martes, 24 de noviembre de 2015

40 aniversario de la invasión marroquí del Sáhara Occidental


 ¡40 años bastan! 

El 6 de noviembre de 1975 el tirano Hassan II -con la aquiescencia de Washington y Paris- forzaba a través de la "Marcha Verde" la invasión del Sáhara Occidental, comenzando 40 años de ocupación y violación de los derechos humanos.



El 6 de noviembre de 1975, la 'Marcha Verde', una turba de 350.000 civiles marroquíes escoltados por 25.000 soldados de las Fuerzas Armadas Reales de Hassan II cruzaron la frontera del Sáhara Occidental, adueñándose por la política de los hechos consumados de la todavía colonia española. Las hordas ocupantes desencadenarían durante 1976 una sangrienta represión contra la población saharaui, incluyendo bombardeos aéreos con napalm o fósforo blanco contra los campamentos de refugiados. Cuarenta años de ocupación, colonización y opresión contra los saharauis de El Aaiún y de exilio en El Tinduf, de violación cotidiana de los derechos humanos por el régimen marroquí, son ahora conmemorados con grandes desfiles militares por el Sáhara ocupado. En 1975, con Franco agonizando y la transición española diseñada por Washington comenzando, España estaba iniciando el proceso de descolonización del Sáhara Occidental, que ocupaba desde 1958. España iba a entrar en un periodo convulso, y Washington y Francia -los dos valedores de la monarquía alauita- vieron con buenos ojos que Marruecos se anexionara un territorio rico en fosfatos, uranio, cobre y oro, arrebatándoselo al Frente Polisario y a Argelia, demasiado cercanos a la URSS. La coyuntura internacional era propicia para el sátrapa marroquí, y Hassan II se decidió a utilizarla, lanzando a cientos de miles de súbditos a atravesar la frontera custodiada por 5000 legionarios españoles, que bajo las órdenes de Juan Carlos I se replegaron del Sáhara, abandonando a sus habitantes a su suerte. De nada sirvieron las declaraciones de la ONU exigiendo la autodeterminación del Sáhara Occidental.

"40 años de estado policial, de colonización marroquí y de atropello sistemático de los saharauis"

40 años de expolio de los recursos naturales del Sáhara, 40 años de exilio forzoso, de cuatro
generaciones de saharauis condenados a vivis en tiendas de refugiados en El Tinduf (Argelia), al otro lado de un muro de más de 2700 km plagado de minas. 40 años de represión contra la población saharaui en los territorios ocupados, con más de 500 desaparecidos, con miles de casos de tortura documentada. 40 años de estado policial, de colonización marroquí y de atropello sistemático de los saharauis en el Aaiún. Eso es lo que festeja el nuevo tirano, Mohamed VI. 40 años bastan

martes, 17 de noviembre de 2015

Recordad el Maine



Un individuo esquizofrénico es un individuo peligroso. 



Su doble personalidad, fuera de control, supone un permanente riesgo de agresión para sí mismo y para los demás. EEUU es un país esquizofrénico; un país escindido entre una Democracia interna y un Imperio exterior que se sostienen sobre bases irreconciliables.

Para poder extenderse, el Imperio necesita empujar a la Democracia hacia sus aventuras expansionistas arrastrándola en contra de su voluntad.

Esta disociación, esta doble naturaleza de Imperio expansivo y Democracia interna está en la propia génesis de EEUU como nación y recorre toda su historia.

En 1845, y al grito de “Recordad El Álamo””, el ejército norteamericano declara la guerra a Méjico. Hoy sabemos que la supuesta heroica gesta de El Álamo, donde un puñado de norteamericanos habrían resistido hasta el límite para ser finalmente degollados por los mejicanos, nunca existió. Pero su invención fue la excusa para arrebatarle a Méjico cerca de un 50% de su territorio.

En 1898, la falsa acusación contra España de haber provocado la voladura del acorazado El Maine fue el pretexto para declararnos la guerra y anexionarse Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, otra vez a costa del mundo hispano. Descartada la intervención española por la comisión que lo investigó, es más que presumible que fueran ellos mismos quienes provocaron el hundimiento causando la muerte de 300 de sus marinos. Una gigantesca campaña de prensa bajo la consigna de “Recordar el Maine” permitió movilizar a los sectores de la clase política y de la opinión pública inicialmente contrarios a la guerra hacia su aprobación.

“Usted envíeme las imágenes que yo le mandaré la guerra”” 

había dicho unos meses antes el magnate de los medios de comunicación Hearst a su corresponsal en La Habana.

Todavía existen serias dudas sobre el acontecimiento que provocó la entrada en la I Guerra Mundial de EEUU: el ataque de los submarinos alemanes contra el Lusitania, un trasatlántico norteamericano. De lo que no existe ninguna, porque así lo confirma la correspondencia entre Churchill y Roosevelt, es que la inteligencia norteamericana y el alto mando conocían de antemano el ataque japonés sobre Pearl Harbour. Dejaron que se consumara, sacrificando la vida de 2.500 de sus soldados, a fin de tener el argumento que precisaban para entrar en la II Guerra Mundial.

“Cada día que pasa siento un mayor temor del poder que ha alcanzado el complejo militar industrial”

 la frase pronunciada por el presidente Eisenhower es la clave para comprender uno de los episodios no aclarados de la reciente historia norteamericana; el asesinato de Kennedy (JFK). Inicialmente presentado como una intervención cubana, el magnicidio ha sido objeto de sospechas más que fundadas que apuntan a la CIA y los sectores más duros del Pentágono; su objetivo, eliminar el obstáculo de un presidente demócrata reticente a las aventuras expansionistas imperiales y sustituirlo por Jonhson, bajo cuyo mandato y con la excusa de otro incidente inventado en el golfo de Tonkin, se inició la escalada bélica en Vietnam.

También Iberoamérica conoce en sus entrañas la infinidad de provocaciones y auto-agresiones organizados por la CIA para justificar la intervención de los marines o de sus gorilas golpistas formados en la Escuela de las Américas. La historia de la expansión del poder imperial norteamericano está plagada de auto-ataques.

En unos casos organizados por ellos mismos, en otros induciéndolos, en otros consintiéndolos. De cualquier forma, cada uno de estos ataques, cada una de estas provocaciones, estaba hecha para que el Imperio mandara sobre la Democracia, para arrastrarla y someterla a la utilización de la fuerza necesaria para expandirlo.

En la actualidad este problema se ha visto agudizado hasta el límite con la elección de Bush: un presidente colocado con fórceps y cuya elección ha puesto en cuestión la democracia interna, rebajándola al nivel de una república bananera, como la propia prensa norteamericana calificó lo sucedido en Florida. Tenía que haber proyectos y propuestas muy poderosas para desprestigiar de esta forma el sistema democrático norteamericano ante el mundo entero y ante los ojos de su propio pueblo. Algunas de estas propuestas ya las conocemos: escudo antimisiles, negativa a firmar el protocolo de Kioto, ruptura de los tratados internacionales, abandono de la conferencia contra el racismo... Otras están todavía por ver.

Bush es un presidente alumbrado mediante un golpe contra el régimen democrático que ha propiciado una sistemática voladura de todos los tratados internacionales. Y lo hace a una velocidad inaudita. Pero los sectores más duros del complejo militar industrial han de enfrentarse a dos problemas combinados para llevar adelante sus proyectos Por un lado, cada uno de los movimientos de Bush en sus escasos 9 meses de presidencia revela una determinación implacable para desmontar el modelo de hegemonía consensuada elaborado por Clinton.

El proyecto anterior estaba avalado por los sectores de la burguesía monopolista norteamericana más dinámicos y competitivos en el plano económico, aquellos que buscan crear una suerte de gobierno mundial consensuado entre EEUU y sus rivales, un equilibrio estable en el que EEUU como primera potencia ejercería el papel central de árbitro político, una hegemonía indiscutible pero consensuada. Por el contrario, Bush ha dejado claro que busca establecer una distancia sideral con el resto de potencias, distancia en todos los terrenos pero sobre todo en el militar, que asegure el disciplinado acatamiento de los demás a una hegemonía impuesta sin necesidad de consensos ni engorrosas negociaciones.

Un proyecto que no es posible llevar adelante por las buenas, sino hacerlo sin piedad y a costa de lo que sea. Y para el que necesitan, imperiosamente, romper con lo que saben que es una de sus mayores debilidades: un pueblo que no está dispuesto a seguir al imperio en sus aventuras militares.

 Y este es el segundo problema al que se enfrentan. Como reconocen los propios estrategas y analistas norteamericanos, el ejercicio de un poder imperial sostenido es incompatible con el “hedonismo personal” y el “escapismo social” dominantes en la sociedad norteamericana.

Como afirma el ex consejero de seguridad nacional de Carter, Z. Brzezinski, entre el pueblo norteamericano existe “un fuerte rechazo contra todo uso selectivo de la fuerza que suponga bajas, incluso a niveles mínimos”. Como consecuencia, es

“cada vez mayor la dificultad para movilizar el necesario consenso político a favor de un liderazgo sostenido, y a veces también costoso, de los EEUU en el exterior”.

 Movilizar ese consenso necesario para anular la iniciativa del otro sector de la burguesía monopolista yanqui y arrastrar al pueblo tras las necesidades militares del Imperio, esto es lo que está en el origen de todos los auto-ataques, en cualquiera de sus formas. Cualquier acontecimiento en los EEUU es necesario leerlo desde esta tradicional lucha entre Imperio y Democracia, desde esta doble naturaleza que divide la sociedad norteamericana, el seno mismo de su clase dominante, sus instituciones y su pueblo. Auto-ataques provocados, ataques inducidos, provocaciones consentidas. Ocurrió con El Álamo, ocurrió con el Maine, ocurrió en Pearl Harbour, ocurrió en Tonkin... Quien ha padecido ahora es el pueblo de Nueva York, pero no hay que olvidar quién impone esta tradición histórica: al Imperio, cada vez más, le estorba la Democracia. Es muy posible que la cadena de horrendos ataques haya sido obra de los talibanes, pero esto no altera la sustancia del problema. También en Pearl Harbour el ataque fue obra de los japoneses.

 ¿Es creíble pensar que los talibanes, creados, financiados, armados y formados por la CIA para combatir la invasión soviética de Afganistán, no estén infiltrados de algún modo por ellos?

¿Nos quieren hacer creer que el FBI o la CIA no sabían nada de esto? No podemos decir en qué consiste la trama, no disponemos de las fuentes de información necesarias.

Pero si ellos hicieron la guerra bajo la consigna de “Recordar el Maine”, ahora Sí; ahora todos los pueblos del mundo tenemos que recordar El Maine, recordar Pearl Harbour, recordar el asesinato de Kennedy... Porque no tendremos los datos, pero sí la memoria.

Publicado el 14 de septiembre de 2001 en la edición impresa de De Verdad

domingo, 15 de noviembre de 2015

Más de 120 muertos en una cadena de atentados en París

El terrorismo siempre es fascismo 

Nuestra más enérgica condena por los criminales atentados de París y nuestra más profunda solidaridad con el pueblo de Francia. No pasarán.



Seis ataques terroristas casi simultáneos en Paris con tiroteos, bombas y una trágica toma de rehenes han segado la vida de 120 personas y producido 200 heridos, 80 de ellos graves. 

Vaya por delante la más enérgica condena de los comunistas de UCE a esta abyecta matanza terrorista y a sus responsables, así como nuestra más profunda solidaridad con el pueblo francés en estas horas negras. 

El terrorismo es fascismo, venga de donde venga y se disfrace de la justificación que quiera, sea política o religiosa. 

El terrorismo se basa en el principio de que "el fin justifica los medios", que el terror y la fuerza es un medio tan bueno como cualquier otro para imponer un proyecto político. Y eso es precisamente el centro nodular ideológico del fascismo. 
El terrorismo y su obscena base de principios nunca es, ni ha sido, ni será, una herramienta en manos de los revolucionarios, de todos los que queremos un futuro para la humanidad libre de explotación ni opresión. 
El terrorismo nunca es, ni ha sido, ni será "de los pueblos". 
Los pueblos, incluso los pueblos en armas, no utilizan el terror ni la matanza indiscriminada de gente inocente para defender sus derechos. 
El terrorismo siempre es "de Estado", siempre sirve en última instancia sirve para hacer avanzar oscuros y subterráneos intereses y proyectos de grandes portencia mundiales y de poderosas clases dominantes. 
Desde esta posición de principios, con la que hemos combatido el terrorismo de ETA, del islamismo radical, el terrorismo de "ultraizquierda" o de ultraderecha, los comunistas de UCE decimos: EL TERRORISMO es FASCISMO. 

Basta ya.

lunes, 19 de octubre de 2015

Declaración de principios



El revisionismo es el más venenoso enemigo de la revolución

Hoy se libra en todo el mundo una batalla gigantesca. Bajo la bandera del comunismo se amparan dos posiciones de clase antagónicas, dos corrientes ideológicas y políticas irreconciliables: el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo. Ambos se disputan la dirección del movimiento revolucionario y de la clase obrera de todos los países. De quién vencerá a quién depende el porvenir de la humanidad por muchas largas décadas.



Acontecimientos de este cariz no son nuevos en la historia del Movimiento Comunista Internacional. El marxismo-leninismo ha nacido, se ha desarrollado y se ha fortalecido en una lucha constante entre la ideología burguesa y la ideología proletaria. Establecer una clara línea de demarcación entre las posiciones proletarias y las posiciones burguesas ha sido, y es, una cuestión de vida o muerte para el avance de la revolución.

Marx y Engels, en la época del capitalismo de libre competencia, establecieron las bases de la ideología proletaria, armaron a la clase obrera con los fundamentos de una teoría científica capaz de guiarle en el proceso revolucionario. Fue un largo y cruento combate principalmente en el terreno de la teoría, contra toda la gama de socialismos utópicos y en especial el anarquismo, es decir: contra la forma que entonces tomaba la ideología burguesa entre la clase obrera; durante toda la segunda mitad del siglo XIX, a finales del mismo el marxismo ha vencido, ha pulverizado los socialismos utópicos y es ya la ideología dominante del movimiento obrero mundial. A partir de este momento, la lucha entre la ideología burguesa y la ideología proletaria por la dirección del movimiento obrero pasó, en lo principal, de ser un ataque frontal al marxismo a realizarse en el propio terreno de la teoría marxista. Las más sólidas fortalezas se toman mejor desde dentro.

Al Partido Bolchevique, creado y guiado por Lenin, le corresponde defender y desarrollar el marxismo en la segunda gran encrucijada histórica que se le presenta a la clase obrera. La aparición del capitalismo monopolista y la difusión de la ideología burguesa dentro mismo de los partidos marxistas planteaba problemas que Marx no había podido prever. El Partido Bolchevique, dirigido por Lenin, resuelve la cuestión de la toma del poder por el proletariado en la época del imperialismo. El instrumento decisivo para ello es un partido de nuevo tipo, un partido de corte leninista.

En la Revolución de Octubre, con el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la Dictadura del Proletariado, el marxismo pasa de ser teoría y sueños a ser una resplandeciente realidad de todo el pueblo soviético. Se abre una nueva época para toda la humanidad: la época de la Revolución Proletaria Mundial. Esta gran victoria fue únicamente posible por el encarnizado combate que previamente Lenin y el Partido Bolchevique llevaron a cabo, principalmente en el terreno de la teoría, contra la nueva forma que había adoptado la ideología burguesa dentro del movimiento marxista, por el encarnizado combate y el desenmascaramiento total del carácter revisionista de los partidos socialdemócratas de la II Internacional.

En nuestro tiempo, con la aparición del revisionismo contemporáneo y la transformación del Estado Soviético de un Estado de Dictadura del Proletariado en un Estado de Dictadura de la Burguesía, se abre otra gran encrucijada para la Revolución Mundial. El revisionismo contemporáneo, cuyo principal baluarte y foco de expansión es el Partido Comunista de la Unión Soviética, niega de diversas y sutiles formas los principios esenciales del marxismo revolucionario, niega, en sustancia, el antagonismo entre las clases, entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos. Borra constantemente la línea de demarcación entre los amigos y los enemigos, su función es extraviar y desalentar a los pueblos, mantenerlos sometidos y explotados. Muchos antiguos partidos comunistas de distintos países han sucumbido a esta corriente, se han transformado en su contrario, de ser la vanguardia del proletariado han pasado a ser agentes de la burguesía y el imperialismo en el seno de la clase obrera.

EL MARXISMO-LENINISMO-PENSAMIENTO MAO TSE-TUNG ES UN ARMA INVENCIBLE DE LA CLASE OBRERA

El Partido Comunista Chino, guiado por el camarada Mao Tse-tung, ha sabido dar una justa respuesta, teórica y práctica, a los nuevos y complejos problemas que se planteaban a la Revolución Proletaria Mundial en nuestros días. Ha defendido los principios del marxismo-leninismo frente al revisionismo contemporáneo y los ha desarrollado de forma creadora, haciendo dar al marxismo-leninismo un gran salto hacia delante, convirtiéndolo en un arma aún más poderosa para destruir a la burguesía y el imperialismo y conquistar un futuro infinitamente luminoso y feliz para todos los pueblos del mundo. El marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung es un arma invencible para la clase obrera. La transformación del Estado Soviético en un Estado de Dictadura de la Burguesía es un problema sin precedentes en la historia del marxismo.

El Partido Comunista Chino, guiado por el camarada Mao Tse-tung, ha sabido darle una justa respuesta, una respuesta al problema central de la revolución proletaria en nuestro tiempo: la continuación de la revolución bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado.

El pensamiento Mao Tse-tung señala expresamente por primera vez en la historia del desarrollo del marxismo que una vez culminada en lo fundamental la transformación socialista de la propiedad de los medios de producción, subsiste y subsistirá por largo tiempo la lucha entre el proletariado y la burguesía, entre la vía socialista y la vía capitalista, señala que bajo la dictadura del proletariado el blanco son principalmente los cuadros seguidores de la vía capitalista dentro mismo del Partido Comunista, fundamentalmente en las altas esferas del Partido.

Esta gran aportación teórica del pensamiento Mao Tse-tung tiene una importancia capital, permite prevenir el peligro de restauración del capitalismo y permite a la clase obrera y al pueblo desenmascarar al revisionismo.

La Gran Revolución Cultural Proletaria supone el momento decisivo de la ruptura entre el pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo; como la Revolución de Octubre supuso el momento decisivo de la ruptura entre el leninismo y el revisionismo de la II Internacional. En ella son sometidas al fuego de la práctica nuevas aportaciones del pensamiento Mao Tse-tung y el Partido Comunista Chino y el Movimiento Comunista Internacional obtiene un enorme triunfo sobre el revisionismo.

La necesidad de apoyarse en las amplias masas para la lucha de clases, la plena manifestación de ideas, el dejar a las amplias masas que se liberen a si mismas y no manejar todos los asuntos en su nombre es una gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural Proletaria.

La distinción de dos tipos de contradicciones diferentes, las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones con el enemigo y la posibilidad, en base a un tratamiento correcto, de unir al 98 por cien de la población contra el puñado de reaccionarios y revisionistas que se oponen a la construcción del socialismo, es otra gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural Proletaria.

La gran importancia de la lucha de clases a nivel ideológico: "cuando una clase quiere tomar el poder, primero crea un clima de opinión". El hecho de que el poder político se pueda dirimir fundamentalmente en el terreno ideológico bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado, es la tercera gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural.
La Revolución Cultural Proletaria significa, pues, un triunfo decisivo de la clase obrera y el pueblo chino y de la clase obrera y el pueblo de todos los países del mundo sobre el revisionismo y el imperialismo. Sus enseñanzas tienen un valor universal.

El Partido Comunista de China, guiado por el camarada Mao Tse-tung, ha denunciado el revisionismo moderno cuyo principal foco de expansión es el Partido Comunista de la Unión Soviética y ha puesto de manifiesto la naturaleza socialfascista y socialimperialista del Estado soviético, contribuyendo así decisivamente al avance revolucionario de todos los pueblos del mundo.
El Partido Comunista de China ha demostrado, partiendo del marxismo-leninismo y analizado la realidad soviética, cómo la burguesía burocrática de nuevo tipo, gestada principalmente en el seno del Partido del Proletariado, ha arrancado el poder a la clase obrera: ha sustituido la Dictadura del Proletariado, que significaba la más amplia democracia para la inmensa mayoría de la población, por un régimen policíaco y terrorista de tipo fascista, anega al pueblo soviético con la difusión de los valores ideológicos burgueses en su forma fascista, fomentando el culto servil a la autoridad, el miedo y la más degradante moral en todas las esferas de la vida; ha convertido a la economía socialista en economía capitalista.

Esta burguesía burocrática de Estado mantiene una política exterior de tipo imperialista, sojuzga y explota a las nacionalidades no rusas de la propia URSS y a otros países, llegando en algunos casos a la ocupación militar directa (Checoslovaquia). Se colude y rivaliza con el imperialismo yanqui ensombreciendo el planeta con un horizonte de guerra y mantiene hacia los pueblos oprimidos una criminal política de agresión, expansión, intervención y subversión, con el único afán de dominar el mundo Por eso los pueblos lo van conociendo como socialimperialista y socialfascista, esto es, socialista de nombre e imperialista y fascista de hecho.

El Partido Comunista de China guiado por el camarada Mao Tse-tung, partiendo del marxismo-leninismo y valiéndose del método de análisis de clase, ha analizado el desarrollo y los cambios de las contradicciones fundamentales en el mundo actual y ha determinado la línea estratégica para el proletariado revolucionario internacional

El pensamiento Mao Tse-tung ha desarrollado creadoramente también el marxismo-leninismo en distintos dominios. Ha hecho valiosas aportaciones sobre la filosofía marxista-leninista (materialismo dialéctico); sobre la concepción de un ejército popular de nuevo tipo; sobre el tratamiento de las contradicciones en el partido etc.... Así por ejemplo, ha profundizado en el concepto leninista de la revolución ininterrumpida y por etapas. Veamos con más detalle esta cuestión. En cada etapa el proletariado debe establecer alianzas con las clases y capas del pueblo interesadas en derrocar al enemigo principal. Estas alianzas se establecen observando los intereses de cada una de ellas y se plasman en la creación de un frente unido de todo el pueblo bajo la dirección de la clase obrera; pero teniendo siempre presente la independencia orgánica, política e ideológica del proletariado. La relación que ha de existir entre las diversas clases en este frente unido se sintetizan en el principio: "ni unidad sin lucha, ni lucha sin unidad". Según el sistema de alianzas de clase establecidas por el proletariado durante el proceso revolucionario y la etapa por la que éste atraviesa, la Dictadura del Proletariado adopta diversas formas. Lo que tienen en común todas ellas es la hegemonía del proletariado concretada en que el poder político es ejercido, en última instancia, por la clase obrera, sirviéndose como instrumento para ello de su partido, y en que la ideología comunista se va afianzando progresivamente en la conciencia del pueblo.

El revisionismo contemporáneo aún es muy fuerte. Existen poderosos partidos revisionistas y existe un influjo permanente de la ideología revisionista sobre los nacientes partidos marxistas-leninistas, que les lleva a veces a mantener fuertes vacilaciones de oportunismo de derechas; pero es inevitable la bancarrota del revisionismo y el imperialismo y el triunfo de todos los pueblos del mundo. Mantener una posición firme, clara y tajante, sin asomo de confusión respecto a la ruptura entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo es, pues, una cuestión de la más vital importancia para la revolución.

SOBRE LA CUESTION DE STALIN

La lucha entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo se da de forma particularmente enconada sobre un problema que preocupa seriamente a muchos revolucionarios, sobre la cuestión de Stalin.

Ante este problema se pone de manifiesto con especial nitidez la diferencia en cuanto a posición, punto de vista y método entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo a la hora de encarar la realidad, esto es, los opuestos objetivos, los opuestos intereses de clase de cada uno.

El revisionismo contemporáneo fija su atención en la persona de Stalin y lo presenta como un demonio. Le imputa los más desenfrenados crímenes y explica que la causa hay que buscarla en una desviación, "el culto a la personalidad". El problema no es jamás planteado en términos de clases y lucha de clases y queda corno el caso de un individuo que goza de extraordinario poder y es un asesino, como un caso "patológico".

Al presentarlo así busca un triple objetivo:

En primer lugar, desacreditar el primer Estado de Dictadura del Proletariado y con él la Dictadura del Proletariado misma.

En segundo lugar, desorientar y, desmovilizar a las masas que se enfrentan a un problema que no es explicado en términos de lucha de clases y por tanto no es transformable por ellas.

En tercer lugar, lanzar una cortina de humo sobre los errores del PCUS en tiempos de Stalin que han contribuido a la aparición del socialfascismo en la URSS, pone a salvo la burguesía burocrática fascista soviética.

Para el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung, la cuestión de Stalin es la cuestión de la defensa de la Dictadura del Proletariado, la toma de posición respecto al carácter dominantemente proletario o no del Partido Comunista de la Unión Soviética y de todo el Movimiento Comunista Internacional en este periodo.

La valoración que hace el Partido Comunista de China «y con él el movimiento marxista-leninista internacional» que ha analizado cuidadosamente este periodo y ha sacado experiencias extremadamente valiosas para la revolución mundial, es que el PCUS y la URSS fueron en este tiempo, en lo principal, un partido proletario y un Estado de Dictadura del Proletariado y que Stalin, a la cabeza del PCUS, defendió con firmeza el marxismo-leninismo y la Dictadura del Proletariado frente a los ataques de la burguesía.

No obstante, durante ese tiempo, el PCUS, guiado por Stalin, cometió errores que tuvieron dañinas consecuencias para la revolución mundial. Algunos de estos errores fueron de principios, tenían por tanto un carácter muy grave.

Stalin partía de un punto de vista metafísico a la hora de analizar la sociedad soviética, no partía suficientemente del principio esencial de la dialéctica de que todas las cosas, incluso las cosas socialistas, son una unidad de contrarios. No distinguía entre las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones con los enemigos. Esto le llevó a tratar como contradicciones antagónicas contradicciones que no lo eran. Amplios sectores de las masas soviéticas y de buenos comunistas del Partido Bolchevique pagaron duramente este error.

Así mismo respecto al internacionalismo proletario Stalin y con él el PCUS, mostraron cierta tendencia al chovinismo de gran nación, causando serios perjuicios a los intereses de algunos países, pueblos y partidos.

A pesar de estos graves errores, debemos defender a Stalin, tratarlo como a un camarada. Aunque, como dicen los camaradas chinos "la cuestión de Stalin es extremadamente compleja y no se resolverá en este siglo", hoy, su defensa frente a los ataques del revisionismo y de la burguesía en general, es un punto de demarcación entre las posiciones proletarias y las burguesas.
Nuestro partido guía pues su pensamiento y su acción por la línea ideológica que lleva desde Marx, Engels, y Lenin, pasando por Stalin, a Mao Tse-tung.


viernes, 14 de agosto de 2015

la revolución cubana

La revolución que nunca pudo ni debió pensarse 

Por encima de sus muchos logros -y errores- el valor principal de la revolución cubana sigue siendo la implacable voluntad de un pequeño pueblo por transgredir las normas del orden mundial dominante 



Pese a que, a diferencia de Puerto Rico, Filipinas o la isla de Guam, EEUU no consigue tras la guerra hispano-norteamericana de 1898 anexionarse directamente a Cuba como una colonia más, el estatus de la isla va a derivar inmediatamente en una situación de semicolonia yanqui. 

A los Tratados de París que siguen a la guerra y en los que España renuncia a su soberanía sobre la isla, le sucede la famosa enmienda Platt, que obliga a introducir en la nueva constitución cubana tres puntos que dejan la independencia y la soberanía del país en manos de Washington. 
Por el primero de ellos Cuba se obliga a permitir la instalación de bases militares yanquis en su territorio sin más límites que los intereses del ejército norteamericano. 
El segundo prohíbe a Cuba firmar tratados internacionales o endeudarse con cualquier país del mundo sin la aprobación de EEUU. 
El tercero, finalmente, autoriza a las fuerzas armadas norteamericanas a intervenir en el país para “el mantenimiento de un gobierno adecuado”. 
A lo largo de más de 30 años, la enmienda Platt va a asegurar el dominio militar, político y económico norteamericano sobre Cuba. 
No será hasta 1934, cuando EEUU considera que dispone ya de los suficientes recursos internos en la isla y una casta burocrática político-militar vinculada y orgánicamente dependiente de Washington cuando la enmienda será derogada. Ya entonces, Fulgencio Batista forma parte destacada de esta casta político-militar, siendo Coronel Jefe del ejército cubano, miembro de la ‘Pentarquía’ que dirigirá el país entre 1934 y 1940 y presidente en solitario hasta 1944. Desde su cargo de jefe del ejército, Batista se convierte desde entonces en un hombre clave de EEUU para los asuntos de la isla. Y a él va a recurrir –a través de la CIA y el Pentágono– el grupo Rockefeller cuando el presidente Carlos Prío Socarrás, en los inicios de la década de los 50, comienza a poner reparos y pequeños obstáculos a los negocios previstos por el grupo en la industria del níquel en Cuba. El 7 de marzo de 1952, los gobiernos de Cuba y EEUU firman un Acuerdo de Asistencia Mutua para la Defensa. 72 horas después, Fulgencio Batista da el golpe de Estado. No sin antes entrevistarse, en la madrugada del mismo 10 de marzo, con el coronel Fred G. Hook, Jr., jefe de la Misión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Cuba, quien no tendrá empacho en afirmar horas después que “si esto tenía que suceder, Batista era el mejor hombre para el puesto”.

Las visitas de altos mandos de la CIA, representantes del grupo Rockefeller, del trust del acero (la United States Steel Co., propiedad del grupo Carnegie) o de las grandes compañías multinacionales de la alimentación norteamericana se suceden en las semanas siguientes. Al apoyo público y expreso al dictador, se añaden las nuevas y suculentas concesiones económicas, políticas, militares y de inteligencia que Batista concede a EEUU.

Pero la casta burocrática que sustenta a Batista no se conforma con esto. Y descubre una nueva fuente de lucrativos negocios en el trato con los jefes de la mafia norteamericana de Florida. En una serie de artículos titulados “Dinero mafioso, bonanza cubana”, el New York Daily News saca a la luz en enero de 1958 el proyecto conjunto entre la mafia de los Estados Unidos y una serie de corruptos personajes cercanos a Batista, cuyo objetivo es transformar el malecón de La Habana en la mayor y más lujosa cadena de casinos de juego del mundo, desplazando incluso a Las Vegas.

Al grado de intervención de EEUU en la isla se le suma una represión y una corrupción jamás vistas en la isla. Los viejos partidos políticos, presos de sus propias redes de vinculación a EEUU son incapaces, pese a sus protestas, de representar ninguna alternativa para el pueblo cubano. Bajo la falsa apariencia de una próspera estabilidad, se está en realidad gestando, en torno al núcleo opositor articulado alrededor de Fidel Castro, el estallido revolucionario que a través de distintas etapas (asalto al cuartel de Moncada en julio de 1953, desembarco del Granma en diciembre de 1956) va a terminar definitivamente con este estado de cosas.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Felicidades comandante

La revolución que nunca pudo ni debió pensarse 

Por encima de sus muchos logros -y errores- el valor principal de la revolución cubana sigue siendo la implacable voluntad de un pequeño pueblo por transgredir las normas del orden mundial dominante 




El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista -aupado al poder 7 años antes por Washington- huye precipitadamente de La Habana hacia Santo Domingo ante el avance de las tropas revolucionarias que desde la Sierra Maestra se despliegan ya sin oposición por toda la isla.

Siete días después, el 8 de enero, el Estado Mayor de la revolución cubana, comandado por Fidel Castro, Ernesto Ché Guevara y Camilo Cienfuegos, hace su apoteósica entrada en la capital, donde decenas de miles de habaneros los reciben entusiasmados con gritos de apoyo a los revolucionaros y vivas a la patria libre.
En ese mismo instante concluyen 70 años de ominosa opresión semicolonial por parte de EEUU. Una pequeña isla caribeña situada a poco más de cien kilómetros de las costas de Florida se ha atrevido a pensar lo impensable, a imaginar y a realizar lo que hasta entonces parecía inimaginable. En la misma puerta del patio trasero de la primera superpotencia hegemonista de la historia, en el corazón del mar Caribe, que desde el siglo XIX los yanquis habían considerado su “mare nostrum”, un grupo de revolucionarios –los ‘barbudos’, nombre con el que el pueblo denominaba cariñosamente a los revolucionarios del Movimiento 26 de Julio– no sólo se atreven a desafiar al omnímodo poder del Imperio, sino que lo derrotan, alcanzan la independencia nacional de su país y van a ser capaces de mantenerla a lo largo de 50 años hasta nuestros días. El triunfo de la revolución cubana, y su pervivencia a lo largo de medio siglo, es sin lugar a dudas uno de los acontecimientos de mayor trascendencia histórica de la segunda mitad del siglo XX, en particular para los pueblos del mundo hispano.

Por encima de sus muchos logros sociales, y también de sus innegables deficiencias y errores, el valor principal de la revolución cubana sigue siendo la implacable voluntad de un pequeño pueblo por transgredir las normas del orden mundial dominante.
Un orden mundial en el que no es tan siquiera imaginable que una pequeña nación, con apenas 11 millones de habitantes, sea capaz de conquistar y mantener su independencia, su capacidad de decidir por él mismo su destino.
Y hacerlo en las mismísimas barbas del imperio más poderoso que ha existido en la historia de la humanidad. De acuerdo con la lógica del orden mundial hegemonista, la revolución cubana es un hecho que jamás debió ocurrir, que nunca pudo ni debió pensarse siquiera.
Y que, en todo caso, debía haber sido eliminada de raíz nada más producirse. Eso es lo que está en la lógica del imperialismo. Y sin embargo, la tenacidad, la dignidad, el orgullo, el patriotismo del pueblo cubano ha hecho que lo que era inimaginable ocurriera. Que David derrotara a Goliat. Y no una sola vez, sino múltiples veces a lo largo de medio siglo. Resistiendo a invasiones, sabotajes de todo tipo, infinitos intentos de asesinato de sus líderes, actos de terrorismo de la peor especie, un despiadado embargo económico y comercial,...
Muy por encima de cualquier otra consideración, este fermento antiimperialista, esta voluntad de conquistar y mantener a toda costa la independencia política de Cuba es, de lejos, el mayor logro y la más valiosa enseñanza que la revolución cubana ofrece a todos los pueblos del mundo, pero de forma especial, hay que insistir en ello, al mundo hispano.
Incluso en los momentos en que mayores han sido las desviaciones de la revolución –y que como veremos a lo largo del serial tienen su mayor exponente en los años 70, con el alineamiento incondicional del régimen cubano con el imperialismo agresivo y expansionista de la URSS– la preservación de la independencia política ha sido el norte estratégico que ha guiado a Cuba durante estos 50 años.
Lo que explica, a su vez, porque la isla fue uno de los pocos regímenes socialistas capaces de seguir en pie tras la caída de la URSS. Pero todo esto lo veremos con más detalle a través de las sucesivas entregas del serial que ahora comenzamos, y en los que abordaremos las distintas etapas que ha recorrido la revolución.

Desde la toma del poder hasta la invasión de Bahía de Cochinos, desde la crisis de los misiles hasta la salida del Ché.
Desde la actuación del ejército cubano en África hasta la crisis de los balseros en los 90 o el papel y el ejemplo de Cuba en la formación del frente antihegemonista en Iberoamérica coincidiendo con el cambio de siglo.

miércoles, 22 de julio de 2015

Comienzos del Siglo XX





El salto al Imperialismo.






Iª TESIS:

España abre el siglo XX –justo cuando el capitalismo ha culminado el salto a su fase imperialista y
un pequeño puñado de grandes potencias se han repartido el mundo por completo– sometida a una drástica degradación, a una permanente intervención política y militar, condenada a un desarrollo económicolimitado, subordinado a las necesidades del capital extranjero y que nos impone un gigantesco saqueo exterior de las riquezas nacionales.

Cuando el mundo pasa a dividirse entre países imperialistas y pueblos y naciones sometidos,
España ocupará el segundo lugar.

-En 1900 el mundo ya está enteramente repartido entre un pequeño puñado de grandes potencias
imperialistas. Inglaterra clava su bota desde Egipto hasta la India. Francia construye su imperio colonial en Africa y Asia. Alemania, que a principios del XIX todavía era una confederación de pequeños estados, acomete un proceso imparable de expansión. EEUU se convertirá en los primeros años del siglo XX en líder de la producción mundial y acelera su expansión en lo que considera su “patio trasero”. Incluso Italia culmina un proceso de unificación que será al mismo tiempo un “risorgimento” nacional, fijando sus ojos en los Balcanes, el norte y el este de África.

Por el contrario, para España el paso al imperialismo supondrá un nuevo descenso en su degradación
en el concierto de naciones. Si el Imperio Británico había despiezado el mundo hispano, sometiendo a los nuevos Estados a una férrea dependencia, EEUU se apoderará de Cuba, Puerto Rico o Filipinas, convirtiéndolas en colonias de facto.

Territorio colonial conquistado por las principales potencias durante el periodo 1800-1914
País millones de
 KM cuadrados      habitantes
Inglaterra  33,5          393,5
Francia     10,6            22,3
Alemania   2,9              9,7 
EEUU       2,7             10,2  
España   -22,7         -189.8


-A través de la intervención político-militar del imperialismo sobre el corazón del Estado y de la
nueva oligarquía se impone un desarrollo capitalista limitado, subordinado a los intereses de las principales potencias imperialistas y con una abrumadora presencia del capital extranjero monopolizando las principales fuentes de riqueza.

El grado de desarrollo español (o mejor dicho de subdesarrollo por debajo de las potencialidades
nacionales) limitado por la dependencia y el saqueo exterior, se aleja cada vez más de las grandes potencias que han dado el salto al capitalismo monopolista. Si en 1875 la renta española por habitante suponía el 45% de la británica y el 56% de la estadounidense, en 1914 este porcentaje ha descendido hasta el 40% y el 39%.

A pesar de que a principios del siglo XX se forman los primeros grandes bancos nacionales (Bilbao y
Vizcaya en Euskadi, Hispanoamericano o Banesto en Madrid) que se convertirán en los nódulos de la oligarquía financiera, en 1900 el sistema financiero español sigue dominado por el gran capital francés.

La base material de la nueva oligarquia española sigue siendo extremadamente débil. En 1900 la suma de los activos totales de todos los bancos españoles suponía solo el 39% del PIB español, muy lejos de la media del 104% del resto de Europa.

Y el mayor banco español, Banesto, se formará en 1902 por iniciativa del Paribas francés. Hasta 1927
será dirigido por un comité desde París, y estará obligado a entregar el 40% de sus negocios más lucrativos a la matriz francesa.

Los sectores económicos más rentables siguen bajo dominio de un capital extranjero con una
presencia abrumadora. El 70% de las vías ferreas españolas seguía controlado en 1900 por el gran capital francés (los Periere y los Rotschild).

La misma extensión de las vías férreas, uno de los principales motores del impulso del capitalismo en el siglo XIX, evidencia el grado de postración español.

Comparación kilómetros de vías férreas en 1890
País Miles de Kmts
EEUU            268
Inglaterra       107
Alemania         43
Francia             41
Rusia               32
España            10

En 1900 el 70% de la producción minera española sigue en manos del capital extranjero. La mayor
parte de la producción se destina a la exportación (por ejemplo, el 90% del hierro español se dirige a Inglaterra y Alemania), al servicio de las necesidades de la gran industria de la principales potencias.
En 1902 se forman los Altos Hornos de Vizcaya, la primera gran industria con capital español. Pero está a años luz de la gran producción desarrollada por las principales potencias. Entre 1885 y 1905 se cuadruplica en España la producción de acero, pero significa apenas el 0,02% de la producción alemana.

El desarrollo de las grandes industrias de la segunda revolución industrial a finales del XIX y principios del XX (electricidad, química, petróleo...) tendrá también una abrumadora presencia del capital extranjero, especialmente alemán y norteamericano.

Será necesario el debilitamiento de las grandes potencias imperialistas a raíz de la Iª Guerra
Mundial para que la economía española dé un salto. Y habrá que esperar hasta el régimen de Primo de Rivera donde se cuestionarán los intereses imperialistas tradicionales en España, para que se desarrolle verdaderamente el capitalismo monopolista en nuestro país a partir de 1923. Es decir, prácticamente con 50 años de retraso frente a las potencias desarrolladas.

-Ante el temor a la irrupción del proletariado revolucionario, la defenestración de la Iª Republica
supone la renuncia definitiva de la alta burguesía española a hacer su propia revolución, agudiza su entrega a las potencias imperialistas más poderosas del momento, y acelera la fusión entre los círculos más reaccionarios de la burguesía (terrateniente y bancaria) con la aristocracia terrateniente. Lo que lastrará su propio desarrollo económico.

No es ninguna “maldición bíblica” o “defecto congénito” de los españoles nuestro histórico atraso
económico, sino la existencia de una clase dominante entregada a la intervención imperialista la que desde entonces hasta hoy ha impedido el desarrollo de una economía avanzada.

-La restauración borbónica en la figura de un Alfonso XII apadrinado por Inglaterra abre un régimen que será la expresión más acabada del dominio imperialista y oligárquico.
El régimen de la Restauración, vigente hasta 1923, limitará la vida política nacional. Por arriba con una élite caduca y endogámica, directamente vinculada a la oligarquía y plataforma de intervención de las grandes potencias. Por abajo con un asfixiante dominio caciquil.

La ausencia de una revolución burguesa en España va a lastrar el desarrollo político y económico del país. Permitiendo la pervivencia de una desmesurada influencia de la aristocracia y la Iglesia. Manteniendo hasta bien entrado el siglo XX rasgos y estructuras feudales, sobre todo en el campo, que paralizaban el desarrollo capitalista.

En síntesis:

1º.- La burguesía española es débil porque es dependiente, y es dependiente porque está intervenida.

2º.- La intervención política y militar de las potencias imperialistas sobre el estado español busca sistemáticamente adueñarse de las principales fuentes de riqueza, siendo la causa principal del famoso “atraso español”.

3º.- El temor ante la irrupción del proletariado revolucionario, es el factor determinante para que la burguesía española renuncie a hacer su propia revolución. Acelerando la formación de una oligarquía financiera y terrateniente congénitamente débil y subordinada a las potencias imperialistas.