivel de una república bananera, como la propia prensa norteamericana calificó lo sucedido en Florida. Tenía que haber proyectos y propuestas muy poderosas para desprestigiar de esta forma el sistema democrático norteamericano ante el mundo entero y ante los ojos de su propio pueblo. Algunas de estas propuestas ya las conocemos: escudo antimisiles, negativa a firmar el protocolo de Kioto, ruptura de los tratados internacionales, abandono de la conferencia contra el racismo... Otras están todavía por ver.

Bush es un presidente alumbrado mediante un golpe contra el régimen democrático que ha propiciado una sistemática voladura de todos los tratados internacionales. Y lo hace a una velocidad inaudita. Pero los sectores más duros del complejo militar industrial han de enfrentarse a dos problemas combinados para llevar adelante sus proyectos Por un lado, cada uno de los movimientos de Bush en sus escasos 9 meses de presidencia revela una determinación implacable para desmontar el modelo de hegemonía consensuada elaborado por Clinton.

El proyecto anterior estaba avalado por los sectores de la burguesía monopolista norteamericana más dinámicos y competitivos en el plano económico, aquellos que buscan crear una suerte de gobierno mundial consensuado entre EEUU y sus rivales, un equilibrio estable en el que EEUU como primera potencia ejercería el papel central de árbitro político, una hegemonía indiscutible pero consensuada. Por el contrario, Bush ha dejado claro que busca establecer una distancia sideral con el resto de potencias, distancia en todos los terrenos pero sobre todo en el militar, que asegure el disciplinado acatamiento de los demás a una hegemonía impuesta sin necesidad de consensos ni engorrosas negociaciones.

Un proyecto que no es posible llevar adelante por las buenas, sino hacerlo sin piedad y a costa de lo que sea. Y para el que necesitan, imperiosamente, romper con lo que saben que es una de sus mayores debilidades: un pueblo que no está dispuesto a seguir al imperio en sus aventuras militares.

 Y este es el segundo problema al que se enfrentan. Como reconocen los propios estrategas y analistas norteamericanos, el ejercicio de un poder imperial sostenido es incompatible con el “hedonismo personal” y el “escapismo social” dominantes en la sociedad norteamericana.

Como afirma el ex consejero de seguridad nacional de Carter, Z. Brzezinski, entre el pueblo norteamericano existe “un fuerte rechazo contra todo uso selectivo de la fuerza que suponga bajas, incluso a niveles mínimos”. Como consecuencia, es

“cada vez mayor la dificultad para movilizar el necesario consenso político a favor de un liderazgo sostenido, y a veces también costoso, de los EEUU en el exterior”.

 Movilizar ese consenso necesario para anular la iniciativa del otro sector de la burguesía monopolista yanqui y arrastrar al pueblo tras las necesidades militares del Imperio, esto es lo que está en el origen de todos los auto-ataques, en cualquiera de sus formas. Cualquier acontecimiento en los EEUU es necesario leerlo desde esta tradicional lucha entre Imperio y Democracia, desde esta doble naturaleza que divide la sociedad norteamericana, el seno mismo de su clase dominante, sus instituciones y su pueblo. Auto-ataques provocados, ataques inducidos, provocaciones consentidas. Ocurrió con El Álamo, ocurrió con el Maine, ocurrió en Pearl Harbour, ocurrió en Tonkin... Quien ha padecido ahora es el pueblo de Nueva York, pero no hay que olvidar quién impone esta tradición histórica: al Imperio, cada vez más, le estorba la Democracia. Es muy posible que la cadena de horrendos ataques haya sido obra de los talibanes, pero esto no altera la sustancia del problema. También en Pearl Harbour el ataque fue obra de los japoneses.

 ¿Es creíble pensar que los talibanes, creados, financiados, armados y formados por la CIA para combatir la invasión soviética de Afganistán, no estén infiltrados de algún modo por ellos?

¿Nos quieren hacer creer que el FBI o la CIA no sabían nada de esto? No podemos decir en qué consiste la trama, no disponemos de las fuentes de información necesarias.

Pero si ellos hicieron la guerra bajo la consigna de “Recordar el Maine”, ahora Sí; ahora todos los pueblos del mundo tenemos que recordar El Maine, recordar Pearl Harbour, recordar el asesinato de Kennedy... Porque no tendremos los datos, pero sí la memoria.

Publicado el 14 de septiembre de 2001 en la edición impresa de De Verdad

domingo, 15 de noviembre de 2015

Más de 120 muertos en una cadena de atentados en París

El terrorismo siempre es fascismo 

Nuestra más enérgica condena por los criminales atentados de París y nuestra más profunda solidaridad con el pueblo de Francia. No pasarán.



Seis ataques terroristas casi simultáneos en Paris con tiroteos, bombas y una trágica toma de rehenes han segado la vida de 120 personas y producido 200 heridos, 80 de ellos graves. 

Vaya por delante la más enérgica condena de los comunistas de UCE a esta abyecta matanza terrorista y a sus responsables, así como nuestra más profunda solidaridad con el pueblo francés en estas horas negras. 

El terrorismo es fascismo, venga de donde venga y se disfrace de la justificación que quiera, sea política o religiosa. 

El terrorismo se basa en el principio de que "el fin justifica los medios", que el terror y la fuerza es un medio tan bueno como cualquier otro para imponer un proyecto político. Y eso es precisamente el centro nodular ideológico del fascismo. 
El terrorismo y su obscena base de principios nunca es, ni ha sido, ni será, una herramienta en manos de los revolucionarios, de todos los que queremos un futuro para la humanidad libre de explotación ni opresión. 
El terrorismo nunca es, ni ha sido, ni será "de los pueblos". 
Los pueblos, incluso los pueblos en armas, no utilizan el terror ni la matanza indiscriminada de gente inocente para defender sus derechos. 
El terrorismo siempre es "de Estado", siempre sirve en última instancia sirve para hacer avanzar oscuros y subterráneos intereses y proyectos de grandes portencia mundiales y de poderosas clases dominantes. 
Desde esta posición de principios, con la que hemos combatido el terrorismo de ETA, del islamismo radical, el terrorismo de "ultraizquierda" o de ultraderecha, los comunistas de UCE decimos: EL TERRORISMO es FASCISMO. 

Basta ya.

lunes, 19 de octubre de 2015

Declaración de principios



El revisionismo es el más venenoso enemigo de la revolución

Hoy se libra en todo el mundo una batalla gigantesca. Bajo la bandera del comunismo se amparan dos posiciones de clase antagónicas, dos corrientes ideológicas y políticas irreconciliables: el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo. Ambos se disputan la dirección del movimiento revolucionario y de la clase obrera de todos los países. De quién vencerá a quién depende el porvenir de la humanidad por muchas largas décadas.



Acontecimientos de este cariz no son nuevos en la historia del Movimiento Comunista Internacional. El marxismo-leninismo ha nacido, se ha desarrollado y se ha fortalecido en una lucha constante entre la ideología burguesa y la ideología proletaria. Establecer una clara línea de demarcación entre las posiciones proletarias y las posiciones burguesas ha sido, y es, una cuestión de vida o muerte para el avance de la revolución.

Marx y Engels, en la época del capitalismo de libre competencia, establecieron las bases de la ideología proletaria, armaron a la clase obrera con los fundamentos de una teoría científica capaz de guiarle en el proceso revolucionario. Fue un largo y cruento combate principalmente en el terreno de la teoría, contra toda la gama de socialismos utópicos y en especial el anarquismo, es decir: contra la forma que entonces tomaba la ideología burguesa entre la clase obrera; durante toda la segunda mitad del siglo XIX, a finales del mismo el marxismo ha vencido, ha pulverizado los socialismos utópicos y es ya la ideología dominante del movimiento obrero mundial. A partir de este momento, la lucha entre la ideología burguesa y la ideología proletaria por la dirección del movimiento obrero pasó, en lo principal, de ser un ataque frontal al marxismo a realizarse en el propio terreno de la teoría marxista. Las más sólidas fortalezas se toman mejor desde dentro.

Al Partido Bolchevique, creado y guiado por Lenin, le corresponde defender y desarrollar el marxismo en la segunda gran encrucijada histórica que se le presenta a la clase obrera. La aparición del capitalismo monopolista y la difusión de la ideología burguesa dentro mismo de los partidos marxistas planteaba problemas que Marx no había podido prever. El Partido Bolchevique, dirigido por Lenin, resuelve la cuestión de la toma del poder por el proletariado en la época del imperialismo. El instrumento decisivo para ello es un partido de nuevo tipo, un partido de corte leninista.

En la Revolución de Octubre, con el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la Dictadura del Proletariado, el marxismo pasa de ser teoría y sueños a ser una resplandeciente realidad de todo el pueblo soviético. Se abre una nueva época para toda la humanidad: la época de la Revolución Proletaria Mundial. Esta gran victoria fue únicamente posible por el encarnizado combate que previamente Lenin y el Partido Bolchevique llevaron a cabo, principalmente en el terreno de la teoría, contra la nueva forma que había adoptado la ideología burguesa dentro del movimiento marxista, por el encarnizado combate y el desenmascaramiento total del carácter revisionista de los partidos socialdemócratas de la II Internacional.

En nuestro tiempo, con la aparición del revisionismo contemporáneo y la transformación del Estado Soviético de un Estado de Dictadura del Proletariado en un Estado de Dictadura de la Burguesía, se abre otra gran encrucijada para la Revolución Mundial. El revisionismo contemporáneo, cuyo principal baluarte y foco de expansión es el Partido Comunista de la Unión Soviética, niega de diversas y sutiles formas los principios esenciales del marxismo revolucionario, niega, en sustancia, el antagonismo entre las clases, entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos. Borra constantemente la línea de demarcación entre los amigos y los enemigos, su función es extraviar y desalentar a los pueblos, mantenerlos sometidos y explotados. Muchos antiguos partidos comunistas de distintos países han sucumbido a esta corriente, se han transformado en su contrario, de ser la vanguardia del proletariado han pasado a ser agentes de la burguesía y el imperialismo en el seno de la clase obrera.

EL MARXISMO-LENINISMO-PENSAMIENTO MAO TSE-TUNG ES UN ARMA INVENCIBLE DE LA CLASE OBRERA

El Partido Comunista Chino, guiado por el camarada Mao Tse-tung, ha sabido dar una justa respuesta, teórica y práctica, a los nuevos y complejos problemas que se planteaban a la Revolución Proletaria Mundial en nuestros días. Ha defendido los principios del marxismo-leninismo frente al revisionismo contemporáneo y los ha desarrollado de forma creadora, haciendo dar al marxismo-leninismo un gran salto hacia delante, convirtiéndolo en un arma aún más poderosa para destruir a la burguesía y el imperialismo y conquistar un futuro infinitamente luminoso y feliz para todos los pueblos del mundo. El marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung es un arma invencible para la clase obrera. La transformación del Estado Soviético en un Estado de Dictadura de la Burguesía es un problema sin precedentes en la historia del marxismo.

El Partido Comunista Chino, guiado por el camarada Mao Tse-tung, ha sabido darle una justa respuesta, una respuesta al problema central de la revolución proletaria en nuestro tiempo: la continuación de la revolución bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado.

El pensamiento Mao Tse-tung señala expresamente por primera vez en la historia del desarrollo del marxismo que una vez culminada en lo fundamental la transformación socialista de la propiedad de los medios de producción, subsiste y subsistirá por largo tiempo la lucha entre el proletariado y la burguesía, entre la vía socialista y la vía capitalista, señala que bajo la dictadura del proletariado el blanco son principalmente los cuadros seguidores de la vía capitalista dentro mismo del Partido Comunista, fundamentalmente en las altas esferas del Partido.

Esta gran aportación teórica del pensamiento Mao Tse-tung tiene una importancia capital, permite prevenir el peligro de restauración del capitalismo y permite a la clase obrera y al pueblo desenmascarar al revisionismo.

La Gran Revolución Cultural Proletaria supone el momento decisivo de la ruptura entre el pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo; como la Revolución de Octubre supuso el momento decisivo de la ruptura entre el leninismo y el revisionismo de la II Internacional. En ella son sometidas al fuego de la práctica nuevas aportaciones del pensamiento Mao Tse-tung y el Partido Comunista Chino y el Movimiento Comunista Internacional obtiene un enorme triunfo sobre el revisionismo.

La necesidad de apoyarse en las amplias masas para la lucha de clases, la plena manifestación de ideas, el dejar a las amplias masas que se liberen a si mismas y no manejar todos los asuntos en su nombre es una gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural Proletaria.

La distinción de dos tipos de contradicciones diferentes, las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones con el enemigo y la posibilidad, en base a un tratamiento correcto, de unir al 98 por cien de la población contra el puñado de reaccionarios y revisionistas que se oponen a la construcción del socialismo, es otra gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural Proletaria.

La gran importancia de la lucha de clases a nivel ideológico: "cuando una clase quiere tomar el poder, primero crea un clima de opinión". El hecho de que el poder político se pueda dirimir fundamentalmente en el terreno ideológico bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado, es la tercera gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural.
La Revolución Cultural Proletaria significa, pues, un triunfo decisivo de la clase obrera y el pueblo chino y de la clase obrera y el pueblo de todos los países del mundo sobre el revisionismo y el imperialismo. Sus enseñanzas tienen un valor universal.

El Partido Comunista de China, guiado por el camarada Mao Tse-tung, ha denunciado el revisionismo moderno cuyo principal foco de expansión es el Partido Comunista de la Unión Soviética y ha puesto de manifiesto la naturaleza socialfascista y socialimperialista del Estado soviético, contribuyendo así decisivamente al avance revolucionario de todos los pueblos del mundo.
El Partido Comunista de China ha demostrado, partiendo del marxismo-leninismo y analizado la realidad soviética, cómo la burguesía burocrática de nuevo tipo, gestada principalmente en el seno del Partido del Proletariado, ha arrancado el poder a la clase obrera: ha sustituido la Dictadura del Proletariado, que significaba la más amplia democracia para la inmensa mayoría de la población, por un régimen policíaco y terrorista de tipo fascista, anega al pueblo soviético con la difusión de los valores ideológicos burgueses en su forma fascista, fomentando el culto servil a la autoridad, el miedo y la más degradante moral en todas las esferas de la vida; ha convertido a la economía socialista en economía capitalista.

Esta burguesía burocrática de Estado mantiene una política exterior de tipo imperialista, sojuzga y explota a las nacionalidades no rusas de la propia URSS y a otros países, llegando en algunos casos a la ocupación militar directa (Checoslovaquia). Se colude y rivaliza con el imperialismo yanqui ensombreciendo el planeta con un horizonte de guerra y mantiene hacia los pueblos oprimidos una criminal política de agresión, expansión, intervención y subversión, con el único afán de dominar el mundo Por eso los pueblos lo van conociendo como socialimperialista y socialfascista, esto es, socialista de nombre e imperialista y fascista de hecho.

El Partido Comunista de China guiado por el camarada Mao Tse-tung, partiendo del marxismo-leninismo y valiéndose del método de análisis de clase, ha analizado el desarrollo y los cambios de las contradicciones fundamentales en el mundo actual y ha determinado la línea estratégica para el proletariado revolucionario internacional

El pensamiento Mao Tse-tung ha desarrollado creadoramente también el marxismo-leninismo en distintos dominios. Ha hecho valiosas aportaciones sobre la filosofía marxista-leninista (materialismo dialéctico); sobre la concepción de un ejército popular de nuevo tipo; sobre el tratamiento de las contradicciones en el partido etc.... Así por ejemplo, ha profundizado en el concepto leninista de la revolución ininterrumpida y por etapas. Veamos con más detalle esta cuestión. En cada etapa el proletariado debe establecer alianzas con las clases y capas del pueblo interesadas en derrocar al enemigo principal. Estas alianzas se establecen observando los intereses de cada una de ellas y se plasman en la creación de un frente unido de todo el pueblo bajo la dirección de la clase obrera; pero teniendo siempre presente la independencia orgánica, política e ideológica del proletariado. La relación que ha de existir entre las diversas clases en este frente unido se sintetizan en el principio: "ni unidad sin lucha, ni lucha sin unidad". Según el sistema de alianzas de clase establecidas por el proletariado durante el proceso revolucionario y la etapa por la que éste atraviesa, la Dictadura del Proletariado adopta diversas formas. Lo que tienen en común todas ellas es la hegemonía del proletariado concretada en que el poder político es ejercido, en última instancia, por la clase obrera, sirviéndose como instrumento para ello de su partido, y en que la ideología comunista se va afianzando progresivamente en la conciencia del pueblo.

El revisionismo contemporáneo aún es muy fuerte. Existen poderosos partidos revisionistas y existe un influjo permanente de la ideología revisionista sobre los nacientes partidos marxistas-leninistas, que les lleva a veces a mantener fuertes vacilaciones de oportunismo de derechas; pero es inevitable la bancarrota del revisionismo y el imperialismo y el triunfo de todos los pueblos del mundo. Mantener una posición firme, clara y tajante, sin asomo de confusión respecto a la ruptura entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo es, pues, una cuestión de la más vital importancia para la revolución.

SOBRE LA CUESTION DE STALIN

La lucha entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo se da de forma particularmente enconada sobre un problema que preocupa seriamente a muchos revolucionarios, sobre la cuestión de Stalin.

Ante este problema se pone de manifiesto con especial nitidez la diferencia en cuanto a posición, punto de vista y método entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo a la hora de encarar la realidad, esto es, los opuestos objetivos, los opuestos intereses de clase de cada uno.

El revisionismo contemporáneo fija su atención en la persona de Stalin y lo presenta como un demonio. Le imputa los más desenfrenados crímenes y explica que la causa hay que buscarla en una desviación, "el culto a la personalidad". El problema no es jamás planteado en términos de clases y lucha de clases y queda corno el caso de un individuo que goza de extraordinario poder y es un asesino, como un caso "patológico".

Al presentarlo así busca un triple objetivo:

En primer lugar, desacreditar el primer Estado de Dictadura del Proletariado y con él la Dictadura del Proletariado misma.

En segundo lugar, desorientar y, desmovilizar a las masas que se enfrentan a un problema que no es explicado en términos de lucha de clases y por tanto no es transformable por ellas.

En tercer lugar, lanzar una cortina de humo sobre los errores del PCUS en tiempos de Stalin que han contribuido a la aparición del socialfascismo en la URSS, pone a salvo la burguesía burocrática fascista soviética.

Para el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung, la cuestión de Stalin es la cuestión de la defensa de la Dictadura del Proletariado, la toma de posición respecto al carácter dominantemente proletario o no del Partido Comunista de la Unión Soviética y de todo el Movimiento Comunista Internacional en este periodo.

La valoración que hace el Partido Comunista de China «y con él el movimiento marxista-leninista internacional» que ha analizado cuidadosamente este periodo y ha sacado experiencias extremadamente valiosas para la revolución mundial, es que el PCUS y la URSS fueron en este tiempo, en lo principal, un partido proletario y un Estado de Dictadura del Proletariado y que Stalin, a la cabeza del PCUS, defendió con firmeza el marxismo-leninismo y la Dictadura del Proletariado frente a los ataques de la burguesía.

No obstante, durante ese tiempo, el PCUS, guiado por Stalin, cometió errores que tuvieron dañinas consecuencias para la revolución mundial. Algunos de estos errores fueron de principios, tenían por tanto un carácter muy grave.

Stalin partía de un punto de vista metafísico a la hora de analizar la sociedad soviética, no partía suficientemente del principio esencial de la dialéctica de que todas las cosas, incluso las cosas socialistas, son una unidad de contrarios. No distinguía entre las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones con los enemigos. Esto le llevó a tratar como contradicciones antagónicas contradicciones que no lo eran. Amplios sectores de las masas soviéticas y de buenos comunistas del Partido Bolchevique pagaron duramente este error.

Así mismo respecto al internacionalismo proletario Stalin y con él el PCUS, mostraron cierta tendencia al chovinismo de gran nación, causando serios perjuicios a los intereses de algunos países, pueblos y partidos.

A pesar de estos graves errores, debemos defender a Stalin, tratarlo como a un camarada. Aunque, como dicen los camaradas chinos "la cuestión de Stalin es extremadamente compleja y no se resolverá en este siglo", hoy, su defensa frente a los ataques del revisionismo y de la burguesía en general, es un punto de demarcación entre las posiciones proletarias y las burguesas.
Nuestro partido guía pues su pensamiento y su acción por la línea ideológica que lleva desde Marx, Engels, y Lenin, pasando por Stalin, a Mao Tse-tung.


viernes, 14 de agosto de 2015

la revolución cubana

La revolución que nunca pudo ni debió pensarse 

Por encima de sus muchos logros -y errores- el valor principal de la revolución cubana sigue siendo la implacable voluntad de un pequeño pueblo por transgredir las normas del orden mundial dominante 



Pese a que, a diferencia de Puerto Rico, Filipinas o la isla de Guam, EEUU no consigue tras la guerra hispano-norteamericana de 1898 anexionarse directamente a Cuba como una colonia más, el estatus de la isla va a derivar inmediatamente en una situación de semicolonia yanqui. 

A los Tratados de París que siguen a la guerra y en los que España renuncia a su soberanía sobre la isla, le sucede la famosa enmienda Platt, que obliga a introducir en la nueva constitución cubana tres puntos que dejan la independencia y la soberanía del país en manos de Washington. 
Por el primero de ellos Cuba se obliga a permitir la instalación de bases militares yanquis en su territorio sin más límites que los intereses del ejército norteamericano. 
El segundo prohíbe a Cuba firmar tratados internacionales o endeudarse con cualquier país del mundo sin la aprobación de EEUU. 
El tercero, finalmente, autoriza a las fuerzas armadas norteamericanas a intervenir en el país para “el mantenimiento de un gobierno adecuado”. 
A lo largo de más de 30 años, la enmienda Platt va a asegurar el dominio militar, político y económico norteamericano sobre Cuba. 
No será hasta 1934, cuando EEUU considera que dispone ya de los suficientes recursos internos en la isla y una casta burocrática político-militar vinculada y orgánicamente dependiente de Washington cuando la enmienda será derogada. Ya entonces, Fulgencio Batista forma parte destacada de esta casta político-militar, siendo Coronel Jefe del ejército cubano, miembro de la ‘Pentarquía’ que dirigirá el país entre 1934 y 1940 y presidente en solitario hasta 1944. Desde su cargo de jefe del ejército, Batista se convierte desde entonces en un hombre clave de EEUU para los asuntos de la isla. Y a él va a recurrir –a través de la CIA y el Pentágono– el grupo Rockefeller cuando el presidente Carlos Prío Socarrás, en los inicios de la década de los 50, comienza a poner reparos y pequeños obstáculos a los negocios previstos por el grupo en la industria del níquel en Cuba. El 7 de marzo de 1952, los gobiernos de Cuba y EEUU firman un Acuerdo de Asistencia Mutua para la Defensa. 72 horas después, Fulgencio Batista da el golpe de Estado. No sin antes entrevistarse, en la madrugada del mismo 10 de marzo, con el coronel Fred G. Hook, Jr., jefe de la Misión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Cuba, quien no tendrá empacho en afirmar horas después que “si esto tenía que suceder, Batista era el mejor hombre para el puesto”.

Las visitas de altos mandos de la CIA, representantes del grupo Rockefeller, del trust del acero (la United States Steel Co., propiedad del grupo Carnegie) o de las grandes compañías multinacionales de la alimentación norteamericana se suceden en las semanas siguientes. Al apoyo público y expreso al dictador, se añaden las nuevas y suculentas concesiones económicas, políticas, militares y de inteligencia que Batista concede a EEUU.

Pero la casta burocrática que sustenta a Batista no se conforma con esto. Y descubre una nueva fuente de lucrativos negocios en el trato con los jefes de la mafia norteamericana de Florida. En una serie de artículos titulados “Dinero mafioso, bonanza cubana”, el New York Daily News saca a la luz en enero de 1958 el proyecto conjunto entre la mafia de los Estados Unidos y una serie de corruptos personajes cercanos a Batista, cuyo objetivo es transformar el malecón de La Habana en la mayor y más lujosa cadena de casinos de juego del mundo, desplazando incluso a Las Vegas.

Al grado de intervención de EEUU en la isla se le suma una represión y una corrupción jamás vistas en la isla. Los viejos partidos políticos, presos de sus propias redes de vinculación a EEUU son incapaces, pese a sus protestas, de representar ninguna alternativa para el pueblo cubano. Bajo la falsa apariencia de una próspera estabilidad, se está en realidad gestando, en torno al núcleo opositor articulado alrededor de Fidel Castro, el estallido revolucionario que a través de distintas etapas (asalto al cuartel de Moncada en julio de 1953, desembarco del Granma en diciembre de 1956) va a terminar definitivamente con este estado de cosas.