domingo, 16 de julio de 2017

La posición de los comunistas ante la cuestión nacional


El problema de las nacionalidades en España 
a la luz de la intervención imperialista

La posición de los comunistas ante la cuestión nacional:

Defender la libre y solidaria unidad del pueblo de las nacionalidades y regiones de España es revolucionario

El nacionalismo vasco reclama ancestrales derechos e identidades que se remontan a la noche de los tiempos como origen de su existencia; el catalán, más comedido, retrocede sólo mil años para definir su esencia nacional.

No es necesario, sin embargo, ir tan atrás en el tiempo. No existe en todo nuestro pasado una coyuntura histórica donde el problema de las nacionalidades aparezca de forma tan diáfana y cristalina como en los tres años de nuestra guerra nacional revolucionaria, entre 1936 y 1939.

Durante ese período van a quedar perfectamente reflejadas las posiciones de las distintas fuerzas políticas y de clase ante los tres tipos de contradicciones que históricamente han recorrido –y siguen haciéndolo– el problema de las nacionalidades en España:

1.- La contradicción entre unidad y fragmentación (contradicción que, como veremos en la Escuela, no responde fundamentalmente a causas internas, no es, en este sentido, un demonio familiar interno, sino importado desde fuera)

2.- La contradicción entre unidad y articulación (es decir, las formas políticas en que debe darse la unidad, esta sí, una contradicción que hunde sus raíces entre nosotros).

3.- Y, presidiendo y determinando el desarrollo y la relación de ambas la contradicción entre los intereses imperialistas, de las distintas potencias imperialistas más fuertes de cada época, por dominar a España y los intereses nacionales y populares de conquistar frente a ellas la independencia y la libertad.

Entre 1936 y 1939, la agudización y el antagonismo extremos que adquiere la contradicción principal que recorre nuestro país –la que enfrenta a la oligarquía y el imperialismo con el pueblo– permiten (y a la vez fuerzan) que el resto de contradicciones se alineen en torno a esta cuestión central y por tanto se presenten en su forma más descarnada y abierta posible, sin veladuras ni mixtificaciones.


I.- La línea impulsada por el PCE de José Díaz y Pasionaria durante la Guerra Nacional Revolucionaria sintetiza, por primera vez en España, la posición de los comunistas y revolucionarios ante la cuestión nacional, desde los intereses comunes de la clase obrera y el pueblo trabajador frente al dominio imperialista y oligárquico. De 1936 a 1939 el PCE, partiendo de los fustes fundamentales del leninismo y aplicándolos al análisis de la situación concreta en España, establece una justa línea revolucionaria desde donde abordar el problema de las nacionalidades para fortalecer la unidad del conjunto del pueblo español contra sus enemigos comunes. 

Vamos a establecer las claves de esta posición revolucionaria ante la cuestión nacional estudiando fragmentos de un folleto editado en 1938 por la editorial “Ediciones del Partido Comunista de España”, y escrito por Vicente Uribe, miembro del Comité Central del PCE, ministro de Agricultura durante el Gobierno de Largo Caballero y de Instrucción Pública en el de Negrín.

“El problema de las nacionalidades en España no puede ser examinado separadamente de la cuestión nacional general de España, de la revolución democrática de toda España, de la guerra por la libertad y la democracia. La cuestión de las nacionalidades, en el período actual, tiene que ser tratada necesariamente dentro del conjunto de las circunstancias históricas del momento y las obligaciones que de ahí se derivan, cuyo desarrollo y ejecución asegurarán el triunfo sobre los invasores fascistas alemanes-italianos y sus agentes.

La solución acertada de las reivindicaciones democráticas y parciales de las distintas nacionalidades de España se encuentra únicamente tomando en consideración todas las particularidades y condiciones interiores y exteriores del desenvolvimiento de la lucha general de todos los pueblos españoles para restaurar y consolidar la independencia e integridad de la Patria. Asimismo la guerra por la independencia de la República española no se puede examinar sin tener en cuenta su contenido social político interior y las condiciones internacionales que la rodean. Solamente de esta forma encontraremos los motivos teóricos exactos de la posición político-práctica que en esta guerra tenemos los proletarios y los comunistas de España y de todo el mundo”.

¿Cuáles son las claves que nos está planteando Vicente Uribe desde donde los comunistas abordamos la cuestión nacional?

1º.- El problema de las nacionalidades debe plantearse desde los intereses de clase comunes de todo el proletariado y las clases populares en el conjunto de España, y su lucha contra los enemigos también comunes. 

Si no se hace desde aquí, si se considera “separadamente”, al margen de las clases y como un conflicto entre “las libertades de las nacionalidades” y “la opresión española”, se adopta inevitablemente la posición y el punto de vista de la burguesía, dividiendo las filas del pueblo.

Tal y como planteaba Lenin “si el marxista ucraniano se deja arrastrar por su odio legítimo y natural a los opresores gran-rusos hasta el extremo de hacer extensiva aunque sólo sea una partícula de ese odio a la causa proletaria de los obreros gran-rusos, ese marxista se habrá deslizado a la charca del nacionalismo burgués.”

2º.- La cuestión nacional solo puede valorarse a la luz de la lucha contra los principales explotadores y opresores, que en la época del imperialismo son las principales potencias mundiales.

Por eso, como afirma Uribe, debe tomarse en consideración en primer lugar “el triunfo sobre los invasores fascistas alemanes-italianos y sus agentes”. Y someterlo a “la lucha general de todos los pueblos españoles para restaurar y consolidar la independencia e integridad de la Patria”, frente al dominio del imperialismo.

3º.- Si la contradicción principal es el dominio imperialista, la solución a las justas reivindicaciones de las nacionalidades jamás vendrá de una lucha parcial y segregada.

Sólo puede alcanzarse fortaleciendo la unidad con el conjunto del pueblo español, avanzando en la conquista de una España independiente del dominio de las grandes potencias.

El texto de Vicente Uribe continúa:

“Ahora todo el mundo sabe que HitIer y Mussolini fueron los principales instigadores y dirigentes del complot; fueron, y continúan siendo, los supremos iniciadores y dirigentes de la guerra contra la República española. (…) Muy pronto se manifestó, y se hizo evidente para todo el mundo, que los generales traidores Franco, Mola, Sanjurjo y compañía, no son sino agentes ejecutores de los planes político-militares del imperialismo fascista italo-alemán.

(…) La circunstancia de la solidaridad con Hitler y Mussolini, expresada por Deterding y los grupos reaccionarios fascistas de las oligarquías financieras de la Gran Bretaña, Francia y otros países, no aminora, sino que subraya con mayor fuerza el carácter bandolero de pillaje, reaccionario y destructor de la guerra contra la República española.

(…) La guerra contra la República española es una guerra de bandidaje, de rapiña, reaccionaria, imperialista, colonial, conquistadora”.

Aquí Vicente Uribe reafirma y desarrolla lo antes planteado en dos puntos clave:
Establecer el carácter de la guerra como nacional y revolucionario. Insistiendo en que se trata de “una guerra por la independencia de España”, contra el dominio imperialista.

Frente a reducir el blanco a las élites internas reaccionarias, el PCE sitúa que los enemigos a batir no son sólo los ejércitos franquistas y la oligarquía que sustenta el fascismo. El “Estado Mayor” del fascismo está en Berlín y en Roma, y no en Madrid. Y los generales fascistas “no son sino agentes ejecutores de los planes político-militares del imperialismo fascista italo-alemán”.
Por primera vez la izquierda revolucionaria en España se quita “la venda en los ojos” que le mantenía ciega ante la intervención imperialista.

Situando correctamente el centro del blanco en las principales potencias imperialistas, y señalando el carácter vendepatrias de la oligarquía española.

Es desde aquí que el PCE puede establecer un justo tratamiento de la cuestión nacional, desarrollando con rotundidad la posición de los comunistas ante la unidad y la fragmentación.

II.- Las claves de la defensa de la unidad desde los intereses y la lucha común de la clase obrera.

Continuamos con Vicente Uribe y el texto del PCE:

“Al mismo tiempo que los más consecuentes internacionalistas somos los más fieles luchadores y defensores de la República española; los más entusiastas defensores de la Patria española; los más fieles ardientes patriotas de la España democrática; los más decididos enemigos de toda tendencia separatista; los más convencidos partidarios de la Unidad Nacional, del Frente Popular, de la Unidad popular.

(…) Las cuestiones particulares nacionales de los catalanes, vascos y gallegos están ligadas vitalmente con la cuestión nacional de toda España. Se han convertido en cuestión particular de la guerra democrática de toda España por la independencia. Los intereses nacionales específicos, la pequeña Patria de los catalanes, vascos y gallegos, se ha convertido en parte inseparable de los intereses generales de la gran Patria de todos los pueblos de España. Es indudable que los intereses nacionales, particulares, de las distintas nacionalidades de España no han desaparecido, no se han borrado. Existen y se han hecho aún más sensibles, puesto que han sido comprendidos por las masas, aun mejor que antes. (…) Los sentimientos nacionales, el patriotismo y el amor a la libertad de los catalanes, vascos y gallegos, se han confundido en el círculo general, potente y combativo del gran patriotismo revolucionario de todos los luchadores en defensa de la independencia y la libertad de la España republicana y democrática. Las grandes masas del pueblo sienten y comprenden que la defensa de la independencia, de la integridad y la democracia de España, que la defensa de la República española, es la causa común de todos y un deber, un honor y un motivo de orgullo para todas las nacionalidades de España.

El PCE sintetiza aquí las razones de la defensa de la unidad desde los intereses y objetivos del proletariado revolucionario:

1º.- La lucha conjunta del proletariado, y el resto de clases populares, contra sus enemigos comunes -las grandes potencias imperialistas y la clase dominante local- exige fortalecer tanto la “Unidad popular” como la “Unidad nacional”.

La defensa de la unidad, que para la burguesía es una cuestión de territorio y de mercado, para el proletariado revolucionario está unida a sus intereses históricos como clase.

Lenin establece con claridad que los comunistas“luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a todos los obreros de todas las naciones de este Estado. Pero no se puede ir a este objetivo sin luchar contra todos los nacionalismos”.

Por eso Lenin y los bolcheviques trazan una clara línea de demarcación entre la posición de la burguesia y el proletariado al abordar la cuestión nacional:“La burguesía coloca siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales y las plantea de modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Al proletariado le importa garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar ese desarrollo posponiendo las tareas de dicho desarrollo a las tareas de “su” nación. La política del proletariado en la cuestión nacional es una política de principios, apoyando a la burguesía, sólo condicionalmente”.

2º.- Desde la lucha contra el dominio imperialista y oligárquico, se forja un nuevo patriotismo revolucionario, que fortalece la unidad del conjunto del pueblo español frente a sus enemigos comunes.

En la época del imperialismo no se puede ser internacionalista sin ser patriota, sin luchar contra el dominio del imperialismo. Este es un punto fundamental del leninismo, que enarbola la lucha de las naciones oprimidas por su independencia como parte del combate general contra los principales explotadores, las potencias imperialistas.

Desde aquí Vicente Uribe llama a la “defensa de la independencia político-estatal y la integridad territorial de España” que el proletariado y los comunista debemos encabezar está dirigida por la lucha contra el imperialismo.

Frente a todas las tergiversaciones posteriores -que han identificado unidad con reacción y disgregación con progresismo- es en el momento donde la izquierda española es más consecuentemente revolucionaria cuando con más conciencia y firmeza ha defendido la unidad.

3º.- La lucha de todo el pueblo por la independencia frente al dominio imperialista y la lucha de las nacionalidades son inseparables.

Es necesaria la unidad popular y nacional para derrotar al imperialismo, y las nacionalidades solo podrán ser realmente libres conquistando, junto al resto del pueblo español, una España independiente.

Seguimos con el texto:

“En la guerra contra la República los generales traidores y sus amos buscan el exterminio de las conquistas nacionales de Cataluña, Vasconia y Galicia, la supresión de sus Estatutos, destruyendo todos los elementos de la cultura nacional propia de estos pueblos.

(…) la clase obrera no sólo se encuentra a la vanguardia de la lucha de todo el pueblo por la libertad, la independencia y la democracia, sino que juega un papel decisivo en la determinación y ejecución en la política general del Estado. La clase obrera está interesada vitalmente en la conservación y perfección del régimen democrático; en que se realice la colaboración creadora y solidaridad fraternal de todos los pueblos españoles.

(…) La política del Gobierno de Unión Nacional, presidido por el camarada Negrín, está claramente manifestada en el punto 5º del programa aprobado por el Consejo de Ministros. Dice así: «Respeto a las libertades regionales, sin menoscabo de la unidad española. Protección y fomento al desarrollo de la personalidad y particularidades de los distintos pueblos que integran España, como lo imponen un derecho y un hecho históricos, lo que, lejos de significar una disgregación de la Nación, constituye la mejor soldadura entre los elementos que la integran.»

Así, pues, la situación general creada en la República, después de julio del 36, se caracteriza: de un lado, por la falta de cualquier motivo e interés material, económico, social o político, determinante de situación privilegiada de una nacionalidad y de situación de desigualdad para las demás nacionalidades; y, de otro lado, por la existencia de todas las condiciones y factores necesarios para una colaboración activa y fraternal, cada vez más estrecha, entre todos los pueblos españoles, sobre la base de una confianza mutua y de la unidad combativa, inseparable, por la causa general contra el enemigo común.”

Vicente Uribe establece aquí como sólo desde los intereses de clase del proletariado es posible acabar con la opresión nacional:
Por un lado, porque el interés de clase del proletariado es acabar con la explotación y con cualquier tipo de opresión, también la nacional.

Marx planteaba ya en el Manifiesto Comunista “abolid la explotación del hombre por el hombre y habréis abolido la explotación de una nación por otra”. Al tiempo que reafirmaba que “la acción común de los diferentes proletarios es una de las primeras condiciones de la emancipación de las naciones oprimidas”.

Y Vicente Uribe reafirma que “la clase obrera está interesada vitalmente (…) en que se realice la colaboración creadora y solidaridad fraternal de todos los pueblos españoles”.
Por otro lado porque sólo bajo la dirección del proletariado revolucionario es posible alcanzar la libre unidad del pueblo de las nacionalidades y regiones de España.

El PCE toma una clara posición contra la opresión a que son sometidas las nacionalidades bajo el dominio del imperialismo y la oligarquía. Formulando en el punto 5 de “Los 13 puntos de Negrín” -un programa a toda la nación de resistencia frente a la agresión imperialista y fascista- como unidad y pluralidad se refuerzan mutuamente, estableciendo la “protección y fomento al desarrollo de la personalidad y particularidades de los distintos pueblos que integran España”, y como eso “lejos de significar una disgregación de la Nación, constituye la mejor soldadura entre los elementos que la integran”.

III.- En torno a la posición ante la contradicción principal (con el imperialismo y con la oligarquía) se deslindan con claridad dos líneas antagónicas en las fuerzas nacionalistas. Revelando el carácter pro-imperialista de sus sectores más reaccionarios y rabiosamente independentistas.

El tratamiento dado por el PCE al conjunto de fuerzas nacionalistas va a partir de la contradicción principal; la lucha contra la agresión imperialista y fascista. Dice así:

¿Ha sido comprendida por los dirigentes políticos y representantes verdaderos de los pueblos catalán, vasco y gallego la nueva situación de las nacionalidades de la España republicana después de julio del 36? Sin duda alguna, ha sido comprendida. La demostración evidente de esto consiste en que dichos dirigentes y representantes participan de manera voluntaria y entusiasta, junto con su pueblo, en todos los terrenos de la lucha general por la defensa de la República, de la libertad y de la independencia.

(…) Es verdad que, tanto entre los vascos como entre los catalanes, se encuentran algunos individuos que conservan antiguos conceptos formados en las viejas condiciones políticas (…) intentan resucitar, entre ciertos núcleos del pueblo –afortunadamente sin resultado alguno– los antiguos sentimientos de desconfianza y enemistad hacia la República. (…) Quienes de tal manera proceden son gentes que se equivocan de buena fe, o que reflejan inconscientemente la influencia del enemigo. (…) En estos casos se trata, desde luego, de gente honrada y amante de su país.

Sin embargo, encontramos con mayor frecuencia conductas que nada tienen que ver con la honradez y con el amor al país. En mayor grado nos encontramos, en este sentido, con provocadores encubiertos, con trotskistas, con agentes de Franco, Mussolini, Cambó y compañía. Por regla general, estos elementos son enemigos del pueblo y actúan bajo la máscara de un nacionalismo cerrado y egoísta, pero de hecho reaccionario, que convierte los distintos párrafos de los estatutos o de la Constitución en sofismas reaccionarios. Su tarea consiste en crear el mayor número de dificultades, introducir la disgregación, provocar discordias, debilitar la Unidad nacional de todos los pueblos de España. Es natural que contra dichos sujetos se impone una lucha despiadada y la obligación de descubrir, ante el pueblo, su verdadera faz de enemigos de la República.

¿Qué extraemos de aquí?

1º.- La línea impulsada por el PCE, diferenciando quiénes son los auténticos enemigos y quiénes los verdaderos amigos, permite unir consecuentemente a la inmensa mayoría de las bases y dirigentes de las fuerzas nacionalistas, que se colocan del lado de las filas del pueblo, incluso aunque ello les lleve a tener que abandonar o postergar indefinidamente los mismos objetivos políticos por los que hasta entonces habían estado luchando.

2º.- El PCE lleva una política de unidad y lucha con las fuerzas nacionalistas. Criticando las posiciones que en su seno debilitan la unidad, pero estableciendo al mismo tiempo que la inmensa mayoría de ellos “se equivocan de buena fe”, y a pesar de lo profundamente erróneo de su actuación, son gente unible, ganable para el campo de las filas del pueblo.

3º.- El blanco se concentra sólo en aquellos sectores minoritarios que “introducen factores de disgregación”, y son tratados como “agentes del enemigo, de la reacción y del imperialismo, incrustados en las filas del pueblo”.

Los hechos confirman la justeza de esta línea.

La agudización de los ataques del imperialismo demarcan las dos posiciones antagónicas que conviven en el seno de las fuerzas nacionalistas.

La inmensa mayoría de los miembros y dirigentes de las fuerzas nacionalistas van a fortalecer su unidad con el conjunto del pueblo español, sometiendo sus reivindicaciones a la lucha común contra el fascismo.

Lluis Companys -cuya figura es hoy subvertida por los sectores más independentistas- es quizá el mejor ejemplo.

El 6 de octubre de 1934 Companys proclamó el Estat Catalá dentro de la “República federal española”. No era una declaración de independencia. Sino el apoyo a la huelga general que las fuerzas obreras y revolucionarias han convocado en toda España como respuesta a la entrada en el gobierno de la CEDA, representante de los más reaccionarios intereses oligárquicos y punta de lanza de la amenaza fascista.

Companys fue detenido, junto a todo el gobierno de la Generalitat, y el estatuto catalán suspendido. Será el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 el que devolvió a Cataluña su autonomía perdida y se restituyó a Companys y al gobierno catalán legítimo en sus puestos.

De 1936 a 1939, Companys encabezará la unidad de Cataluña con el resto de España en la lucha común contra el fascismo. Respaldando con pasión la lucha popular en Madrid con frases tan elocuentes como esta: “¡Madrileños, Cataluña os ama!”. O editando carteles bajo el lema “¡Fill, Madrid et necessita!” (¡Hijo, Madrid te necesita) llamando a alistarse para la defensa de Madrid.

En marzo de 1938, la Generalitat edita el folleto “El President de Catalunya diu...”, reproduciendo un discurso de Companys que hoy sería inaudito:

“Los soldados catalanes por centenares de millares luchan en todos los frentes de la República. El pequeño escudo de bronce con las cuatro barras de nuestra bandera encima del pecho infunde bravura a los catalanes encuadrados en las líneas de combatientes que preside la bandera gloriosa de la España autónoma y democrática, que combate por su independencia. La pólvora de Cataluña y los instrumentos de guerra salidos de ella son una nueva contribución al alzamiento hispánico para la defensa de su patria territorial y espiritual. Cataluña y la libertad son una misma cosa; en donde vive la libertad, se encuentra mi patria.

Por otra parte, y virulentamente enfrentados a la línea que representa Companys, o los gudaris vascos que lucharon contra el fascismo, está el reducido grupo que forman los sectores más radicalmente independentistas. Éstos mantienen las posiciones más abiertamente reaccionarias, racistas y excluyentes (introduciendo factores de disgregación, provocando discordias y rencillas y atacando y debilitando constantemente la unidad) apareciendo permanentemente en tratos con los imperialismos más feroces y agresivos.

Los círculos nucleados en torno a Josep Dencàs, fundador de Estat Català, creador dels “escamots”, una fuerza paramilitar de carácter fascista, y que tuvo que exiliarse en 1937 por su participación en la represión contra los anarquistas, intentó primero ofrecer sus servicios a la Italia mussoliniana a cambio de conseguir una Cataluña independiente. Más tarde, en 1940 estableció contacto con los dirigentes alemanes instalados en Vichy para explorar la posibilidad de que la Alemania nazi, una vez ganada la guerra e impuesto su Nuevo Orden en Europa, apoyara la creación de un Estado catalán.

También se unieron a las maniobras disgregadoras los sectores nacionalistas más vinculados a Francia e Inglaterra, con el claro objetivo de impedir el triunfo de una España popular.

Joan Casanovas, que llegó a ser presidente del parlamento catalán, intentó que ante el triunfo franquista Cataluña, con la protección de Francia, se convirtiera en un territorio soberano, separado de España en concepto de “zona fuera de la influencia de los estados fascistas”, para ser entre los Pirineos y el Mediterráneo “un factor de equilibrio y orden”.

A finales de 1937 y principios de 1938 los sectores más liberales y probritánicos dentro de ERC, encabezados por Carles Pi i Sunyer, van a sumarse a las presiones de la embajada inglesa para expulsar a los comunistas del gobierno y acordar una rendición frente a las tropas franquistas. Y cuando el ejército franquista iniciaba su final en Cataluña, esos mismos sectores provocarán una crisis en el gobierno de la Generalitat que debilitará la capacidad de resistencia.

En 1938 el representante de la Generalitat en Londres, Batista i Roca, se dirige al Foreign Office con un memorándum en el que pide la mediación inglesa para terminar la guerra, y un referéndum en Cataluña bajo supervisión internacional.

Finalizada la guerra, Carles Pi i Sunyer constituirá en Londres el Consell Nacional de Catalunya -frente al que todavía encabezaba Companys desde París- para ofrecerse en 1941 como vía de intervención en España a cambio de que Londres reconozca la independencia catalana

sábado, 17 de junio de 2017

la historia de la industria del petróleo en España





Cuando España se enfrentaba a los monopolios confabuladoras







En 1917, cuando el petróleo en España representaba el 0,3% en el uso final de energía, Joaquín Sánchez de Toca, ministro conservador de la época e hijo del médico que atendió en sus últimas horas al General Prim, escribió una pequeña obra titulada El Petróleo como artículo de primera necesidad para nuestra economía nacional. Según he leído en un artículo de Adrian Shubert, este escrito de Sánchez de Toca es el que inspiró, durante el gobierno de Primo de Ribera a su ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo, para realizar la nacionalización del petróleo. Esta iniciativa se plasmó en el Real-Decreto Ley 1141 de 28 de junio de 1927, publicado en la Gazeta de 30 de junio de ese mismo año. En él, después de un “mono” parte sobre el buen estado de salud de la familia real de Alfonso XIII en Londres, se puede leer la exposición de motivos que el mismo Calvo Sotelo hace sobre la ley. En esta exposición se habla del problema del petróleo como uno en primera línea de todos los que modernamente interesan a todos los pueblos.

En el texto se justifica la nacionalización del petróleo, que daría lugar a la creación de CAMPSA, por tres razones. Primero se entiende que la industria del petróleo, por sus efectos de arrastre sobre otros sectores, puede ser uno de los instrumentos para la industrialización del país; segundo se asume que el petróleo es un instrumento básico de la defensa nacional (entiendo que como combustible de la flota marina y aérea); y en tercer lugar, se le ve también como una fuente de ingresos fiscales. Estas tres razones conducen a una de las frases más graciosas del texto, en la que se dice que el nuevo monopolio no significa realmente una instauración, sino tan sólo sustitución; porque de hecho, en materia de petróleos vivimos en régimen de Monopolio en manos de muy pocas entidades privadas cuya confabulación, siempre posible y en derecho estricto difícilmente reprimible, sobre todo si aquellas se amparan en fuero de extranjería, podría ocasionar riesgos gravísimos al consumidor y al mismo Estado, impotentes para desbaratarla.


A tenor de lo que cuenta Adrian Shubert, al final estas entidades privadas, apoyadas por sus gobiernos respectivos, fueron las que desbarataron el proyecto inicial. Este proyecto inicial era crear una empresa petrolera integrada española (con capital y trabajo nacional), cuya participación del Estado había de ser del 30%. Para crear esta empresa, se tuvo que nacionalizar lo que ya existía en la Península Ibérica: Industrias Babel y Nervión, inicialmente de capital francés y comprada por la Standard Oil de Jersey (1925), la Sociedad Petrolífera Española, filial de la Royal Dutch Shell,y otras empresas menores, fundamentalmente francesas, así como integrar a la Sociedad de Petróleos Porto Pi, creada por Juan March en 1925 -cuya emblemática y arquitectónicamente maravillosa gasolinera puede verse todavía hoy en Madrid en la Calle Alberto Aguilera.

Ello culminó en una batalla sobredimensionada, vista la minúscula dimensión del mercado petrolífero español de la época (en 1927, sólo el 2,1% del consumo final total de energía tenía como origen el petróleo) y la poca importancia de la Península Ibérica en el juego petrolífero mundial, que no acabó con CAMPSA, pero costó un dineral al erario español y desvirtúo el proyecto inicial de tener una empresa petrolera nacional fuerte. Esta batalla perdida, históricamente tiene su gracia, pues contiene algunos ingredientes relevantes para el relato del devenir de la industria petrolera internacional.

Esta historia transcurre entre 1925 y 1927; año, el primero, en el que quedaron fijadas en Lausana las fronteras entre Turquía e Iraq, incluyendo la región de Mosul, y con ello las concesiones petrolíferas en Oriente Medio; y año, el segundo, previo a que las siete compañías petrolíferas más poderosas del mundo (según Calvo Sotelo, los monopolios privados confabuladores) se constituyeran en las Siete Hermanas y se repartieran, junto a la Compañía Francesa de Petróleo, el mercado mundial. Por ello este pequeño acto, cebollante, de creación de una compañía nacional fuera del ámbito de la gran industria petrolera internacional, pudo ser considerado, por parte de ésta, como un acto de rebeldía que no se debía tolerar. Máxime si se tiene en cuenta, que la única empresa petrolífera implicada en la historia, la de la Sociedad Petróleos Porto Pi, había logrado un acuerdo con las autoridades soviéticas para importar crudo desde la URSS, sólo tres años después de que en la Conferencia de Génova y subsiguientes, se limitaran sustancialmente las relaciones entre la incipiente industria petrolera soviética y la occidental. Ello, aunque ahora podamos pensar que no tenía futuro alguno, rompió la hegemonía de las “grandes” en España y debió ser visto como una disidencia a no permitir.

Es curioso, pero visto en perspectiva, éste debió de ser uno de los momentos de máxima actividad diplomática internacional en torno al sector petrolífero español. Se creó una campaña de boicot internacional y se desestabilizó, a la ya inestable, dictadura de Primo de Rivera. Parece increíble que un país atrasado como España, con un ínfimo consumo de petróleo, por querer crear una compañía de petróleos nacional con participación estatal, creara tal alboroto, pero la moraleja es evidente: el poder del monopolio no se logra por el buen hacer, sino por la exclusión de cualquier atisbo de competencia, por pequeña e inofensiva que esta sea. Esto fue así, cuando esta industria era incipiente, y lo es ahora, cuando está madura y obsoleta.

La diferencia es que, entonces, el gobierno intentó oponerse, en palabras de Calvo Sotelo, a ese poder privado que atenta contra el consumidor y el Estado, mientras que ahora, nuestros gobernantes favorecen su poder. Intuyo que esta debe ser la diferencia entre un conservadurismo nacional y uno globalizado, pues por lo demás, las distas ideológicas entre el gobierno de entonces y el de ahora, parecen pocas.

jueves, 15 de junio de 2017

Escuela zonal 12

            

La venda en los ojos

           
 El hilo conductor de esta ciclo de Escuelas de Marxismo sobre la historia de España está concentrado en su mismo título: “¿España, potencia imperialista o país dominado?”.
           




Frente a una visión dominante sobre nuestra historia que pone el foco de atención en “el atraso español” o en el carácter reaccionario de las élites locales, vamos a demostrar con hechos como el factor determinante que explica tanto el pasado como el presente es la intervención de las principales potencias imperialistas para dominar España.
            Después de estudiar el siglo XIX en la primera escuela de este ciclo, vamos a concentrar nuestra atención en el primer tercio del siglo XX, un periodo donde gracias a la debilidad de las potencias dominantes tradicionales -Inglaterra y Francia- tras la Iª Guerra Mundial, se abre la posibilidad de que España emprenda el camino de un desarrollo autónomo donde puedan expresarse todas sus potencialidades. En el terreno económico pero también en el científico o cultural, donde se vive, a partir de los años veinte, una auténtica Edad de Plata de la cultura española.
            Un horizonte cuyos límites vienen una vez más determinados por el grado de dependencia respecto a las principales potencias, y su capacidad para intervenir en nuestro país para cercenar la posibilidad de un desarrollo autónomo que cuestione sus intereses.
            Una contradicción que se expresa -en unos términos que podrían perfectamente aplicarse a la España actual- en un artículo aparecido en septiembre de 1916 en la Revista Nacional de Economía, una publicación en la que escribían los principales economistas y científicos de la época: “Se presentan para España dos caminos: o recibir, aceptar humildemente agradecida, el capital extranjero, más o menos disimulado o suave, y por ende el dinero extranjero, la técnica extranjera, y que sean los embajadores extranjeros los que gobiernen con su baraja de ministros, ministrables y presidentes, con sus cortesanos adictos y sus generales afectos y sus magistrados agradables y sus periodistas y sus intelectuales a sueldo, o España tiene que buscar ardientemente el camino del trabajo, del estudio, de la austeridad y del deber, la reconquista de su casi perdida independencia política, de su riqueza monopolizada por la banca extranjera, haciéndose su técnica propia, su banca propia, su cultura propia para llegar a ser nación independiente de pleno iure”.
            En torno a este nódulo principal van a desarrollarse todos los acontecimientos que definirán a principios del siglo XX un desarrollo capitalista en España cuyos pilares siguen vigentes en la actualidad.

1º.- El nacimiento y desarrollo del movimiento obrero. 
La venda en los ojos.

            El movimiento obrero nace en España en el siglo XIX, y se desarrolla extraordinariamente durante el siglo XX, con una enorme combatividad y organización. En 1917, al calor de la Revolución de Octubre, las principales fuerzas obreras y populares convocan una Huelga Nacional Revolucionaria que paraliza el país, y en el campo andaluz se abre un periodo conocido como “el trienio bolchevique”.
            Pero, a pesar de las enormes evidencias que lo atestiguan, en el movimiento obrero existe una ceguera absoluta sobre como España se ha convertido en un país intervenido donde el principal muro que hay que derribar para abrir un camino revolucionario es el dominio de las grandes potencias imperialistas.
            Se dirige la lucha popular contra el patrón sin situar el centro en el control del capital extranjero, contra el cacique y no frente a la intervención de las embajadas extranjeras sobre la vida política del país...
            Una auténtica “venda en los ojos” ante la intervención imperialista que ha impedido a una clase obrera y un pueblo extraordinariamente combativo derrotar a sus auténticos enemigos.
            En esta escuela vamos a abordar una primera explicación de las razones objetivas de esta inexplicable ceguera en las fuerzas del movimiento obrero español: ¿ha surgido “espontáneamente” o se ha impuesto de forma interesada?

2º.- La configuración de la oligarquía

            En las primeras décadas del siglo XX se configura definitivamente la clase dominante en España: una oligarquía financiera vinculada familiarmente con los terratenientes, pero que tiene ya su nódulo principal en un selecto grupo de grandes bancos con participación directa en la gran industria.
            Y que fortalece su “unión personal” con el Estado, a través de cuadros que alternan los principales ministerios con el consejo de administración de los grandes bancos e industrias.

3º.- La dictadura de Primo de Rivera: 
el íntento de desarrollar un capitalismo nacional autónomo

            La dictadura de Primo de Rivera -vigente desde 1923 a 1929- es valorada como uno más de los regímenes reaccionarios y derechas que han recorrido la historia del país. En realidad su sentido histórico es muy diferente. Representa el primer y único intento de desarrollar, desde sectores oligárquicos y el Estado, un capitalismo nacional independiente.
            Algunos de los principales monopolios españoles, como Telefónica o Campsa, nacen en este momento.
            Para ello fue necesario cuestionar en parte los tradicionales lazos de dependencia hacia las grandes potencias y el capital extranjero. Expropiando a la todopoderosa Standard Oil y la Shell con el objetivo de recuperar el control nacional sobre sectores estratégicos como el energético. Y buscando, ante la presiones británicas, un acuerdo con la URSS -la bestia negra de toda la burguesía mundial- para abastecerse de petróleo.
            La intervención, principalmente desde la embajada inglesa, tejerá una red para acabar a cualquier precio con el régimen primorriverista. Los nódulos de la oligarquía, a pesar de haber salido enormemente beneficiados del crecimiento económico durante este periodo, se plegaran a los ataques exteriores, demostrando su incapacidad para encabezar un proyecto independiente.

La Escuela de Marxismo se celebrará 
el viernes 16 y sábado 17 de junio

-          Tiene una matrícula de 6 euros.

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lunes, 5 de junio de 2017

EL ETERNO Y OBLIGADO RETORNO A MARX

“El retorno de Karl Marx para entender lo que está pasando en el capitalismo avanzado”.






El título de la última columna del economista Vicenç Navarro -una de las referencias del pensamiento progresista en España- no exige explicación alguna:

En él se nos desvela como incluso entre los principales propagandistas del pensamiento liberal y conservador -como el seminario británico The Economist- se reconoce la validez de las aportaciones de Marx, y la necesidad de partir de ellas para poder comprender los principales acontecimientos del mundo actual.

El artículo de Vicenç Navarro (que se puede consultar en Público) tiene la virtud de poner de manifiesto cómo el marxismo (que como recuerda el economista catalán “ha sido definido por algunas voces como anticuado, irrelevante o cosas peores”) es un obligado punto de referencia incluso para sus más acérrimos detractores.

No es la primera vez que Vicenç Navarro nos recuerda cómo los hechos corroboran la validez del análisis de Marx sobre el capitalismo. También en su habitual columna en Público, publicó en agosto del pasado año el artículo “Marx llevaba bastante razón”.

Vicenç Navarro es una influyente figura en el ámbito progresista. Exiliado durante el franquismo, fue asesor del gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende y del gobierno cubano, pero también de algunos de los principales gobiernos socialdemócratas en Europa. Elaboró, junto a Juan Torres, una propuesta de programa económico para Podemos, y fue incluido en la lista presentada por Pablo Iglesias en su última asamblea general.

"Incluso los grandes centros de poder están obligados a reconocer que la validez de los fustes y las predicciones sobre el desarrollo del capitalismo establecidas por Marx"

Pero para defender la validez del marxismo, Vicenç Navarro no recurre a movimientos y pensadores revolucionarios o progresistas... sino a las fuentes más conservadoras.

Principalmente al seminario británico The Economist, portavoz de los intereses de la City londinense y del gran capital norteamericano, y considerado desde su fundación en 1843 poco menos que como la biblia del pensamiento liberal.

En una de las históricas columnas del seminario británico (llamada “Bagehot”, y que cumple el papel de un segundo editorial) uno de sus principales analistas -Adrian Wooldridge- nos presenta un título (“El momento marxista”) y un subtítulo (“Los laboristas llevan razón: Karl Marx tiene mucho que enseñar a los políticos de hoy en día”) sorprendentes en un medio tan conservador.

Cuando son las grandes burguesías las que avalan a Marx

La columna de The Economist tiene su origen en la política doméstica inglesa. En plena campaña electoral, para atacar al candidato laborista, algunos políticos y medios conservadores se han lanzado a lo que Vicenç Navarro define como “una burda, grosera e ignorante demonización de Marx y del marxismo”.

Pero el analista de The Economist se eleva por encima de las trifulcas partidistas... para dar la razón a Marx.

Adrian Wooldridge reconoce explícitamente que, como estableció Marx, “la presente crisis no se puede entender sin partir de los cambios dentro del capital, por un lado, y el crecimiento de la explotación de la clase trabajadora”.

Pero Wooldridge no se detiene aquí en su reconocimiento a los aciertos de Marx. Pone de manifiesto como una de las principales características del capitalismo es, como predijo Marx, “la creciente monopolización del capital, tanto productivo como especulativo, que está ocurriendo en los países capitalistas más desarrollados”.

El analista de The Economist vuelve a confirmar a Marx al corroborar que “el capitalismo por sí mismo crea la pobreza a través del descenso salarial”, incrementando con ello permanentemente las desigualdades sociales.

Y se ve obligado a reconocer nuevamente que Marx tenía razón al cuestionar las legitimidad del poder político, pues “la evidencia acumulada muestra que el maridaje del poder económico y político ha caracterizado la naturaleza de los Estados”.

"Existía una demanda social de marxismo. Porque para comprender lo que hoy ocurre no hay más remedio que volver la mirada a Marx"

No es la primera vez que Wooldridge reconoce los aciertos de Marx. En uno de sus principales libros reconoce que “como profeta de la interdependencia universal de las naciones Marx sigue siendo relevante. Su descripción de la globalización sigue siendo tan aguda hoy como hace ciento cincuenta años”.

No es el único economista burgués que está obligado a reconocer la molesta necesidad de recurrir a Marx para comprender los fundamentos del mundo actual. Paul Kurgman, Nobel de Economía y principal referencia de Obama en política económica, afirma que ha sido el pensamiento marxista el que mejor ha predicho las crisis cíclicas del capitalismo. Mientras Nouriel Roubini, uno de los totems del pensamiento económico liberal actual, confiesa que “Karl Marx tenía parte de razón cuando decía que la globalización, la intermediación financiera sin control y la redistribución de la renta y riqueza desde el trabajo al capital podría conducir al capitalismo a su autodestrucción”.

No se han vuelto locos. Los principales economistas burgueses no se han convertido al marxismo. Pero cuando reflexionan se ven obligados a reconocer que el marxismo, ese pensamiento declarado caduco y obsoleto, resulta que tenía razón en sus principales predicciones.

Por eso El Capital o el Manifiesto Comunista se reeditaron al estallar la crisis. Existía una demanda social de marxismo. Porque para comprender lo que hoy ocurre no hay más remedio que volver la mirada a Marx.

Lo reconocen incluso los grandes centros de poder que consideran, con toda la razón, que el marxismo es su principal enemigo.

martes, 23 de mayo de 2017

De la Guerra de la Independencia al desastre del 98 (3)




Crisis del 98: La última amputación







España cierra el siglo XIX con la amputación de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y varias islas del Pacífico por parte de EEUU, la nueva potencia en ascenso. El último acto del desmembramiento del imperio español no era la conclusión lógica de la liberación de los pueblos bajo dominio español. Cuba no era una colonia al uso, sino que en realidad formaba parte del territorio nacional.

El General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba, al final de la guerra y cuando EEUU ha impuesto su dominio sobre la isla, afirma: “Tristes se han ido ellos y tristes nos hemos quedado nosotros; porque un poder extranjero los ha sustituido. Yo soñaba la paz con España, yo esperaba despedir con respeto a los valientes soldados españoles, con los que siempre nos encontramos frente a frente en el campo de batalla. Pero la palabra, Paz y Libertad no debía inspirar más que concordia entre los encarnizados contendientes de la víspera. Pero los norteamericanos lo han amargado todo con su tutela impuesta por la fuerza”.

La pérdida de Cuba sería comparable a que en la actualidad se perdiera Andalucía o Canarias. No es sentida como la pérdida de una colonia, sino como la amputación de parte del territorio nacional.


I.- Las relaciones de Cuba con España durante el siglo XIX rebasan ampliamente las establecidas entre una metrópoli y sus colonias. En muchos aspectos el desarrollo cubano supera al de la España peninsular.
           
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, Cuba alcanza un grado de dinamismo y desarrollo económico, industrial y comercial que la convierten en una plaza importantísima del mercado mundial.
Los once meses de dominación inglesa en 1762 introducen plenamente las relaciones capitalistas, abren el azúcar cubano al mercado mundial, y dinamizan drásticamente las estructuras económicas de la isla.
Cuba va a convertirse en el primer productor mundial de azúcar, pasando de aportar el 13% de toda la producción del planeta en 1800 al 31% en 1835. El azúcar era en esos momentos el primer producto básico del comercio mundial.
Así mismo, Cuba es también el primer productor mundial de bananas y posee una importante industria tabaquera.
·         Sobre esta base, Cuba emprende un fulgurante desarrollo económico, político y social, por encima de la metrópoli peninsular.
Diez años antes que la península, se levantan en Cuba las primeras vías férreas, así como las primeras comunicaciones telefónicas. Las universidades cubanas están mucho más avanzadas que las españolas. Y los salarios de los trabajadores en la isla son considerablemente más elevados que en España.
 A finales del siglo XIX, la renta per cápita de Cuba sólo era comparable en América a la de unos pocos Estados ricos de EEUU (Nueva York, Massachusets, Nueva Jersey,...), y muy superior a la de España o al de la inmensa mayoría del resto de Estados de EEUU.
·         El desarrollo cubano genera una oligarquía criolla dinámica y poderosa económicamente, que gobierna de facto la isla, con un grado de autonomía notable, y establece una nueva relación con la metrópoli.
La oligarquía criolla –una “sacarocracia” de grandes propietarios azucareros vinculados al mercado mundial– emerge como poder local. Se entronca familiarmente con los mandos militares peninsulares y las altas jerarquías de la administración colonial. Bajo la presencia de un capitán general, es la oligarquía local quien gobierna de facto la metrópoli, ennobleciéndose y acaparando los cargos políticos y militares. Cuba se convierte en un caso insólito de colonialismo: nunca antes –ni después– una colonia dispuso de un ejército colonial formado y dirigido por una burguesía criolla.
Es un triunfo económico y político criollo que arranca de España un régimen de autonomía de facto.
           
-Esta es una situación -donde la colonia se desarrolla a un nivel superior que la metrópoli y adquiere una notable autonomía política- incompatible con la lógica tradicional del imperialismo. Lo que lleva, por ejemplo, a  Adolphe Jovillet (uno de los más lucidos analistas franceses de la época) a afirmar, en 1841, que Cuba no era una colonia.

II.- El desarrollo económico cubano será una base fundamental de acumulación de capital para la oligarquía española. Pero los lazos de unidad entre Cuba y España sobrepasan con mucho el ámbito de las clases dominantes para impregnar al conjunto de la sociedad, a ambos lados del Atlántico.

El monopolio del comercio trasatlántico, los beneficios del mercado cautivo cubano, o los capitales invertidos en la isla, y posteriormente repatriados a España, serán la base del desarrollo de importantes sectores oligárquicos.
El Banco de Santander se funda en 1856 para financiar el comercio exterior, principalmente hacia Cuba. Y la repatriación de los capitales invertidos en Cuba serán la base de la creación del Banco Hispano Americano o la refundación de Banesto.
Muchas fortunas oligárquicas nacen y se desarrollan al calor del monopolio de sectores del comercio con Cuba. Y la burguesía catalana tiene en Cuba un mercado cautivo, que compensa el escaso desarrollo del mercado español, hacia el que se dirigen el 60% de sus exportaciones.
·         Pero los profundos lazos de unidad entre Cuba y España impregnan al conjunto de la sociedad, y se expresan en la masiva inmigración española.
Entre 1868 y 1894 llegan a Cuba un millón de peninsulares, para una población de millón y medio. No son una élite colonial -como es norma habitual en otras posesiones coloniales- sino la mitad de la población, procedente de todos los sectores sociales, desde élites comerciales a soldados o trabajadores atraídos por las mayores oportunidades de la isla. Se van a fundir con el pueblo, a través de numerosos matrimonios mixtos, formando parte integrante de la sociedad cubana y familias con ramas a ambos lados del Atlántico.
José Martí, líder de la independencia, declaró que no iba contra su padre valenciano y su madre canaria. Y la mayoría de los españoles emigrados -hasta  700.000- se quedarán en Cuba tras proclamarse la independencia.
Sólo desde aquí es posible entender que la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas sea percibida como la amputación de una parte del territorio nacional, y provoque una auténtica crisis de la conciencia nacional. Un fenómeno que no se había producido décadas antes, aunque las pérdidas territoriales fueran entonces mucho más numerosas.

III.- La independencia de Cuba es el resultado de un plan diseñado y ejecutado por los círculos más agresivos de la burguesía norteamericana (los “jingoes”, equivalentes a los actuales “halcones”). EEUU ocupará militarmente la isla, estableciendo los mecanismos de control e intervención imperialista que permitirán convertir Cuba en dominio exclusivo del capital norteamericano.

En 1885, los estrategas norteamericanos expusieron un plan que se cumplirá milimétricamente: el control del Caribe como escala imprescindible de la expansión norteamericana, y la construcción de un canal transoceánico que impulsara el comercio y le permitiera el control de los dos océanos.
Entre 1850 y 1857 se suceden diversos complots de sectores cubanos partidarios de la anexión, con el respaldo norteamericano. La presentación de un proyecto de amplia autonomía desde España precipitará la ejecución de los proyectos norteamericanos. Cuando Roosevelt –entonces secretario de Defensa, posteriormente presidente, y representante político de los “jingoes”– anuncia que “hemos construido una escuadra que arrasará el Caribe”, los acontecimientos se precipitan.
El hundimiento del Maine hará el resto. El primero de los autoataques norteamericanos será la bandera de una campaña: “Recordar el Maine”, que terminará con la declaración de guerra a España.

·         EEUU se había convertido, ya bajo la dominación española, en el poder económico dominante en Cuba.
EEUU compraba el 95% del azúcar cubano y el 87% de sus exportaciones. Y a Cuba acudían el 38% de las exportaciones norteamericanas.
La influencia norteamericana se apoya en sectores de la burguesía media-alta criolla. Influyentes en la vida económica y política de la isla,  se deslizan desde mediados del XIX hacia posturas próximas al anexionismo con EEUU. Estos sectores forman el partido de la burguesía criolla, el PLA, cuyo líder declarará que “el azúcar es el cordón umbilical que nos une a EEUU, y a través del cual éste nos envía su sangre, el dinero”.
Al mismo tiempo, Washington va a marginalizar a los sectores independentistas nucleados en torno al  Partido Revolucionario de José Martí, cuya base social está en los sectores populares, y la población negra, y que son un peligro tanto para EEUU como para los grandes propietarios azucareros.
Una vez concluida la guerra, EEUU dedicará sus esfuerzos a desarmar al ejército independentista de Martí, cuyos miembros se niegan, en una amplia mayoría, a aceptar el sometimiento a EEUU o las órdenes de generales norteamericanos.
·         Tras la “independencia”, EEUU impone en la constitución cubana la enmienda Platt, donde literalmente se establece que “el gobierno de Cuba consiente que los EEUU puedan ejercer el derecho de intervenir para preservar la independencia cubana y el mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de la vida, las propiedades y los intereses norteamericanos”.
Las tropas norteamericanas ocuparán el país durante tres años, y organizan un nuevo Estado bajo su completa dependencia. Ese “derecho a intervenir” volverá a ser utilizado por EEUU en 1922, permaneciendo otra vez varios años. Entonces formarán la Guardia Nacional, cuerpo del que surgirá la saga de dictadores de los Batista.
·         La agresión norteamericana, desgajando Cuba de España e imponiendo su dominio colonial sobre la isla, va a marcar el principio de una nueva relación de solidaridad entre España y el conjunto del mundo hispano.
Se recupera el sentido de una hispanidad compartida, sobre un profundo sentimiento antiimperialista común contra el dominio norteamericano.
Tiene su base en el rechazo a la intervención norteamericana. Así lo expresarán los miembros del Partido Revolucionario de Martí, una vez que se consuma que la independencia ha sido transformada en una relación colonial con EEUU.
Se produce entonces una corriente de solidaridad a ambos lados del Atlántico, con una profunda base antiimperialista, que exalta las bases de la hispanidad como bandera frente a EEUU. Un ejemplo destacado será Rubén Darío, en el terreno cultural, desde Centroamérica, que va a convertirse en el siguiente escalón de las agresiones norteamericanas en el continente

lunes, 22 de mayo de 2017

De la Guerra de la Independencia al desastre del 98 (2)





El siglo XIX español








I.- España abre el siglo XIX con una brutal agresión imperialista, la invasión de hasta 300.000 soldados franceses, y lo cierra con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, un zarpazo al territorio nacional a manos de la nueva potencia emergente, EEUU. 


Durante el siglo en el que el capitalismo se convierte en el modo de producción dominante en el mundo, España es degradada a una relación equiparable a la de una semi-colonia y su desarrollo está determinado por la intervención de las principales potencias, especialmente Inglaterra y Francia.


            -El pensamiento dominante, a derecha y a izquierda, nos presenta un retrato del siglo XIX español dominado por la disputa entre liberales y absolutistas, entre modernidad y reacción. Que achaca el retraso económico y político de nuestro país a los demonios familiares internos o al peso de las élites reaccionarias locales.
            Frente a estas concepciones, ampliamente difundidas, Pierre Villar -uno de los más destacados hispanistas- nos enfrenta a la realidad de un país sometido a la creciente intervención de las potencias más poderosas:
            “Políticamente débil, España será tratada por el extranjero como zona de influencia. La intervención de 1823, las posiciones adoptadas en torno a los matrimonios españoles, las intrigas en torno a Espartero y Narváez, son otros tantos episodios de la rivalidad anglo-francesa en torno a España. Habría que reconstruir el papel de Inglaterra en el distanciamiento de las colonias, en el control de los yacimientos mineros, en los esfuerzos de Cobbden contra el proteccionismo textil, en las tendencias de Mendizábal, Espartero y los librecambistas. España escapó a la suerte de satélite que aceptó Portugal, pero sus riquezas y su posición no cesaron de atraer las intrigas extranjeras”.
            Tanto Inglaterra como Francia se disputan su dominio sobre España, coincidiendo en someter al país a una permanente intervención y postración y en impedir el desarrollo de un capitalismo autóctono que se enfrente a sus intereses.
            Esta disputa entre ambas potencias ofrecerá durante el siglo XIX dos líneas con objetivos y proyectos diferenciados. París busca perpetuar su dominio político directo sobre España, como vía para apoderarse de las riquezas nacionales y especialmente de los enormes recursos de la América española, potenciando la fragmentación o incluso la anexión de partes del territorio peninsular. Londres dedicará sus esfuerzos a contrarrestar el dominio francés sobre España -clave para mantener el equilibrio de poder europeo en que se asentaba su hegemonía-, impulsando la desmembración del mundo hispano para someterlo a su dependencia, y abriendo el mercado español a la penetración de su capital y mercancías, enarbolando para ello la bandera del librecambismo.
            Mientras Inglaterra lanza sus redes sobre los sectores liberales, transformándolos en una plataforma de intervención británica, Francia se apoyará en los moderados para garantizar sus intereses en España.

            -Esta parte de nuestra historia, la más importante, ha sido borrada de nuestra conciencia. A pesar de que existen numerosos hechos y datos que la acreditan.
            Es necesario ocultar la intervención imperialista sobre España en el siglo XIX español para preservar el dominio actual de las principales potencias sobre nuestro país.

II.- Inglaterra va a impulsar la desmembración del mundo hispano, sometiendo a su dominio a las nuevas repúblicas solo formalmente independientes.
           
En 1823, George Canning, ministro de Exteriores británico, afirma con rotundidad: “No vacilo en decir que debemos separar los recursos de la América española de los de España (…) Merced al capital y a la industria británicas estábamos en efecto apropiándonos nosotros de los recursos de las vastas regiones de Hispanoamérica”.
Dos años más tarde, el propio Canning confiesa como el plan ha avanzado con éxito: “Decidí que si Francia tenía a España, no iba a ser a España con América. Desperté el Nuevo Mundo, para restablecer el equilibrio en el Viejo. La cosa está hecha, el clavo está puesto. Hispanoamérica es libre y si nosotros no gobernamos tristemente nuestros asuntos, es inglesa”.
Estas frases del representante británico expresan mejor que mil palabras el papel jugado por Inglaterra en las guerras de la independencia americanas.
Inglaterra alentará las ambiciones independentistas de las oligarquías locales americanas –ligadas ya a Londres por múltiples vínculos económicos-, respaldará militarmente los levantamientos, minará la capacidad de respuesta del Estado español, despachará con los líderes independentistas, formará logias amazónicas como Aflautar o Gran Reunión Americana como centro de las conspiraciones… Más tarde impedirá cualquier proyecto de unidad americana, para dar paso a Estados fragmentados que caen bajo la órbita británica. Apoyándose en las oligarquías locales dependientes, el imperialismo inglés saqueará todas las fuentes de riqueza.
La sumisión a Londres de los principales líderes de la independencia americana la expresa el propio Simón Bolívar, en una carta remitida al embajador británico en 1825: “Este país no está en condiciones de ser gobernado por el pueblo (…) Debemos buscar alivio en Inglaterra, no tenemos otro recurso (…) Si un día llegara cualquier propuesta del gabinete británico para formar gobierno, encontrarán en mí a un promotor seguro y firme de sus deseos”.
·         Estos hechos se enfrentan a toda operación de lobotomización que busca enajenar la conciencia colectiva de los pueblos hispánicos.
En los años 70 del siglo pasado una comisión del Congreso norteamericano encabezada por Kissinger -cerebro de los golpes y dictaduras más sanguinarias impuestas en el continente americano- dictaminó que la causa del atraso del mundo hispano... estaba en la colonización española. Después de dos siglos de dividir, enfrentar, explotar, invadir, intervenir, “panamizar” o “pinochetizar” a Iberoamérica, resulta inverosímil escuchar en amplios sectores de las élites intelectuales progresistas iberoamericanas el anhelo de “ojalá hubiéramos sido colonizados por el mundo anglosajón”. Sin tener la más mínima conciencia de que, de haber sido esto así, el destino de Iberoamérica habría sido el de ver a su población indígena exterminada y recluida en reservas (como ocurrió en EEUU) o el de haberse convertido, literalmente, en el África del Hemisferio Occidental.

III.- Detrás de la sucesión de pronunciamientos militares y abruptos cambios de gobierno que recorren todo el siglo XIX español está la disputa entre Inglaterra y Francia por consolidar y ampliar su dominio sobre nuestro país.
           
A lo largo de todo el siglo XIX en España se suceden los pronunciamientos militares, que dan lugar a cambios de gobierno, encabezados unos por los liberales y otros por los moderados. Tiene su base en las condiciones creadas tras la Guerra de la Independencia, y que se perpetuarán hasta las décadas finales del siglo: desde la falta de organicidad del Estado, tras la caída del Estado borbónico; hasta el activo papel político del ejército, que tanto en las filas progresistas como en las conservadoras es la única plataforma capaz de establecer un rumbo político para el país; o la agitación revolucionaria, enarbolando la Constitución de Cádiz de 1812 frente a los intentos de perpetuación del absolutismo.
Pero, sobre estas condiciones internas, va a actuar como elemento decisivo la intervención exterior, por parte de las principales potencias de la época, Inglaterra y Francia. Un repaso a los principales acontecimientos políticos del siglo XIX español nos permite rastrear la rivalidad entre Inglaterra y Francia por el dominio del país.

· Golpe de Riego (1820): al servicio de los intereses ingleses
El pronunciamiento encabezado por el coronel Rafael de Riego, reinstaurará la Constitución de 1812 y abrirá un periodo de gobierno conocido como el “trienio liberal”. Se extenderá rápidamente por toda España, al conectar con el deseo mayoritario por liberarse de una opresión absolutista particularmente odiosa.
Sin embargo sus conexiones desembocan en la embajada inglesa, a través de las logias masónicas a las que Riego pertenecía y que son una privilegiada vía de intervención de Londres.
Las consecuencias del golpe de Riego son la paralización del envío de tropas que iban sofocar las revueltas independentistas en América -y que Riego debía comandar- acelerando la desmembración del imperio; y en segundo lugar la expansión de la influencia inglesa durante el “trienio liberal”.

· Intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis. (1823): un ejército francés invade y ocupa España
Bajo el amparo de la Santa Alianza (coalición absolutista integrada por Rusia, Austria y Prusia) 95.000 soldados franceses entran en España y derrocan el régimen liberal. Restablecen el poder absolutista de Fernando VII y permanecen entre dos y tres años en España pagados por la Hacienda Pública. En cada organismo importante nombran a una especie de comisario francés, los “hombres de negro” del momento, que actuarán como el auténtico “gobierno en la sombra”.

· Guerras carlistas (1833-1876): un foco de desestabilización manejado por Francia
En 1823 se reinstaura el poder absoluto del monarca y se abre la “ominosa década”, agudizando la represión contra los liberales más revolucionarios (ejecución de El Empecinado o de Mariana Pineda).
Pero la Guerra de la Independencia marca un punto de ruptura que ya no permite la continuidad del Antiguo Régimen. E incluso Fernando VII se ve obligado a hacer concesiones a los liberales.
El impulso al desarrollo del capitalismo va a atacar no solo los privilegios históricos de los grandes propietarios rurales, también de una amplia masa de pequeños campesinos.
Estos conflictos engendrarán, bajo la apariencia de un conflicto dinástico (los partidarios del infante D. Carlos frente al ascenso al trono de Isabel II) la aparición del carlismo.
Pero si el carlismo -cuyas aspiraciones eran un anacronismo incluso en la España del siglo XIX- permanecerá durante casi medio siglo como un permanente foco de inestabilidad, es porque sobre estas contradicciones internas actuará la intervención de las potencias imperialistas.
Los carlistas tendrán su base de operaciones en el sur de Francia (donde las partidas militares disfrutarán de un auténtico “santuario”, tal y como posteriormente ocurrirá con ETA). El carlismo será utilizado por París como un privilegiado instrumento de desestabilización. Como decía el embajador francés de la época “cuanto más suba el carlismo más bajarán las minas de Almadén”. La debilidad del Estado, a la que contribuían las guerras carlistas, permitía obtener a mejor precio la concesión de las valiosas minas de mercurio de Almadén -de las que se extraía un tercio del mercurio mundial- apetecidas por el capital francés.  Del mismo modo, las exigencias de las guerras carlistas serán respaldadas por créditos de los Rothschild franceses, que se convertirán en los dueños de la deuda pública, uno de los negocios más lucrativos para el capital galo.
Mientras Londres enviará tropas a Euskadi y patrocinará un acuerdo que pondrá fin a la primera guerra carlista.

· Golpe de La Granja (1836): revuelta que utilizará Inglaterra.
La Constitución de 1812 se convierte en un referente de progreso para amplios sectores durante todo el siglo. Y la Guerra de la Independencia ha cambiado el viejo ejército aristocrático, dando entrada a mandos procedentes de las clases populares. Un fermento que va a dar lugar a permanentes pronunciamientos liberales.
En 1836, la regente María Cristina destituye al gobierno liberal para sustituirlo por otro de signo moderado. Inmediatamente estallan revueltas populares en numerosas ciudades, encabezadas muchas veces por la Guardia Nacional. Se forman juntas revolucionarias que desafían la autoridad del gobierno y reclaman la reinstauración de la Constitución de 1812.
Empujado por esta movilización un grupo de sargentos de la Guardia Real se sublevan en el Palacio de la Granja de San Ildefonso, donde se encontraba la familia real.
El embajador inglés Villers aprovecha para imponer la inmediata dimisión del gobierno moderado -vinculado a los intereses franceses- encabezado por el Conde de Toreno. Y presiona a la reina regente para nombrar un nuevo gobierno donde avanza la influencia británica.

· De “La Gloriosa” al asesinato de Prim (1868 - 1870): Todas las potencias imperialistas y círculos oligárquicos se movilizan para acabar con el gobierno de Prim, que morirá asesinado.
La revolución liberal de 1868, conocida como “La Gloriosa” no es uno más de los muchos pronunciamientos del XIX español. Irrumpen de forma especialmente activa y combativa las masas populares, que ya habían aparecido en la “Vicalvarada” de 1854. Radicalizando y dando un nuevo carácter a la insurrección. Provocando la aparición en los liberales de un ala progresista, y empujando a los republicanos radicales. Generando una nueva situación política. Según el hispanista Pierre Villar, “la revolución de 1868 será una especie de grieta que da al país la posibilidad de gobernarse a sí mismo”.
Es en estas condiciones donde debe inscribirse el proyecto que representó Prim, una de las principales figuras militares y políticas del siglo XIX español. Representante de la burguesía catalana que alcanzó la presidencia del gobierno en 1869.
Su política, una cerrada defensa de la industria nacional y el intento de acabar con el decrépito régimen borbónico, representaba el intento de los sectores más dinámicos por impulsar un proyecto de modernización más allá de las imposiciones de las principales potencias y la oligarquía española.
La Gloriosa acaba con el reinado de Isabel II y establece una monarquía constitucional, limitando el papel de la Corona. Prim rechaza a todos los pretendientes que Inglaterra o Francia quieren colocar en el trono español, y encuentra en Amadeo de Saboya (hijo del rey italiano Víctor II y tataranieto de Carlos III) una dinastía menor que acepte los límites parlamentarios pero al mismo tiempo sea autónoma de las grandes potencias.
Todas las potencias imperialistas y círculos oligárquicos se movilizan para acabar con el gobierno de Prim.
Inglaterra consideraba a Prim un obstáculo a remover por su cerrada defensa de la “industria nacional”. Francia acumulaba rencores hacia Prim por atreverse a promocionar un candidato a la corona española que no contaba con el beneplácito de París. Y las nuevas potencias en ascenso, como EEUU, también deseaban liberarse de Prim, al negarse a aceptar la venta de Cuba alegando que “sería una deshonra para España”. Mientras, los principales nódulos oligárquicos conspiraron para derribar un gobierno que pretendía acabar con un régimen borbónico que preservaba su dominio y privilegios.
Las últimas investigaciones han demostrado que la historia oficial sobre el asesinato de Prim es falsa. La acusación que hacía responsable del atentado a un republicano radical era un montaje. El historiador cubano Manuel Moreno Fraginals nos desvela que en Cuba la canción popular decía que “Prim fue asesinado en Madrid, pero el gatillo lo apretaron en La Habana” -es decir, desde los sectores de la oligarquía cubana más vinculados a EEUU-.  Y se ha demostrado que Prim murió en realidad envenenado tres días después de ser tiroteado. Era necesario asegurar su desaparición.

· La Iª República (1873 - 1874)
La reconducción política que supone el asesinato de Prim tiene un efecto no deseado, al agudizar la inestabilidad política, provocar la abdicación de Amadeo I y abrir paso a la proclamación de la Iª República.
La grieta abierta tras 1868 en el dominio anglo-francés sobre España abre una oportunidad inmejorable para impulsar un proyecto de modernización relativamente autónomo de la intervención imperialista y el control oligárquico.
En esta situación política juega un importante papel el proletariado, que irrumpe como fuerza revolucionaria activa, ya no únicamente bajo la forma de levantamientos espontáneos sino como producto de un movimiento obrero organizado a través de la implantación de la Internacional en España, y donde el marxismo empieza a extenderse entre los sectores más conscientes.
Desde 1868, las movilizaciones de obreros industriales y jornaleros son extraordinariamente combativas, se suceden las huelgas, marchas, concentraciones de protesta, ocupación de tierras abandonadas... Exigiendo ir más allá de una mera reforma, serán uno de los elementos claves que obligan a abdicar a Amadeo I. Inmediatamente una catarata de movilizaciones populares exige la implantación de la República.
La Primera República va unida desde el principio a la realización de las demandas populares que la revolución de 1868 no había cumplido. Se forman Juntas revolucionarias, encabezadas por republicanos radicales, en numerosas localidades. En muchos pueblos andaluces la República era algo tan identificado con el reparto de tierras que los campesinos exigieron a los ayuntamientos que se parcelaran inmediatamente los latifundios más significativos de la localidad.
Los republicanos federales toman la dirección del gobierno, representando a sectores de la pequeña y mediana burguesía, especialmente de la burguesía catalana.
La República Federal propone una nueva articulación de la unidad de España, que lejos de azuzar la fragmentación se plantea ampliarla uniendo a España y Portugal, creando una plataforma ibérica que acabara con la postración peninsular en el concierto de naciones.

· La Restauración (1874): las principales potencias y núcleos oligárquicos se movilizan para acabar con la Iª República
Tras la proclamación de la Iª República, todos los resortes de poder del imperialismo y la oligarquía se movilizan para cercenar un régimen incompatible con sus intereses. Simultáneamente -y dirigidos a un mismo objetivo, crear una situación de desestabilización que acabe con la república- se recrudece la guerra carlista, se suceden los intentos de golpe, las movilizaciones anarquistas siembran el caos, irrumpe la Guerra de los Diez Años en Cuba, estalla la rebelión cantonalista...
El golpe de Pavía, acaba con la República, instaura un periodo dictatorial para restablecer el orden, y tras un nuevo pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, se instaura la restauración monárquica en la figura de un Alfonso XII que llega “apadrinado” por Inglaterra, donde se había exiliado.
El temor al proletariado y al pueblo revolucionario va a ser el factor principal que acelerará la fusión entre la burguesía bancaria y la aristocracia terrateniente, así como su definitiva subordinación a las potencias extranjeras más poderosas, cristalizada en el régimen de la restauración, corrupto, caciquil, antipopular,  y que será hasta el golpe de Primo de Rivera la plataforma perfecta para la intervención imperialista y el dominio oligárquico.

IV.- Los mecanismos de intervención de las principales potencias sobre España se despliegan formando una tupida red de intervención sobre los principales aparatos del Estado, y colocando bajo su dependencia a los principales cuadros. Los principales núcleos de la nueva oligarquía en formación nacerán directamente vinculados a la dependencia respecto al gran capital extranjero.

La intervención de Inglaterra y Francia se dirige sobre los principales aparatos del Estado (ejército, partidos políticos...) cooptando y colocando bajo su dependencia a los principales cuadros: los moderados se convertirán en una privilegiada plataforma de intervención francesa, mientras que Inglaterra hará lo propio con los liberales. Además, la masonería, red de intervención en manos de los ingleses, juega un papel fundamental en varios gobiernos y pronunciamientos militares al extenderse entre la élite de cuadros de la administración y el ejército.

· Mendizábal. (Ocupó cargos en el gobierno entre 1835-1843): de él dirá el embajador británico “es nuestro hombre en España y debemos sacarle el máximo partido”.
Ministro de Hacienda y de Estado, además de presidente del Consejo de Ministros, Mendizábal impulsó la desamortización de una parte de los bienes de la Iglesia, por lo que ha pasado a la historia como una de las referencias progresistas dentro de los liberales.
Pero la trayectoria de Mendizábal esconde valiosos servicios al imperio británico.
Participa en la Guerra de la Independencia y combate en Portugal contra los franceses bajo bandera inglesa. Era miembro de la logia masónica que organiza el golpe de Riego.
Tras la caída del régimen liberal se exilia en Londres. Allí es cooptado como agente al servicio de la Reina británica, y se enriquece gracias al uso de información privilegiada en la City londinense.
Vuelve a España donde pasa a formar parte de los gobiernos españoles por imposición directa de la Embajada inglesa. El embajador inglés en Madrid dirá de él: “A pesar de sus defectos nuestro hombre en España y debemos de sacarle el máximo partido”. Mendizábal despacha periódicamente con el embajador inglés, y aplicará medidas de apertura del comercio, eliminando las barreras a la penetración de las mercancías británicas.
La desamortización de Mendizábal no será, como ocurrió en Francia, una revolución burguesa que impulse el desarrollo capitalista en el campo. Sólo trasladará la propiedad de unas manos a otras, de la Iglesia y los aristócratas a los burgueses y caciques, creando en el seno de la oligarquía vínculos privilegiados con el capital inglés. Manteniendo una estructura latifundista, y generando una gran masa de proletarios rurales desposeídos de cualquier tipo de propiedad sobre la tierra.

· Espartero y Narváez (se turnaron en el poder entre 1840-1868): Espartero se exilia en Londres y Narváez en París.
Son las dos principales figuras militares y políticas del siglo XIX. Espartero será nombrado “Duque de la Victoria” tras derrotar a las tropas carlistas. Y llegará a ser ministro, presidente del Consejo de Ministros y regente. Narváez alcanzará el título de mariscal de campo en el ejército, y será siete veces presidente del Consejo de Ministros.
Durante treinta años, entre 1840 y 1868, ambos se turnarán encabezando sucesivos gobiernos.
Detrás de estas dos figuras que determinaron el rumbo de la política española está la influencia inglesa y francesa.
Espartero comandará pronunciamientos en directa conexión con la embajada inglesa. Principalmente en 1840 –contra un aumento de la influencia francesa-, que obliga a la regente María Cristina al exilio en Francia. Espartero se proclama regente, y da paso a los gobiernos de Mendizábal. A su vez, cuando los moderados triunfan, Espartero se exiliará en Londres, donde es agasajado con todos los honores.
En el palacete de Espartero apareció una lúcida pintada: “Aquí vive el que manda en España, Espartero el regente, y el que manda en él, vive en la casa de enfrente” (haciendo referencia a la Embajada Inglesa).
Por su parte, Narváez comandará a los moderados, vinculados directamente a París. Se exiliará en Francia cuando Espartero alcance el poder, y enviará al exilio a Espartero, refugiado en Londres. Jugará el papel clave en los sucesivos gobiernos, públicamente o en la sombra, impondrá un gobierno férreo que tendrá como principal consecuencia la consolidación de la influencia francesa.

· Los sectores de la gran burguesía bancaria y comercial que se convertirán en los nódulos de la nueva clase dominante serán precisamente aquellos que prosperen gracias a su vinculación con el capital extranjero.
Uno de los núcleos centrales históricos de la oligarquía (la oligarquía de Neguri, la gran burguesía vasca, los Ybarra, Urquijo, Oriol,...) se desarrolla gracias a una alianza por la que pasa a convertirse en un proveedor-comprador dependiente del capitalismo inglés. El 90% de la producción de hierro de las grandes siderúrgicas vizcaínas –alimentada por las minas de hierro de Vizcaya monopolizadas conjuntamente por los ingleses y la oligarquía de Neguri– está destinado a satisfacer las necesidades de la gran industria pesada inglesa. Los barcos que salen con hierro del puerto de Bilbao regresan cargados con carbón de las minas de Gales para la siderurgia vasca, pese a tener a corta distancia las minas asturianas.
El Banesto opera con capital de los Perrière, y numerosos banqueros en Madrid actúan como corresponsales de las casas francesas Rostchild o Lafitte.

V.- La intervención imperialista, y no el grado de atraso o la debilidad del desarrollo económico, es el factor decisivo que impondrá en España un desarrollo capitalista limitado, dependiente y sometido a un permanente saqueo exterior.
           
A través de la intervención político-militar sobre el corazón del Estado y de la nueva oligarquía se impone un desarrollo capitalista limitado, subordinado a los intereses de las principales potencias imperialistas y con una abrumadora presencia del capital extranjero monopolizando las principales fuentes de riqueza. Un tipo de desarrollo que comparte las características propias de un país semi-colonial, exportación de materias primas e importación de mercancías y capitales.
Entregando al control del capital extranjero los sectores que debían haberse constituido en fuentes de acumulación de capital y motor del desarrollo de un capitalismo nacional (ferrocarril, minería...). Dinamitando la industria nacional para abrir las fronteras a la mercancías extranjeras.
           
Francia impondrá el saqueo de nuestras riquezas a través del control del sistema bancario y la deuda pública o monopolizando la construcción del ferrocarril. Inglaterra, la entonces fábrica del mundo, convertirá a España en suministrador de las materias primas que su industria necesita y copará el mercado nacional con sus mercancías.
Las finanzas y el sistema bancario español quedan bajo control galo. En 1862 la suma de todas las sociedades de crédito nacionales apenas llega a los dos tercios de las tres primeras montadas con capital francés.  Los Ardoin o Rothschild serán los prestamistas oficiales de un Estado exhausto: en 1850 la deuda exterior supera a la interior, llegando a ser seis veces mayor en 1872. Será el capital financiero francés la base de las principales casas de crédito. El control de la deuda, la continua reclamación del pago de los intereses, la urgente necesidad de nuevos empréstitos, eran un formidable instrumento de presión... y muy fructífero.
Londres impondrá la apertura de las fronteras comerciales españolas a sus productos. En 1845 Cobden lanza desde Inglaterra la campaña librecambista, que luego pasará a la península con la formación en Cádiz de la Asociación Librecambista de España. Rastreando en la biografía de los que, como Mendizábal o Espartero, se constituyeron en adalides de la eliminación absoluta de las trabas comerciales encontramos siempre fuertes hilos que los anudan al centro imperial británico.
Las minas triplican su producción entre 1860 y 1900, pero sólo el capital extranjero tiene capacidad para formar grandes sociedades anónimas, como las inglesas Orconer, Tharsis o Riotinto, la francesa Peñarroya o belgas como la Real Asturiana de Minas. El producto va destinado a cubrir las necesidades de la industria británica o francesa, sin repercutir en la creación de industrias de transformación en España.
El ferrocarril, auténtico motor del desarrollo en el primer capitalismo, correrá también a cargo del capital de las grandes potencias (fundamentalmente francés, con los hermanos Perrière). Incluso los raíles serán de fabricación inglesa. Beneficiándose de una legislación que aseguraba por parte del Estado un interés mínimo del 6%, y la franquicia aduanera para los productos relacionados con la implantación del ferrocarril. Esta figura constituirá un verdadero agujero por donde Francia introducirá sus productos de forma abierta (desde maquinarias y tejidos hasta champagne).
El posterior nacimiento de las grandes industrias, como la eléctrica, se hizo también bajo la batuta de grandes compañías foráneas como la Barcelona Traction, Pirelli, Siemens, IG Farben.
Los principales nódulos de la oligarquía aparecen, desde su misma gestación, ligados estrechamente al imperialismo también por lazos de dependencia económica.
Origen del capital en España (en 1854)

Credito   mobiliario  15% nacional
                                     85% extranjero

              ferrocarril  10% nacional
                                    90% extranjero

                 mineria  20% nacional
                                   80% extranjero

Frente a las ideas dominantes que atribuyen el débil desarrollo económico español al “atraso secular” o al “peso de un fanatismo que nos hizo perder el tren de la modernidad”, un repaso al sigo XIX nos ofrece dos guerras de invasión extranjeras, tres guerras civiles que reaparecieron a lo largo de casi 50 años, decenas de golpes y pronunciamientos que derribaron gobiernos... una intervención exterior permanente que devastó el país y lo mantuvo postrado para que las potencias extranjeras se adueñaran de la riqueza nacional. Todo esto justo en el momento donde el capitalismo se estaba desarrollando a marchas forzadas en todo el planea.