domingo, 25 de septiembre de 2016

A mayor dependencia, más recortes




Las cuatro grandes dependencias


Hay que acabar con las cuatro grandes dependencias que ahogan nuestro país para poder redistribuir la riqueza al servicio de la mayoría del país


Es urgente empezar a avanzar en el camino de la Redistribución de la Riqueza, lo que exige liberarnos de las dependencias que, como “vagón de cola”, nos obligan a “tragar la carbonilla” de las locomotoras norteamericana o alemana.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué España, que sigue siendo la cuarta economía de la zona euro, está condenada a sufrir las peores consecuencias de la crisis, traducidas en una oleada de recortes? En la respuesta a esta pregunta está la clave para levantar una alternativa que de verdad nos permita Redistribuir la Riqueza frente al destino de un empobrecimiento cada vez mayor al que pretenden conducirnos.

La “gasolina” de los recortes
Fue una llamada de Obama a Zapatero a altas horas de la madrugada lo que impulsó una catarata de recortes que todavía no ha concluido. En esta imagen está concentrado como la dependencia es la gasolina que alimenta el incendio de los recortes.

Una contradicción que hunde sus raíces en los rasgos estructurales del capitalismo en España y la naturaleza de la oligarquía, íntimamente vinculados y dependientes de los países imperialistas.

Y que ha impuesto, desde sus orígenes, un desarrollo capitalista sometido la intervención y control de los países imperialistas más potentes en cada momento, determinando sus rasgos de raquitismo, especulación y parasitismo.
¿Cómo podemos explicar desde aquí lo que ha ocurrido en España durante los últimos años?

En noviembre de 2.008, justo después de la caída de Lehman Brothers, y cuando todavía no se había ejecutado ni uno solo de los recortes, en una edición especial del De Verdad anunciamos que “España es uno de los países europeos llamado a sufrir las peores consecuencias de la recesión”. Estableciendo que “la razón última de ello hay que buscarla en las cuatro grandes dependencias a las que la economía española, bajo la dirección de la clase política y económicamente dirigente, ha sido conducida”."El aumento de la dependencia respecto a Washington y Berlín es lo que permite entender porque España es uno de los países de Europa que ha podido sercondenado a una velocidad de vértigo a sufrir las peores consecuencias de la crisis"

Los hechos nos han dado la razón. Pero es que el camino de un mayor sometimiento, tanto a Washington como a Berlín, no podía deparar otro resultado.

Durante los años de “bonanza” previos a la crisis, en los que incluso se hablaba del “milagro económico español”, la oligarquía española se alinea fielmente con los principales proyectos (económicos, políticos y militares) del hegemonismo yanqui y el imperialismo alemán. Este alineamiento, con la cada vez mayor cesión de soberanía político-militar y económica que entrañaba, permitió a la oligarquía española participar en una parte de las enormes plusvalías de ese periodo de expansión capitalista, primero en Iberoamérica y luego en la UE.

Y para ello impusieron en España un modelo económico para cuya caracterización tendríamos que remitirnos a los rasgos propios que históricamente han definido a las economías de tipo semicolonial: dependencia de la financiación exterior, sometimiento del sistema productivo a las necesidades de los mercados de las metrópolis y prohibición de producción de determinados tipos de productos y mercancías (o cuotas y límites estrictos para ello) capaces de competir con los que se producen en ellas.

Este aumento de la dependencia respecto a Washington y Berlín, gestado, conviene no olvidarlo, no como resultado de la crisis sino en los años de “bonanza”, es lo que permite entender porque España es uno de los países de Europa que ha podido ser condenado a una velocidad de vértigo, junto al resto de PIGS, a sufrir las peores consecuencias de la crisis, mediante la imposición de un proyecto de saqueo contra el 90% de la población.

Un modelo económico expresado en lo que, ya en 2.008, denominamos “las cuatro grandes dependencias”.

1.- La dependencia de la financiación exterior.
Para financiar la expansión de un sector como el del la construcción, que ofrecía fabulosas ganancias gracias a unos precios desorbitados, y sostener la expansión internacional de sus bancos y monopolios, la oligarquía española recurrió a la financiación exterior.

Incluso cuando la deuda pública española estaba por debajo de la media europea, España era uno de los países con mayor deuda per cápita del planeta. Correspondía a la enorme deuda privada adquirida por la oligarquía española con bancos norteamericanos, alemanes, franceses...

Este enorme grado de endeudamiento externo alcanzado durante la época de crecimiento económico es el dogal con el que las potencias imperialistas han estrangulado la economía española para imponer su proyecto de saqueo.

Obligando, para garantizar el pago de la deuda a los bancos extranjeros, a convertir en pública una parte importante de la deuda privada de la oligarquía. Imponiendo después un salvaje incremento de los intereses a pagar. Y utilizando la subida de la prima de riesgo, o la refinanciación de la deuda de la banca a través de un préstamo de la UE, como instrumento de intervención política para imponernos el resto de recortes.

El modelo de desarrollo seguido por la la oligarquía financiera y su clase política en las últimas décadas ha hecho de la dependencia de la financiación exterior la principal herramienta de intervención y control del imperialismo de la economía española y el mayor lastre para su desarrollo.

2.- La dependencia de unos pocos mercados
El 75% de las exportaciones españolas tienen como destino la Unión Europea. Y, de ella, sólo 5 países (Francia, Alemania, Portugal, Italia e Inglaterra) se llevan más de los dos tercios.

Una situación que recuerda demasiado a las de las economías semicoloniales, cuyas mercancías no conocían otro destino que el mercado de la metrópoli, en este caso una multi-metrópoli.

El primer sector industrial en España es el automóvil. Que está a un 100% en manos del capital extranjero. Y nos imponen qué producimos y a quién se lo vendemos.

El 82% de los vehículos que fabricamos se destinan a la exportación y el grueso de ellos se venden a Francia, Italia, Reino Unido y Alemania.

Y la relación que imponen las casas matrices de esos monopolios extranjeros (reservándose las partes más rentables, obligando a sus filiales españolas a pagar draconianos royaltis...) determina que a pesar de producir 5 millones más de automóviles de los que consumimos, tengamos un saldo negativo de más 70.000 millones de las antiguas pesetas en la balanza comercial de importación-exportación de vehículos

3.- La dependencia energética
La enorme dependencia de nuestro país de fuentes energéticas externas –el petróleo y el gas, fundamentalmente, pero también la energía nuclear francesa– es uno de los lastres históricos de la economía española.

Agravado por la entrega al capital extranjero de uno de los monopolios emblemáticos de la energía, Endesa. O la actual liquidación, a precio de saldo, de Abengoa, el principal monopolio español en la producción de energías renovables.

4.- La dependencia de cuotas y límites de producción
La entrada en la UE supuso la más salvaje reconversión y destrucción del tejido industrial español, en el que sectores enteros como la siderurgia o los astilleros quedaron reducidos a su mínima expresión.
Desde la UE se han impuesto, principalmente en agricultura, ganadería y pesca, cuotas de producción que no estaban fijadas por las necesidades de consumo internas ni por la capacidad de producción de esos sectores.

Imponiéndonos qué debíamos y que no debíamos producir, y limitando el desarrollo nacional.

El camino de la Redistribución de la Riqueza
Ya en 2.008, para enfrentarnos a “la factura de la crisis” a que nuestro grado de dependencia nos abocaba, llamábamos a “un gran pacto nacional” para “acabar con las cuatro grandes dependencias que ahogan nuestro país e impiden la transformación del modelo económico y dar una salida a la crisis que suponga una transformación radical económica del país, con una economía avanzada con gran capacidad de creación de riqueza y empleo y una redistribución de la riqueza al servicio de la mayoría del país y sus ciudadanos”.

Ocho años después podemos comprobar la justeza de esta línea. Y que hoy nos enfrenta a un reto que ya es inaplazable.


Es urgente empezar a avanzar en el camino de la Redistribución de la Riqueza, lo que exige liberarnos de las dependencias que, como “vagón de cola”, nos obligan a “tragar la carbonilla” de las locomotoras norteamericana o alemana.

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