sábado, 18 de marzo de 2017

Marx y Engel


Los nacionalismos
 contra el proletariado



Los nacionalismos son, por su propia naturaleza, reaccionarios. Representan la tendencia contraria a la creación de los grandes Estados, al desarrollo en gran escala de los medios de producción y comunicación. Anteponen sus mezquinas aspiraciones nacionales, en palabras de Engels, a la revolución. Y esto es así desde el primer momento. Cada vez que se presenta una gran ocasión histórica, una gran revolución, ellos toman el bando de la contrarrevolución.





"Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera con sus reivindicaciones surge necesariamente del sistema económico actual, que, con la burguesía, crea inevitablemente y organiza al proletariado.

Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien intencionados de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la lucha de clase del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en dejar sentado en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la sociedad contemporánea.

Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, la sucesión en el dominio y en las victorias de unas clases sociales sobre otras. Y esto ha de continuar hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica.

Los intereses del proletariado exigen que estas bases sean destruidas, por lo que la lucha de clase consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.


Estos conceptos de Marx y de Engels los ha hecho suyos en nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación" Vladimir I. Lenin




martes, 7 de febrero de 2017

PASO A NIVEL SIN BARRERA




"La consecuencia de dejar pasar el tiempo es que este se acaba".






Pueden reírse a gusto, pero esta altisonante sentencia de perogrullo fue pronunciada por el President de la Generalitat, Carles Puigdemont, en la reciente reunión de la dirección de su rebautizado partido (Pdecat); y son una palabras tan ambivalentes que no se sabe si intenta amenazar a Rajoy o lamentarse.


Parece más bien lo segundo pues el Govern de la Generalitat retrocede en sus planteamientos. Hace apenas 12 meses consideraron las últimas elecciones autonómicas como plebiscitarias y defendían que el resultado les legitimaba para la independencia por tener más escaños, aún no llegando al 50% de los votos. Apenas tardaron unas semanas en alargar ese objetivo con la promesa de una futura "declaración unilateral de independencia" en un plazo de 18 meses. En octubre ya habían rebajado de nuevo sus metas con la consigna de "referéndum o referéndum" pero sin fijar fecha. Sus portavoces hablan de que como objetivo basta que se les reconozca el derecho a decidir. Y aún empiezan a sonar voces que suplican por una consulta pactada con el Estado. El mismo Puigdemont contestaba estos días en una entrevista que desea reunirse con Rajoy aunque no sea para tratar de la independencia. Y esto tras afirmar hace unas semanas que él abandonará la presidencia y se va a su casa en breve.


Agotados


Son síntomas de desfallecimiento. Ninguneados en la escena internacional, con la totalidad de las cancillerías europeas dándoles la espalda. Con los sectores de la oligarquía española vinculados a Cataluña apostando abiertamente por la unidad: "El Banco de Sabadell podría trasladar su sede -fuera de Cataluña- en caso de necesidad sin tener que someter esta decisión a la aprobación de la junta general de accionistas", afirmó este enero su presidente Josep Oliu. "Mejor juntos que separados", había sentenciado ya hace tiempo Isidre Fainé presidente de Caixabank. Y sobretodo se corresponde a una merma notable en el apoyo popular.


La última encuesta del CEO, un organismo controlado por la Generalitat corroboraba lo que vienen anunciando los resultados y pronósticos electorales: la disminución del apoyo a la separación.


Camuflados


Y si baja en general el apoyo a los partidos independentistas, no digamos ya del batacazo electoral a nivel autonómico que se anuncia (ya se lo dieron a nivel estatal) para el partido de Artur Mas. Tras la ruina de Convergencia, separado de Unió Democrática, acuciado por los procesos judiciales sobre la trama de corrupción del 3%, con su fundador (Pujol) pasando de "honorable" a repudiado, endeudados hasta ver su sede embargada... Y cosechando la mitad de sus tradicionales votos en unas Generales, para quedar reducidos a una fuerza residual en un Parlamento estatal, en el que llegaron a ser el apoyo principal de varios gobiernos. Finalmente este pasado verano tuvieron que cambiarse el nombre y esconderse de urgencia tras nuevas siglas: Pdecat.


Sí todo apunta a que se les acaba el tiempo: el órdago del soberanismo ha chocado con una oligarquía española que no cede ni un euro. Más que el repetido "choque de trenes" que se anuncia, parece que la vieja Convergencia se ha saltado un paso a nivel sin barreras y se le viene encima un tren de mercancías.


Y la izquierda sonámbula



Con este título, antes del referéndum del 9-N por el que estos días se juzga a sus promotores, el vicerector en la Universidad autónoma de Barcelona, Francisco Morente publicaba un artículo en el que ya se preguntaba "qué pinta ahí la izquierda", aceptando que el debate sobre la soberanía y lo identario que dirige y orienta una burguesía temerosa de perder su cuota de poder regional, desplace y oculte las demandas sociales de la mayoría. "La cuestión nacional... contribuye a desinflar la protesta contra la brutal ofensiva que desde el Govern se ha desencadenado contra las clases populares catalanas. Guste o no guste leerlo y oírlo, el susodicho derecho a decidir no hace sino dividir a las clases trabajadoras...". Y este es el centro del asunto: la unidad del pueblo trabajador es una cuestión de principios. Dado que las clases populares suman una inmensa mayoría frente a sus explotadores, dividir para vencerlas es una imprescindible táctica para cualquier burguesía que aspire a su dominio. ¿Qué puede hacer un pueblo dividido frente a las imposiciones de las grandes potencias? ¿No acatan Mas o Puigdemont y Rajoy por igual los mandatos de recortes de EEUU o la UE? ¿No protegen unos y otros los beneficios de los grandes inversores y propietarios contra los intereses de la mayoría? Y cuando Trump enarbola el nacionalismo del cierre de fronteras y los muros, produce indignación oir a portavoces de la izquierda reduciendo el debate en España a conseguir un encaje territorial, como si fuera un problema de tectónica de placas.


Concluía la citada tribuna de opinión con un demoledor: "La izquierda, sonámbula, está en el centro de la pista bailando con su enemigo. Cuando despierte quizás caiga en la cuenta, tarde, de que esto iba de otra cosa. Lucha de clases le decían los clásicos." Pues eso.

domingo, 5 de febrero de 2017

HISTORIA DEL CAPITALISMO A TRAVÉS DE SUS CRISIS (II)



La formación del proletariado








La acumulación originaria comienza con la expropiación forzosa –a través de diversos métodos de usurpación y haciendo uso del terrorismo más inhumano- de los pequeños campesinos propietarios. Así se crea el contingente de proletarios libres y desheredados, privados de la propiedad sobre cualquier medio de producción y de vida, condición imprescindible para el desarrollo del régimen de producción capitalista.

Estamos hablando de un periodo histórico, que arranca a fines del siglo XV y comienzos del XVI, de disolución del régimen feudal y acelerada decadencia de una aristocracia arruinada, de ascenso progresivo de los elementos que conformarán la burguesía, y de constitución de las monarquías absolutas –como un tercer poder independiente que se apoyará en la burguesía en ascenso, beneficiándola con muchas de sus decisiones, para imponer su poder absoluto frente a la aristocracia feudal-.

Veamos cómo lo explica Marx:

2.- CÓMO FUE EXPROPIADA DEL SUELO LA POBLACIÓN RURAL

En Inglaterra, la servidumbre había desaparecido ya, de hecho, en los últimos años del siglo XIV. En esta época, y más todavía en el transcurso del siglo XV, la inmensa mayoría de la población se componía de campesinos libres, dueños de la tierra que trabajaban, cualquiera que fuese la etiqueta feudal bajo la que ocultasen su propiedad. (…) Además, tenían derecho a compartir con los verdaderos labradores el aprovechamiento de los terrenos comunales en los que pastaban sus ganados y que, al mismo tiempo, les suministraban la madera, la leña, la turba, etc.. La producción feudal se caracteriza, en todos los países de Europa, por la división del suelo entre el mayor número posible de tributarios. El poder del señor feudal, como el de todo soberano, no descansaba solamente en la longitud de su rollo de rentas, sino en el número de sus súbditos, que, a su vez, dependía de la cifra de campesinos independientes. Estas condiciones cerraban el paso a la riqueza capitalista.

El preludio de la transformación que había de echar los cimientos para el régimen de producción capitalista, coincide con el último tercio del siglo XV y los primeros decenios del XVI. El licenciamiento de las huestes feudales lanzó al mercado de trabajo a una masa de proletarios libres y desheredados. (…) El florecimiento de las manufacturas laneras de Flandes y la consiguiente alza de los precios de la lana, fue lo que sirvió de acicate directo para esto en Inglaterra. La antigua aristocracia había sido devorada por las guerras feudales, la nueva era ya una hija de sus tiempos, de unos tiempos en los que el dinero es la potencia de las potencias. Por eso enarboló como bandera la transformación de las tierras de labor en terrenos de pastos para ovejas. (…)

La Reforma, con su séquito de colosales depredaciones de los bienes de la Iglesia, vino a dar, en el siglo XVI, un nuevo y espantoso impulso al proceso violento de expropiación de la masa del pueblo. Al producirse la Reforma, la Iglesia católica era propietaria feudal de una gran parte del suelo inglés. La persecución contra los conventos, etc., transformó a sus moradores en proletariado. Muchos de los bienes de la Iglesia fueron regalados a unos cuantos rapaces protegidos del rey o vendidos por un precio irrisorio a especuladores rurales y a personas residentes en la ciudad, quienes, reuniendo sus explotaciones, arrojaron de ellas en masa a los antiguos arrendatarios, que las venían cultivando de padres a hijos.

(…) La «glorious Revolution» (Revolución gloriosa 1688) entregó el poder, al ocuparlo Guillermo III de Orange, a los terratenientes y capitalistas-acaparadores. Estos elementos consagraron la nueva era, entregándose en una escala gigantesca al saqueo de los terrenos de dominio público, que hasta entonces sólo se había practicado en proporciones muy modestas. (…) Estos bienes del dominio público, apropiados de modo tan fraudulento, en unión de los bienes de que se despojó a la Iglesia, son la base de esos dominios principescos que hoy posee la oligarquía inglesa. Los capitalistas burgueses favorecieron esta operación, entre otras cosas, para convertir el suelo en un artículo puramente comercial, extender la zona de las grandes explotaciones agrícolas, hacer que aumentase la afluencia a la ciudad de proletarios libres y desheredados del campo, etc. Además, la nueva aristocracia de la tierra era la aliada natural de la nueva bancocracia, de la alta finanza, que acababa de dejar el cascarón, y de los grandes manufactureros, atrincherados por aquel entonces detrás del proteccionismo aduanero. La burguesía inglesa obró en defensa de sus intereses (…).

Los bienes comunales eran una institución de viejo origen germánico, que se mantenía en vigor bajo el manto del feudalismo. (…) La forma parlamentaria que reviste este despojo es la de los Bills for Inclosures of Commons (leyes sobre el cercado de terrenos comunales); dicho en otros términos, decretos por medio de los cuales los terratenientes se regalan a sí mismos en propiedad privada las tierras del pueblo, decretos de expropiación del pueblo (…) reconociendo con ello, que la transformación de estos bienes en propiedad privada no puede prosperar sin un golpe de Estado parlamentario. (…)

Los terrenos anexionados por el terrateniente colindante, bajo pretexto de cercarlos, no eran siempre tierras yermas, sino también, con frecuencia, tierras cultivadas mediante un tributo al municipio, o comunalmente.

(…) En el siglo XIX se pierde, como es lógico, hasta el recuerdo de la conexión existente entre el agricultor y los bienes comunales. Para no hablar de los tiempos posteriores, bastará decir que la población rural no obtuvo ni un céntimo de indemnizaciones por los 3.511.770 acres de tierras comunales que entre los años de 1801 y 1831 le fueron arrebatados y ofrecidos como regalo a los terratenientes por el parlamento de terratenientes.

Finalmente, el último gran proceso de expropiación de los agricultores es el llamado Clearing of Estates («limpieza de fincas», que en realidad consistía en barrer de ellas a los hombres).

(…) En Escocia, en el siglo XVIII, a los gaeles lanzados de sus tierras se les prohibía al mismo tiempo emigrar del país, para así empujarlos por la fuerza a Glasgow y a otros centros fabriles de la región. Como ejemplo del método de expropiación predominante en el siglo XIX, bastará citar las «limpias» llevadas a cabo por la duquesa de Sutherland. Esta señora, muy instruida en las cuestiones de Economía política decidió, apenas hubo ceñido la corona de duquesa, aplicar a sus posesiones un tratamiento radical económico, convirtiendo todo su condado —cuyos habitantes, mermados por una serie de procesos anteriores semejantes a éste, habían ido quedando ya reducidos a 15.000— en pastos para ovejas. Desde 1814 hasta 1820 se desplegó una campaña sistemática de expulsión y exterminio para quitar de en medio a estos 15.000 habitantes, que formarían, aproximadamente, unas 3.000 familias. Todas sus aldeas fueron destruidas y arrasadas, sus campos convertidos todos en terreno de pastos. Las tropas británicas, enviadas por el Gobierno para ejecutar las órdenes de la duquesa, hicieron fuego contra los habitantes, expulsados de sus tierras. Una anciana pereció abrasada entre las llamas de su choza, por negarse a abandonarla. Así consiguió la señora duquesa apropiarse de 794.000 acres de tierra, pertenecientes al clan desde tiempos inmemoriales.

A los naturales del país desahuciados les asignó en la orilla del mar unos 6.000 acres, a razón de dos por familia. Hasta la fecha, esos 6.000 acres habían permanecido yermos, sin producir ninguna renta a sus propietarios. Llevada de su altruismo, la duquesa se dignó arrendar estos eriales por una renta media de 2 chelines y 6 peniques cada acre a aquellos mismos miembros del clan que habían vertido su sangre por su familia desde hacía siglos. Todos los terrenos robados al clan fueron divididos en 29 grandes granjas destinadas a la cría de lanares, atendida cada una de ella por una sola familia; los pastores eran, en su mayoría, braceros de arrendatarios ingleses. En 1825, los 15.000 gaeles habían sido sustituidos ya por 131.000 ovejas. Los aborígenes arrojados a la orilla del mar procuraban, entretanto, mantenerse de la pesca; se convirtieron en anfibios y vivían, según dice un escritor inglés de la época, mitad en tierra y mitad en el mar, sin vivir entre todo ello más que a medias.

Pero los bravos gaeles habían de pagar todavía más cara aquella idolatría romántica de montañeses por los «caudillos» de los clanes. El olor del pescado les dio en la nariz a los señores. Estos, barruntando algo de provecho en aquellas playas, las arrendaron a las grandes pescaderías de Londres, y los gaeles fueron arrojados de sus casas por segunda vez.

Finalmente, una parte de los pastos fue convertida en cotos de caza. Como es sabido, en Inglaterra no existen verdaderos bosques. La caza que corre por los parques de los aristócratas es, en realidad, ganado doméstico, gordo como los concejales de Londres. Por eso, Escocia es, para los ingleses, el último asilo de la «noble pasión» de la caza.

«En la montaña» —dice Somers en 1848— «se han extendido considerablemente los cotos de caza. (…) Los propietarios siguen la norma de diezmar y exterminar a la gente como un principio fijo, como una necesidad agrícola, lo mismo que se talan los árboles y la maleza en las espesuras de América y Australia, y esta operación sigue su marcha tranquila y comercial».

(…) La depredación de los bienes de la Iglesia, la enajenación fraudulenta de las tierras del dominio público, el saqueo de los terrenos comunales, la metamorfosis, llevada a cabo por la usurpación y el terrorismo más inhumano de la propiedad feudal y del patrimonio del clan en la moderna propiedad privada: he ahí otros tantos métodos idílicos de acumulación originaria. Con estos métodos se abrió paso a la agricultura capitalista, se incorporó el capital a la tierra y se crearon los contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida que necesitaba la industria de las ciudades.


1º.- La acumulación originaria imprescindible para que surja el capital, exigía desposeer a los campesinos de sus tierras y medios de vida.

Este es el corazón de un proceso que se prolonga durante tres siglos, y que se realiza a través de los más diversos métodos de usurpación y haciendo uso del terrorismo más inhumano.

Las condiciones en las que vivía el pueblo a finales del siglo XV eran aceptables –es un periodo conocido como “la edad de oro” del campesinado-, pero incompatibles con el desarrollo del capitalismo. La inmensa mayoría eran campesinos libres y propietarios, los jornaleros eran escasos y tenían las espaldas cubiertas por los campesinos libres. A su vez existían terrenos comunales y públicos que permitían la subsistencia.

2º.- La privatización de los terrenos comunales o la confiscación de los bienes de la Iglesia se llevaron a cabo desde el poder.

Como dice Marx, la transformación de estos bienes en propiedad privada no puede prosperar sin un golpe de Estado parlamentario.

Los terrenos comunales son privatizados ilegalmente, amplias áreas son transformadas en pastos y sus habitantes expulsados, la confiscación de los bienes de la iglesia enriquece o crea grandes propietarios.

Un proceso que crea la agricultura capitalista –haciendo hegemónicas en el campo unas relaciones capitalistas que eran antes marginales-.

3º.- Este proceso, sobre todo, genera por la fuerza la clase de hombres desposeídos –obligados por tanto a vender su fuerza de trabajo, que es ahora su único medio de subsistencia-, que dará origen al proletariado moderno.

“Se crearon los contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida que necesitaba la industria de las ciudades”.

Después de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, era necesario encuadrar a los antiguos campesinos libres en la disciplina que exigía el trabajo asalariado, y eso sólo podía hacerse –en el periodo de la acumulación originaria- mediante leyes grotescamente terroristas, y a fuerza de fuego y tormentos.

Marx nos lo sigue explicando:

3.- LEGISLACION SANGRIENTA CONTRA LOS EXPROPIADOS, A PARTIR DE FINES DEL SIGLO XV. LEYES REDUCIENDO EL SALARIO.

Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que aparecía en el mundo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fue convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias. De aquí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI se dictase en toda Europa Occidental una legislación sangrienta persiguiendo el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes «voluntarios», como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas.

En Inglaterra, esta legislación comenzó bajo el reinado de Enrique VII.

Enrique VIII, 1530: Los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos capaces de trabajar, por el contrario, azotes y reclusión. Se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre mane de su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su pueblo natal o al sitio en que hayan residido durante los últimos tres años, para que «se pongan a trabajar». ¡Qué ironía tan cruel! En caso de reincidencia de vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja; a la tercera vez que se le coja, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

[NOTA: Marx sigue citando legislaciones similares de Eduardo VI (1547), Isabel (1572), Jacobo I (1603). En algunas de ellas se ordena que si alguien se niega a trabajar se le asigne como esclavo a la persona que le denuncie como holgazán, marcándole a fuego una S y ahorcándole si se escapa. También se da derecho a quitarle los hijos a los vagabundos y esclavizarlos].

(…) Estos preceptos, que conservan su fuerza legal hasta los primeros años del siglo XVIII, sólo fueron derogados por el reglamento del año 12 del reinado de Ana, (1702-1707).

Leyes parecidas a éstas se dictaron también en Francia, en cuya capital se había establecido, a mediados del siglo XVII, un verdadero reino de vagabundos. (…) Normas semejantes se contenían en el estatuto dado por Carlos V, en octubre de 1537, para los Países Bajos, en el primer edicto de los Estados y ciudades de Holanda (1614), en el bando de las Provincias Unidas (1649), etc.

Véase, pues, cómo después de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante leyes grotescamente terroristas a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exigía el sistema del trabajo asalariado.

No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a éstos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales. La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la creación constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo y, por ello, el salario a tono con las necesidades de crecimiento del capital, y la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales. Dentro de la marcha natural de las cosas, ya puede dejarse al obrero a merced de las «leyes naturales de la producción», es decir, puesto en dependencia del capital, dependencia que las propias condiciones de producción engendran, garantizan y perpetúan. Durante la génesis histórica de la producción capitalista, no ocurre aún así. La burguesía, que va ascendiendo, necesita y emplea todavía el poder del Estado para «regular» los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que benefician a la extracción de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia. Es éste un factor esencial de la llamada acumulación originaria.

(…) En Inglaterra, la legislación sobre el trabajo asalariado, encaminada desde el primer momento a la explotación del obrero y enemiga de él desde el primer instante hasta el último, comienza con el Statute of Labourers [Estatuto de obreros] de Eduardo III, en 1349. A él corresponde en Francia la Ordenanza de 1350, dictada en nombre del rey Juan. La legislación inglesa y francesa, siguen rumbos paralelos y tienen idéntico contenido.

(…) En el Statute of Labourers se establece una tarifa legal de salarios. Se prohíbe, bajo penas de cárcel, abonar jornales superiores a los señalados por el estatuto, pero el delito de percibir tales salarios ilegales se castiga con mayor dureza que el delito de abonarlos; se castiga con diez días de cárcel al que abone jornales excesivos; en cambio, al que los cobre se le castiga con veintiuno. (…) Desde el siglo XIV hasta 1825, el año de la abolición de las leyes anticoalicionistas, las coaliciones obreras son consideradas como un grave crimen. Cuál era el espíritu que inspiraba el estatuto obrero de 1349 y sus hermanos menores se ve claramente con sólo advertir que en él se fijaba por imperio del Estado un salario máximo; lo que no se prescribía ni por asomo era un salario mínimo.

Durante el siglo XVI, empeoró considerablemente la situación de los obreros. El salario en dinero subió, pero no proporcionalmente a la depreciación del dinero y a la subida de los precios de las mercancías. En realidad, pues, los jornales bajaron. A pesar de ello, seguían en vigor las leyes encaminadas a hacerlos bajar, con la conminación de cortar la oreja y marcar con el hierro candente a aquellos que nadie quisiera tomar a su servicio. (…)

Por fin, en 1813 fueron derogadas las leyes sobre reglamentación de salarios. Estas leyes eran una ridícula anomalía, desde el momento en que el capitalista regía la fábrica con sus leyes privadas, haciéndose necesario completar el salario del bracero del campo con el tributo de pobreza para llegar al mínimo indispensable. Las normas de los Estatutos obreros sobre los contratos entre el patrono y sus jornaleros, sobre los plazos de aviso, etc., las que sólo permiten demandar por lo civil contra el patrono que falta a sus deberes contractuales, permitiendo, en cambio, procesar por lo criminal al obrero que no cumple los suyos, siguen en pleno vigor hasta la fecha.

Las crueles leyes contra las coaliciones hubieron de derogarse en 1825, ante la actitud amenazadora del proletariado. No obstante, sólo fueron derogadas parcialmente. Hasta 1859 no desaparecieron algunos hermosos vestigios de los antiguos estatutos. (…) Como se ve, el parlamento inglés renunció a las leyes contra las huelgas y las tradeuniones de mala gana y presionado por las masas, después de haber desempeñado él durante cinco siglos, con el egoísmo más desvergonzado, el papel de una tradeunion permanente de los capitalistas contra los obreros.

En los mismos comienzos de la tormenta revolucionaria, la burguesía francesa se atrevió a arrebatar de nuevo a los obreros el derecho de asociación que acababan de conquistar. Por decreto del 14 de junio de 1791, declaró todas las coaliciones obreras como un «atentado contra la libertad y la Declaración de los Derechos del Hombre», sancionable con una multa de 500 libras y privación de la ciudadanía activa durante un año. Esta ley, que, poniendo a contribución el poder policíaco del Estado, procura encauzar dentro de los límites que al capital le plazcan la lucha de concurrencia entablada entre el capital y el trabajo, sobrevivió a todas las revoluciones y cambios de dinastía. Ni el mismo régimen del terror se atrevió a tocarla. No se la borró del Código penal hasta hace muy poco.

1º.- Para formar el proletariado moderno, se encajó a los antiguos campesinos, mediante leyes terroristas, a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exigía el sistema del trabajo asalariado.

Los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes “voluntarios”, como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones.

2º.- La organización del proceso capitalista de producción suponen la dependencia completa de la fuerza de trabajo asalariada respecto al capital, dependencia que las relaciones de producción capitalistas “engendran garantizan y perpetúan”.

En la producción capitalista, el obrero desprovisto de todo medio de vida ha de vender su fuerza de trabajo para subsistir. Marx explica: “El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo medios de vida, pero, a cambio de estos medios de vida de su propiedad, el capitalista adquiere trabajo, la actividad productiva del obrero, la fuerza creadora con la cual el obrero no sólo repone lo que consume, sino que da al trabajo acumulado [al capital] un mayor valor del que antes poseía. El obrero recibe del capitalista una parte de los medios de vida existentes. ¿Para qué le sirven estos medios de vida? Para su consumo inmediato. Pero, al consumir los medios de vida de que dispongo, los pierdo irreparablemente.” Por el contrario, el capital ha aumentado con el trabajo del obrero.

Este intercambio desigual entre el capital y la fuerza de trabajo es el que sirve de base a la producción capitalista y tiende a reproducir al obrero como obrero y al capitalista como capitalista”.

El obrero no sólo produce mercancías, sino que produce capital, aumentando el poder de éste sobre el trabajo asalariado en cada intercambio. Esto hace cada vez más fuerte el dominio del capital y agranda el abismo social que lo separa del trabajo asalariado.

Sin embargo, en el inicio del capitalismo este dominio del capital está en estado naciente, esa clase obrera educada y disciplinada que debe aceptar como “orden natural” las relaciones capitalistas de producción no está aún formada.

Por esto, durante todo este periodo, se hace necesario hacer uso de la violencia y el terror en primera instancia para encuadrar a los obreros asalariados en las condiciones que exigía el capital. Y esta es la razón del conjunto de leyes grotescamente terroristas que se dictan durante esta época. Obligando a los antiguos campesinos propietarios, una vez expropiados, a convertirse en obreros asalariados.

3º.- Durante el periodo de la acumulación originaria es el Estado quien garantiza la sujeción de los salarios a las necesidades del capital, imponiendo salarios máximos por debajo de los límites de subsistencia. Este es un factor esencial para explicar la acumulación originaria.


Como afirma Marx, la burguesía, que va ascendiendo, necesita y emplea todavía el poder del Estado para “regular” los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que benefician a la extracción de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia.

Este –y no sólo, ni principalmente, el desarrollo de las fuerzas productivas- es un factor esencial que explica el “milagro” de la acelerada revalorización del capital durante la época de la acumulación originaria.

Como complemento inevitable a esta cadena de abusos terroristas sobre el trabajo asalariado, había que privarle de cualquier derecho y libertad como clase. Las revoluciones burguesas enarbolan las declaraciones de los derechos humanos universales. Pero el derecho de los obreros a organizarse contra el interés burgués está proscrito. En Inglaterra está prohibida hasta 1825 cualquier asociación obrera, y sólo en 1871 se reconoció legalmente a las tradeunions. La revolución francesa –emblema del proceso democrático burgués- dictó inmediatamente la prohibición de las asociaciones obreras, que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX.

jueves, 2 de febrero de 2017

HISTORIA DEL CAPITALISMO A TRAVÉS DE SUS CRISIS (I)



La “acumulación – expropiación” originaria





Hemos visto que la existencia del capital requiere de dos condiciones previas:

Primera: que exista una acumulación originaria (o como dice Marx, hablando en propiedad, una expropiación originaria) gracias a la cual una parte de la sociedad –la clase de los capitalistas– se ha apropiado de los frutos del trabajo social.

Segunda: que, por el contrario, exista otra parte de la sociedad que no posea otra cosa que su fuerza de trabajo y deba venderla en el mercado para subsistir.

¿Y cómo se dio este proceso?

Marx dedica un capítulo de su obra principal, El Capital, a exponer cómo surgieron en la historia las condiciones para la aparición del modo de producción capitalista. El texto es tan rico y completo que resulta difícil recortarlo, hemos optado por presentar una selección amplia que sintetizaremos al final.

Veamos lo que plantea Marx:

1.- EL SECRETO DE LA ACUMULACION ORIGINARIA

Hemos visto cómo se convierte el dinero en capital, cómo sale de éste la plusvalía y de la plusvalía más capital. Sin embargo, la acumulación de capital presupone la plusvalía; la plusvalía, la producción capitalista, y ésta, la existencia en manos de los productores de mercancías de grandes masas de capital y fuerza de trabajo. Todo este proceso parece moverse dentro de un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesto una acumulación «originaria» anterior a la acumulación capitalista («previous accumulation», la denomina Adam Smith), una acumulación que no es fruto del régimen capitalista de producción, sino punto de partida de él.

Esta acumulación originaria viene a desempeñar en la Economía política más o menos el mismo papel que desempeña en la teología el pecado original. Adán mordió la manzana y con ello el pecado se extendió a toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándolos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos —se nos dice—, había, de una parte, una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. (…) Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pellejo. De este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer, aunque ya haga muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar.

(…) Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, el esclavizamiento, el robo y el asesinato, la violencia, en una palabra. Pero en la dulce Economía política ha reinado siempre el idilio. Las únicas fuentes de riqueza han sido desde el primer momento el derecho y el «trabajo». En la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos.

Ni el dinero ni la mercancía son de por sí capital, como no lo son tampoco los medios de producción ni los artículos de consumo. Hay que convertirlos en capital. Y para ello han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo deseosos de explotar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo. Obreros libres en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción de su propiedad como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.; libres y desheredados. Con esta polarización del mercado de mercancías se dan las condiciones fundamentales de la producción capitalista. (…) Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad de las condiciones de su trabajo, proceso que, de una parte, convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras que, de otra parte, convierte a los productores directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la llama «originaria» porque forma la prehistoria del capital y del modo capitalista de producción.

La estructura económica de la sociedad capitalista brotó de la estructura económica de la sociedad feudal. Al disolverse ésta, salieron a la superficie los elementos necesarios para la formación de aquélla.

El productor directo, el obrero, no pudo disponer de su persona hasta que no dejó de vivir encadenado a la gleba y de ser siervo dependiente de otra persona. Además, para poder convertirse en vendedor libre de fuerza de trabajo, que acude con su mercancía adondequiera que encuentre mercado, hubo de sacudir también el yugo de los gremios, sustraerse a las ordenanzas sobre aprendices y oficiales y a todos los estatutos que embarazaban el trabajo. Por eso, en uno de sus aspectos, el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados representa la liberación de la servidumbre y la coacción gremial, y este aspecto es el único que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero, si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de sí mismos, una vez que se vean despojados de todos sus medios de producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban. Y esta expropiación queda inscrita en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego.

A su vez, los capitalistas industriales, estos potentados de hoy, tuvieron que desalojar, para llegar a este puesto, no sólo a los maestros de los gremios artesanos, sino también a los señores feudales, en cuyas manos se concentraban las fuentes de la riqueza. Desde este punto de vista, su ascensión es el fruto de una lucha victoriosa contra el poder feudal y sus indignantes privilegios, contra los gremios y las trabas que estos ponían al libre desarrollo de la producción y a la libre explotación del hombre por el hombre. Pero los caballeros de la industria subieron y triunfaron por procedimientos no menos viles que los que en su tiempo empleó el liberto romano para convertirse en señor de su patrono.

El proceso de donde salieron el obrero asalariado y el capitalista, tuvo como punto de partida la esclavización del obrero. Este desarrollo consistía en el cambio de la forma de esclavización: la explotación feudal se convirtió en explotación capitalista. Para comprender la marcha de este proceso, no hace falta remontarse muy atrás. (…) Allí donde surge el capitalismo hace ya mucho tiempo que se ha abolido la servidumbre (…).

En la historia de la acumulación originaria hacen época todas las transformaciones que sirven de punto de apoyo a la naciente clase capitalista, y sobre todo los momentos en que grandes masas de hombres son despojadas repentina y violentamente de sus medios de subsistencia y lanzadas al mercado de trabajo como proletarios libres y desheredados. Sirve de base a todo este proceso la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino. Su historia presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas históricas diversas. Reviste su forma clásica sólo en Inglaterra, país que aquí tomamos, por tanto, como modelo.


1º.- Llamamos acumulación originaria a un proceso singular de acumulación de capital.

Singular porque no es fruto del régimen de producción capitalista, sino punto de partida imprescindible para él. Sólo sobre la base de una acumulación originaria de este tipo pudieron llegar a brotar de la estructura económica de la sociedad feudal las condiciones fundamentales de la producción capitalista.
Marx no llega al concepto de “acumulación originaria” a través del estudio de los hechos históricos, sino exactamente al revés. Lo establece como una necesidad teórica del materialismo histórico, y sólo luego la busca y la documenta en la historia.

2º.- Las condiciones fundamentales necesarias para que exista la producción capitalista exigen polarizar el mercado de mercancías en dos tipos muy distintos de poseedores:

- de un lado los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo deseosos de aumentar el valor de su propiedad mediante la compra de fuerza de trabajo ajena.

- del otro, obreros libres. Libres en el doble sentido, se ha librado de las relaciones de servidumbre; pero también ha sido desposeídos de sus medios de vida. Libres y desposeídos.


3º.- La acumulación originaria es el imprescindible punto de partida en la génesis del capitalismo. Exige la disociación entre el productor y los medios de producción.

Supone la expropiación forzosa del productor directo, transformándolo en obrero asalariado.

Sólo así pueden crearse las condiciones fundamentales para que exista la producción capitalista. Como dice Marx: El proceso de donde salieron el obrero asalariado y el capitalista, tuvo como punto de partida la esclavización del obrero. El cambio de la forma de esclavización: la explotación feudal se convirtió en explotación capitalista.

4º.- Este proceso está escrito en la historia “a sangre y fuego”. Es un proceso de lucha de clases. Y “los métodos fueron de todo menos idílicos”.

En la trasformación de los productores en obreros asalariados, los historiadores burgueses sólo ven el aspecto de la liberación de la servidumbre. Pero ocultan el otro aspecto, el de ser “despojados de todos sus medios de producción. Y esta expropiación queda inscrita en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego”.

A su vez la burguesía tuvo que desalojar del poder a los feudales.
Las condiciones necesarias para la aparición del capitalismo no brotan de forma espontánea de la descomposición del régimen feudal. Este sería un punto de vista economicista. Es un proceso de lucha de clases, y se imponen desde el poder y por la fuerza.

5º.- Sirve de base a todo este proceso la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino.

Allí donde surge el capitalismo hace ya tiempo que el régimen feudal está en abierta disolución y se ha abolido la servidumbre. Esta disolución del feudalismo crea una gran masa –Marx plantea que en la Inglaterra del siglo XV son la inmensa mayoría de la población- de campesinos libres que son propietarios de la tierra que trabajan, tienen a su disposición amplios terrenos comunales donde se aprovisionan de diversos productos y pastaban sus ganados.

En la próxima asignatura conoceremos cómo se da en Inglaterra este proceso por el que “grandes masas de hombres son despojadas repentina y violentamente de sus medios de subsistencia y lanzadas al mercado de trabajo como proletarios libres y desheredados”.

domingo, 29 de enero de 2017

HISTORIA DEL CAPITALISMO A TRAVÉS DE SUS CRISIS (0)

 “nociones” de 
materialismo histórico.


Antes de entrar en la materia que nos ocupa, vamos a partir de algunas nociones de la teoría marxista, que consideramos imprescindibles para comprender el fondo del problema que vamos a estudiar.




Marx abrió un nuevo continente científico, el Materialismo Histórico, una teoría científica que estudia los cimientos de la sociedad. Y en particular, cuáles son las leyes que rigen el desarrollo del modo de producción capitalista.

El capitalismo no es el único modo de explotación del hombre por el hombre, el esclavismo o el feudalismo, anteriores a él, también lo fueron. Sin embargo, es cualitativamente distinta la forma en que esta explotación se ha realizado.

Repasemos brevemente lo que dice Marx sobre las relaciones capitalistas de producción, la explotación particular del capitalismo:

El primer capítulo de “El Capital” comienza diciendo: “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un "enorme cúmulo de mercancías", y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza”.

Estamos más que familiarizados con esa forma celular básica que es “la mercancía”; prácticamente todo lo que nos rodea son mercancías que se compran y se venden; que se intercambian.


La mercancía es un producto del trabajo social, de la división social del trabajo. Todas las mercancías tienen un valor de cambio. Y podemos comprobar que este valor equivale a la cantidad de trabajo socialmente necesario (TSN) que hay encerrado en ellas, es decir, a la cantidad de trabajo necesario bajo determinadas condiciones sociales medias de producción. ¿Y cómo se mide la cantidad de trabajo? Por su tiempo de duración.

  • A menor cantidad de trabajo socialmente necesario, baja el valor de la mercancía, y a la inversa, a mayor trabajo socialmente necesario, mayor valor.
Esto lo comprobamos día a día; por ejemplo, cuando Ford introdujo el trabajo en cadena que revolucionó la producción, abarató enormemente el valor de sus automóviles ya que éstos necesitaban menos horas de trabajo social para ser fabricados. De hecho, para competir en el mercado, los capitalistas se ven obligados a revolucionar incesantemente las fuerzas productivas, aplicar más maquinaria, más especialización, etc… de forma que baje el valor de sus mercancías y esto le permita desplazar a otros competidores del mercado.

·        ¿Y de dónde obtiene la ganancia el capitalista?  Suele pensarse que la ganancia capitalista proviene de un sobre precio añadido al valor de la mercancía. Pero no es cierto, las mercancías se venden por su valor.

Se obtiene ganancia vendiendo las mercancías por su valor. Y aquí es donde encontramos la piedra angular de todo el edificio capitalista: la plusvalía.

En el capitalismo, la fuerza de trabajo humana se ha transformado en una mercancía.
Marx dice: “El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado”.

“La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que su propietario, el obrero asalariado, vende al capital, ¿Para qué la vende? Para vivir. La fuerza de trabajo no ha sido siempre una mercancía. El trabajo no ha sido siempre trabajo asalariado, es decir, trabajo libre. El esclavo no vendía su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo que el buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es, por sí mismo, una mercancía, pero la fuerza de trabajo no es una mercancía suya. El siervo de la gleba sólo vende una parte de su fuerza de trabajo. No es él quien obtiene un salario del propietario del suelo; por el contrario es éste, el propietario del suelo, quien percibe de él su tributo. El siervo de la gleba es un atributo del suelo y rinde frutos al dueño de éste. En cambio el obrero libre se vende él mismo, y se vende en partes. Subasta 8, 10, 12, 15 horas de su vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, al propietario de las materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida: es decir, el capitalista. El obrero no pertenece a ningún señor ni está adscrito al suelo, pero las 8, 10, 12 o 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra”.

El obrero no vende su trabajo, sino su fuerza de trabajo. ¿Y cómo se fija el valor de la fuerza de trabajo? Al igual que todas las demás mercancías, se determina por la cantidad de trabajo necesaria para su conservación o reproducción.

Un hombre tiene que consumir artículos de primera necesidad.

Se desgasta y ha de ser reemplazado por otro, por tanto además del sustento propio, necesita sostener el de los hijos que le puedan reemplazar.

Otra cantidad de trabajo se la lleva el aprendizaje que no es igual según los oficios o especialización; por eso los valores de fuerzas de trabajo de los diferentes oficios son distintos como los son los valores de los productos de diferente calidad.

Y esto de acuerdo al nivel de vida medio del lugar en que se esté, por ejemplo no tiene el mismo coste de producción la fuerza de trabajo en España o en Marruecos.

¿Y cómo se obtiene la ganancia? Hemos dicho que el capitalista compra las horas de trabajo del obrero, son de su propiedad y también lo será el fruto del trabajo de dichas horas.

La materia prima o la maquinaria, transfieren su valor a la mercancía final, pero la fuerza de trabajo añade valor ya que como hemos establecido, el valor de una mercancía se establece por el tiempo de trabajo invertido en su producción. En las 3, 4, … primeras horas de su jornada laboral, el obrero añade un valor equivalente al de su fuerza de trabajo (al salario que va a percibir), sin embargo no ha concluido su jornada laboral y seguirá añadiendo valor a las mercancías que está produciendo. Es ese valor de más, esas horas de trabajo no remuneradas, esa plusvalía, la fuente de la ganancia capitalista. Cuando el capitalista venda las mercancías por su valor, una parte del trabajo invertido por el obrero no la ha pagado y ahí está su ganancia.

La cuota de plusvalía dependerá de la proporción en que la jornada de trabajo se prolongue más allá del tiempo durante el cual el obrero, con su trabajo, se limita a reproducir el valor de su fuerza de trabajo, a reponer su salario.

Este intercambio entre el capital y la fuerza de trabajo es el que sirve de base a la producción capitalista y tiende a reproducir al obrero como obrero y al capitalista como capitalista.

            Hemos comprendido a un primer nivel cómo el capital se incrementa con la explotación de la fuerza de trabajo, pero …

  • ¿Qué forma el capital?
El capital está formado por materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida de todo género que se emplean para producir nuevas materias primas, nuevos instrumentos de trabajo y nuevos medios de vida.
Todas estas partes integrantes del capital son fruto del trabajo, productos del trabajo, por eso le llamamos trabajo acumulado. El trabajo acumulado que sirve de medio de nueva producción es el capital.

El capital es, además, una suma de mercancías.
Todos los productos que lo integran son mercancías. Ahora bien, no toda suma de mercancías  es capital.

¿Cómo se convierte en capital una suma de mercancías?
Una suma de mercancías se convierte en capital en tanto que existe como fuerza social independiente, es decir, fuerza en poder de una parte de la sociedad. Y como tal fuerza social independiente se conserva y se aumenta por medio del intercambio con la fuerza de trabajo inmediata, viva.

La existencia de una clase que no posee nada más que su capacidad de trabajo es una premisa necesaria para que exista el capital.

Así pues, la existencia del capital presupone dos condiciones previas:
1).- Que exista una acumulación originaria (o como dice Marx, hablando en propiedad, una expropiación originaria) gracias a la cual una parte de la sociedad –la clase de los capitalistas– se ha apropiado de los frutos del trabajo social

2).- Que, por el contrario, exista otra parte de la sociedad que no posea otra cosa que su fuerza de trabajo y deba venderla en el mercado para subsistir.

lunes, 9 de enero de 2017

Ciclo de Escuelas de Marxismo de Unificación Comunista de España:


“La historia del capitalismo a través de sus crisis”


Comenzamos un año lleno de incertidumbres: ¿cuáles serán los cambios que la inesperada “era Trump” provocará en la situación internacional?, ¿estamos al inicio de “la recuperación”, como repiten los grandes medios, o nos esperan nuevas sacudidas de una crisis que está lejos de concluir?

Si un arquitecto quiere diseñar una casa que no se derrumbe necesita partir de las leyes de la física. De la misma manera, si queremos comprender los fenómenos de la economía y la política mundiales, debemos partir de las leyes fundamentales del capitalismo.

Cuando estalló la crisis, textos marxistas declarados caducos, como “El Capital” o “El Manifiesto Comunista”, se convirtieron en best sellers. Porque todos los que querían comprender el aparente caos que la actualidad nos presentaba, se aferraron al conocimiento sobre los fundamentos del modo de producción capitalista que el marxismo nos proporciona.

El pensamiento dominante en el seno de la izquierda tacha al marxismo de “dogmático”, afirma que en un mundo tan cambiante es imposible una ciencia social, y que sólo podemos aspirar a meras aproximaciones, pero nunca a certezas. ¿Acaso un ingeniero no parte de las certezas que le proporciona la Física para poder enviar un cohete a la luna? ¿Entonces por qué no podemos hacer lo mismo para transformar la sociedad?

Vamos a iniciar un nuevo ciclo de Escuelas populares de Marxismo que hemos titulado “La historia del capitalismo a través de sus crisis”.

Comprobaremos cómo la teoría establecida por Marx para analizar el capitalismo no sólo era absolutamente válida para el capitalismo de libre cambio del siglo XIX (que él estudió con la precisión con que un químico estudia la estructura molecular de la materia), sino imprescindible para conocer las leyes de desarrollo que han guiado la base económica del mundo desde entonces hasta hoy.

Y vamos a hacerlo estudiando también el desarrollo concreto del capitalismo en los últimos tres siglos, en los momentos cruciales que sientan los cimientos que nos permiten comprender el mundo actual.

“La historia del capitalismo a través de sus crisis” es un título que hemos tomado prestado de una serie de escuelas que hicimos en 2007, adelantándonos al estallido de la crisis. Diez años después consideramos que su contenido es imprescindible para comprender el mundo actual y nos proponemos revisitarlo aunque de forma más concentrada.

El diseño inicial del ciclo es:




1ª Escuela 27 y 28 de Enero: 
El nacimiento del capitalismo. La expropiación originaria.





Nos han vendido la idea de que el capitalismo se hizo hegemónico gracias a que era más productivo que el feudalismo. Los economistas clásicos de la burguesía afirmaban que una “mano invisible” regía el funcionamiento del capitalismo. Y todavía hoy, el pensamiento dominante en la izquierda afirma que con el neoliberalismo “la economía ha colonizado la política”.

La realidad es exactamente la contraria. Es el dominio de clase de las principales burguesías, impuesto a sangre y fuego, lo que les permite imponer su explotación. Y esto es así desde el mismo nacimiento del capitalismo.

Para crear la masa de obreros necesaria para la expansión del capital, la burguesía procedió durante los siglos XVI al XVIII a expropiar por la fuerza a los campesinos. Les despojaron y expulsaron de sus tierras, impusieron leyes terroristas para encuadrarlos en la disciplina del trabajo asalariado, el Estado impuso “salarios máximos” de pura miseria y prohibió cualquier tipo de asociación obrera.

Es esta dictadura sobre la población la que permitió una hiperexplotación que hace posible la acumulación originaria de capital y su extraordinario crecimiento posterior.




2ª Escuela 24 y 25 de Febrero: 
El salto al imperialismo.

En las últimas décadas del siglo XIX, el salto del capitalismo de libre cambio al capitalismo monopolista va a concentrar el poder mundial en un pequeño puñado de potencias imperialistas con capacidad para imponer la explotación económica y el dominio político y militar sobre todo el planeta.

Un cambio encabezado por nuevas potencias entonces en ascenso, como EEUU y Alemania, que sentaron las bases les permiten su dominio actual.



3ª Escuela 24 y 25 de Marzo: 
La Iª Guerra Mundial, 
la grieta imperialista 
y la Revolución de Octubre.



La Iª Guerra Mundial será la expresión de como el imperialismo podía llevar la barbarie a cotas desconocidas por la humanidad. Pero al mismo tiempo, su desarrollo va a provocar un debilitamiento del poder de las viejas potencias tradicionales. Permitiendo que puedan expresarse proyectos y energías antes vetados, en el plano económico, político, cultural, científico...

El triunfo de la Revolución de Octubre va a abrir en canal esta grieta imperialista, demostrando en los hechos que “los nada de hoy todo pueden ser”, que los explotados pueden tomar el poder. Un ejemplo que pronto quieren imitar todos los pueblos del mundo, provocando una oleada revolucionaria cuyos efectos continúan hoy.


Escuela Central de Semana Santa 14, 15 y 16 de Abril: 
IIª Guerra Mundial, Hegemonismo
 conclusión de la Guerra Fría y situación actual.

Las Escuelas Zonales tratarán los antecedentes del mundo actual, en la Escuela de Semana Santa nos adentraremos ya en los cimientos inmediatos de la distribución del poder actual.

Comenzando con los “felices y narcotizados años veinte”, donde se anunciaba una expansión sin límites del capitalismo, pero que se truncaron violentamente con el crack del 29, sacando a la luz el antagonismo larvado durante la época de bonanza y alumbrando los fascismos.

Estudiaremos cómo la resolución de la crisis, agudizando las disputas entre las grandes potencias, condujo a una IIª Guerra Mundial, cuyo resultado fue la irrupción de EEUU como superpotencia.

Y cómo la degeneración de la URSS, transformada en un nuevo monstruo, condujo a una disputa por la hegemonía mundial entre Washington y Moscú que colocó al mundo al borde del abismo.

Tras la victoria en la Guerra Fría, EEUU se apresuró en anunciar “el fin de la historia”. Pero lo que ha sucedido en realidad es un acelerado declive de una superpotencia norteamericana que es incapaz de detener el avance de la lucha de los países y pueblos del mundo.


El resultado de todo este proceso histórico es el mundo en que vivimos. El estallido de la crisis ha abierto en carne viva todos los antagonismos sociales.

Somos muchos los que afirmamos que algo está terriblemente mal en el mundo y que es urgente cambiarlo. Pero sólo conociendo en profundidad la realidad del sistema capitalista estaremos en condiciones de disponer de las herramientas necesarias para transformarlo.

Este es el objetivo del ciclo de Escuelas de Marxismo que ahora comenzamos.

La primera de las Escuelas de Marxismo se celebrará el viernes 27 y el sábado 28 de enero

- Tiene una matrícula de 6 euros.

- A todos los matriculados se les proporcionará un dossier con las asignaturas y los textos de estudio.

Os invitamos a reservar ya vuestra matrícula para las 3 Escuelas Zonales por 18€ y para las Escuela Central por 12€, son 30€ en total, para un ciclo de estudio del máximo interés.

Más información  609615971

Comité de Formación de Unificación Comunista de España.

martes, 13 de diciembre de 2016

El valor revolucionario de la ciencia.






El Marxismo; 









una teoría revolucionaria para 
la conquista de la democracia


“Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria” (F. Engels)

“Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico” (V.I. Lenin)

“Espíritu y alma son objeto de investigación científica exactamente como lo son cualesquiera otras cosas ajenas al hombre. El psicoanálisis aporta tanta claridad saludable como la elucidación de ciertas leyes económicas”.
(S. Freud)

“La física es el intento de construir conceptualmente un modelo del mundo real y de su estructura con arreglo a las leyes que lo rigen”. (A. Einstein)

TESIS I: La ciencia tiene siempre un valor revolucionario, que permite dar saltos cualitativos en la práctica. Conocer la realidad nos permite estar en disposición de transformarla.

-          En el “Discurso ante la tumba de Marx”, Engels sintetiza la concepción revolucionaria de la ciencia por parte del marxismo:
“Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionaria en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad. Pues Marx era, ante todo, un revolucionario”.
           
La lucha por la experimentación científica forma parte de la práctica social. Proviene de la práctica y a su vez sirve a la práctica. Marx (que desarrolló un intenso trabajo teórico) coloca en primer plano la capacidad de la ciencia para revolucionar la práctica, para transformar el mundo, desde la aplicación inmediata a “la industria”, a su influencia sobre el “desarrollo histórico en general”.
Podemos comprobarlo si miramos nuestra realidad más cercana.
Hoy aceptamos de forma natural que la Tierra es uno más de los planetas que giran alrededor del Sol. Y el desarrollo científico nos ha permitido conocer las galaxias más lejanas o descubrir los secretos del  origen del universo.
Sabemos que la realidad física -desde el movimiento de astros y planetas a la de los cuerpos terrestres- se mueve por sus propias leyes, por ejemplo la ley de la gravedad, y no por ningún impulso divino. Y la física nos ha permitido construir aviones o enviar cohetes a la luna.
Estamos convencidos de que el hombre es una especie animal más, que ha evolucionado desde los primates. Y por eso estamos en disposición de descifrar la evolución humana o de las diferentes especies.
Estas son ahora certezas socialmente admitidas... ahora. Pero su mera enunciación supuso una provocación, enfrentada a unas ideas dominantes que le declararon una guerra sin cuartel. El triunfo de estas teorías científicas supuso toda una revolución, en el pensamiento y sobre todo en la práctica de la humanidad.

La ciencia es siempre revolucionaria por tres razones:

1º.- La verdad siempre es revolucionaria. Y el objeto de la ciencia es precisamente establecer verdades universales sobre la esencia y las leyes internas propias a un proceso particular de desarrollo de la materia.

2º.- Su irrupción es siempre revolucionaria. Derriba mitos y engaños, arrincona creencias y fabulaciones, destruye falsos credos y arraigados dogmas. Y lo hace con su simple irrupción, con la mera enunciación de sus hipótesis y leyes.

3º.- Pero, sobre todo, la ciencia es revolucionaria en la práctica, porque permite multiplicar la capacidad de transformación de la realidad.
La única razón de ser de la ciencia es la transformación material de los objetos concretos, de los diferentes procesos materiales concretos. Conocer la realidad de forma científica permite estar en disposición de transformarla.
Hasta el punto de que la ciencia permite adelantarse a la práctica, conocer y prever fenómenos que nunca han sido observados. Porque es capaz de conocer la esencia de un proceso material, de establecer sus leyes universales, y por ello válidas para todos los fenómenos de esa realidad, para los que hemos percibido y para los que ni siquiera sabemos que existen.
La clasificación de los elementos químicos de Mendeleiev, la tabla periódica, permitía predecir la existencia de elementos de los que no se tenía ninguna constancia empírica, definiendo sus propiedades.
La ideología y la filosofía tienen carácter de clase, pueden ser revolucionarias o reaccionarias. Por el contrario, la ciencia nos proporciona un conocimiento objetivo de la realidad. Siempre es revolucionaria por sus repercusiones en la práctica, en la capacidad de transformar la realidad. Por eso todas las clases reaccionarias se han enfrentado al desarrollo de la ciencia, y todas las clases revolucionarias lo han alentado.

Tesis II: La conquista de cada nuevo continente científico ha supuesto una revolución, no sólo en el terreno del pensamiento, sobre todo en la práctica, que se ha abierto paso en medio de una lucha contra las ideas dominantes.

Vamos a comprobarlo a través de un repaso por los principales saltos en el conocimiento científico. Comenzando por el nacimiento del método científico en la Grecia clásica.

1º.- La primera revolución científica: las Matemáticas.

-          Galileo Galilei, uno de los fundadores de la física, nos explica la decisiva importancia de las matemáticas para la ciencia:
La ciencia está escrita en el más grande de los libros, abierto permanentemente ante nuestros ojos, el Universo, pero no puede ser comprendido a menos de aprender a entender el lenguaje y a conocer los caracteres con que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las que es humanamente imposible entender una sola palabra; sin ellas uno vaga desesperadamente por un oscuro laberinto”.
¿Qué nos está diciendo Galileo? Detrás de la infinita variedad que nos presentan las apariencias empíricas, existen leyes universales que rigen los procesos materiales concretos. Este es el “lenguaje matemático” en que está escrito el libro del universo, que un científico debe descifrar.
Las matemáticas suponen una elevada capacidad de abstracción. Consideramos que el concepto de número es algo natural a la humanidad, que surge espontáneamente. No es verdad. Los números, como concepto, son una abstracción, no existen en la realidad. Y su descubrimiento le costó a la humanidad miles de años.
En una primera etapa se disponía de una cierta capacidad para estimar tamaños y magnitudes (los animales que componían una manada, la distancia a recorrer...), pero no se poseía la noción de número. En una segunda etapa, los números, más allá del uno y el dos, no existían, utilizando alguna expresión equivalente a “muchos”.
Como método científico por excelencia, las matemáticas investigan las relaciones objetivas y lógicas que existen en la realidad. Una fórmula matemática es por definición una ley universal.
Ramas de las matemáticas aparentemente desligadas de la realidad han permitido explicar, décadas después de ser enunciadas, procesos materiales que se correspondían a sus leyes. Las matemáticas matriciales permitieron expresar el principio de incertidumbre. Para formular la teoría de la relatividad, Einstein utilizó un desarrollo matemático que parecía no tener aplicación alguna.

-          Las matemáticas, como método científico, se desarrollan en la Grecia clásica. Tuvieron un enorme papel revolucionario. Por su carácter científico, siguen constituyendo hoy la base del estudio de las matemáticas.
Los teoremas desarrollados por Tales o Pitágoras, los principios de Arquímedes, la geometría de Euclides, el descubrimiento de los números irracionales, el número pi, las áreas de las figuras geométricas...
Desde su mismo nacimiento, las matemáticas están vinculadas a las necesidades prácticas y a la capacidad de predicción. Tales midió la altura de las pirámides o la distancia de un barco a tierra, predijo eclipses solares o la evolución de las cosechas.
Pero las matemáticas griegas suponen un salto cualitativo, y no un mero desarrollo de los conocimientos anteriores. Frente al método inductivo, basado en la síntesis empírica de la observación de series de repeticiones, las matemáticas griegas desarrollan un método deductivo: axiomas, teoremas, hipótesis y demostraciones teóricas. Que permite un gigantesco salto de las matemáticas.
Su aplicación a la transformación de la realidad permitió un salto en el comercio y la producción, multiplicado bajo el Imperio Romano. E influyó de forma decisiva en el pensamiento, sentando las bases para la aparición de la filosofía.

2º.- La revolución científica, de Copérnico a Galileo y Newton.

-          En 1543 un conservador monje polaco, Nicolás Copérnico, enuncia una de las proposiciones más innovadoras y audaces, que inaugurará una de las mayores revoluciones científicas, cuyas consecuencias afectarán al terreno de la ciencia, del pensamiento, la política, la economía... ¿Cómo es posible'? Este es el valor revolucionario de la ciencia.

¿En qué consiste la revolución científica que abrirá paso a la irrupción de la física como ciencia
Copérnico publica en 1543 “Sobre la revolución de las esferas celestes”. La teoría heliocéntrica propone un cambio revolucionario. La Tierra deja de ser el centro fijo de un universo inmóvil. Por el contrario, es el Sol quien pasa a ocupar el lugar de privilegio, y la Tierra es uno más de los planetas que giran a su alrededor.

¿Por qué es un cambio revolucionario? Por dos motivos:
1.-La concepción ideológica dominante, defendida por la Iglesia, se fundamentaba en la astrología ptolemaica, donde la tierra era el centro fijo del universo. Sobre ella se construyó una compleja explicación teórica, con los planetas alojados en sucesivas esferas celestes, y Dios actuando como motor -la causa última teorizada por Santo Tomás- de todo el proceso.
            La concepción de que los hombres vivían en un planeta que  circulaba ciegamente a través de un ilimitado universo era antagónica a la idea teológica de la tierra como centro único y focal de la creación divina.

 2.-Si, a diferencia de lo que se creía desde Aristóteles, los planetas no estaban “encerrados” en esferas de cristal, si las estrellas no estaban fijas en la esfera más exterior, si la Tierra no ocupaba un lugar inmóvil en el Universo, entonces había que pasar a explicarse su movimiento en el espacio, intentar entender qué fuerzas les hacían moverse.

Galileo edificará las bases de la física, no solo ni principalmente por sus descubrimientos empíricos sobre los cuerpos celestes (a través del perfeccionamiento del telescopio) sino por su trabajo teórico sobre el movimiento, que culminará en Newton.
Galileo establecerá que el movimiento del Universo -y en consecuencia la naturaleza- tenía que estar regido por leyes. Y, por tanto, las cosas, pero también los hombres, debían estar sujetos y determinados por esas leyes. Las puertas al desarrollo científico estaban despejadas y menos de un siglo más tarde Newton las abriría de par en par.
Newton presenta ya un paradigma científico tan completo que sus leyes universales (las tres leyes del movimiento y la ley de la gravitación universal) permiten explicar tanto el movimiento de las cosas en la Tierra como el de los cuerpos celestes más gigantescos y remotos.

-          La irrupción de la física como ciencia también es producto de un desarrollo de la práctica social.
Isaac Newton afirmó que “si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre hombros de gigantes”. Estaba expresando una concepción del desarrollo de la ciencia como un proceso colectivo. Sin Copérnico, Galileo o Keppler, no hubiera existido Newton, a pesar de toda su genialidad individual.
Pero sin la acumulación previa de conocimientos por parte del conjunto de la humanidad tampoco podría haberse abierto una revolución científica en los siglos XVI y XVII.
El islam medieval recoge y desarrolla la tradición de la Grecia clásica, con aportaciones en matemáticas (la numeración arábiga es adoptada por la Europa cristiana), astronomía, física, química, medicina, geografía...
La creación de las primeras universidades, y el desarrollo del primer empirismo -entonces materialista frente al idealismo feudal- permiten un desarrollo de la experimentación y los avances técnicos.
El desarrollo de la física está espoleado por el descubrimiento de América (la astrología ptolemaica, que había sido útil para la navegación costera por el Mediterráneo, era insuficiente para las travesías oceánicas), la entrada en la época moderna y el ascenso de la burguesía (abierta con el Renacimiento, un período en que estaban teniendo lugar convulsos cambios de orden económico, social, político, intelectual, ideológico y cultural que desembocarían finalmente en la moderna sociedad burguesa). No es casual que esta revolución científica culmine con Newton en Inglaterra, el país donde ya se había hecho la revolución burguesa.

-          Pero la física, como ciencia, solo pudo desarrollarse dando, desde el materialismo, un combate al idealismo feudal.
Adoptando una posición materialista ante la naturaleza frente la doctrina escolástica que durante siglos había establecido que no había nada en el universo, ni siquiera la caída de una hoja, que no estuviera movido por la voluntad divina.
Por el contrario, los fundadores de la física establecen que el mundo natural (desde los astros a los cuerpos terrestres) es una realidad objetiva que se rige por sus propias leyes, y para comprenderla debemos prescindir de la idea de un creador a cuya voluntad está sometida.
Esta ruptura no tiene nada que ver con la posición ideológica individual. Copérnico era un conservador monje católico polaco y Newton un ferviente cristiano. Pero al abordar el estudio de la naturaleza, para desarrollar la física, tuvieron que adoptar una posición materialista.

-          El desarrollo de la física tendrá hondas consecuencias prácticas
Permitirá un gigantesco salto en el conocimiento, a partir del cual se desarrollarán otras ramas de la ciencia, como la química. Hará posibles sueños de la humanidad antes imposibles, como volar -la construcción de aviones- o enviar un cohete a la luna.
Pero también revolucionará el pensamiento, fundamentando las filosofías humanistas burguesas, desde Descartes tras Galileo a la ya plenamente revolucionaria Ilustración después de Newton. Su aplicación abrirá paso a la Revolución Industrial. Y contribuirá de forma decisiva a la liquidación del viejo orden feudal, y a empujar el nacimiento del nuevo orden burgués.

3º.- La revolución de Darwin y la evolución de las especies

-          Marx celebra la teoría de Darwin como un  triunfo del materialismo, del pensamiento científico, con consecuencias prácticas como dar un golpe de gracia al idealismo religioso.
Marx envió a Darwin un ejemplar del primer tomo de El Capital, con una dedicatoria: “A Mr. Charles Darwin, de parte de su sincero admirador, Karl Marx”.
Darwin, un sacerdote que no ignoraba que Marx era un agitador revolucionario y el autor de El Manifiesto Comunista, no dejó de agradecerle el detalle, con una sorprendente respuesta: “Le doy gracias por el honor que me hace al enviarme su gran obra sobre El Capital (...) Aunque nuestros estudios sean tan distintos, creo que ambos deseamos ardientemente la difusión del saber y que a la larga eso servirá, con toda seguridad, para aumentar la felicidad del género humano”.
Tal y como establece Engels, en el “Discurso ante la tumba de Marx”: “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana”.

En "El Origen del Hombre", publicado en 1871, Darwin defendió la teoría de que la evolución del hombre parte de un animal similar al mono. Las autoridades religiosas lo calificaron de ateo y blasfemo.
La idea de que el mundo no había sido creado a imagen y semejanza de Dios, de que el hombre venía del mono fue una revolución que trastocaba toda la ideología dominante. Donde la hegemonía de la Iglesia jugaba un papel importante también, y cabría decir sobre todo, en la Inglaterra burguesa. Como hoy en EEUU.
Darwin extiende el materialismo al estudio de los seres vivos, no estáticos sino en movimiento, es decir a la evolución de las especies. Desentrañando sus leyes internas. Un terreno cuyo conocimiento estaba vedado por el idealismo teocrático.
En el darwinismo no hay lugar para cosmogonías de seres divinos o de “diseños inteligentes” de un “supremo creador”, ni tampoco para el ser humano como “el rey de la creación divina”. El hombre es un animal más, y evidentemente emparentado con los grandes simios. Estas ideas, hoy ampliamente aceptadas (aunque en EEUU persisten creacionistas que niegan el darwinismo, como el candidato a vicepresidente propuesto por Trump) eran escandalosamente subversivas para la Inglaterra victoriana.

Durante todo el s.XVIII, los naturalistas -con Linneo como figura principal- se habían volcado en catalogar y estudiar las especies vivas de los cinco continentes, generando una enorme cantidad de conocimientos. Pero no eran capaces de dar una explicación, que solo se alcanzó cuando Darwin formuló su teoría.
La idea central del evolucionismo darwinista es el concepto de selección natural, considerada la causa de la evolución.
En segundo lugar postula que las especies se diversifican según se adaptan a ambientes o modos de vida diferentes.
En tercer lugar, y este es el corazón de su teoría, afirma que el cambio evolutivo está motivado por la adaptación al ambiente, que -según el darwinismo- tiene como mecanismo la selección natural.

La contribución de Darwin supone toda una revolución, en la ciencia y en el pensamiento. Permitiendo desarrollar un sin fin de ramas científicas; desmantelando los fundamentos de la hegemonía ideológica de la Iglesia; haciendo posible concebir la evolución del hombre, no como un ente aislado de la naturaleza (creado por Dios o como un nuevo Dios diferenciado del resto de animales para el humanismo burgués).

4º.- El nacimiento de la mecánica cuántica.

La mecánica cuántica establece una segunda revolución en la física, partiendo de explicar los paradójicos fenómenos que suceden en el mundo subatómico. Pero tuvo que abrirse paso pulverizando las concepciones dominantes.
-          A principios del siglo XX la doctrina oficial negaba la existencia real de los átomos.
Bajo la influencia de los “empirocriticistas”, se aceptaba la teoría atómica como una mera “hipótesis de trabajo”, pero estableciendo tajantemente que, puesto que no existía ninguna evidencia empírica sobre la existencia de los átomos, afirmar su “existencia real” era un “delirio dogmático”.
Hasta el punto de que uno de los físicos que más ayudó con sus investigaciones a impulsar la teoría atómica, el austríaco Ludwig Boltzmann, acabó suicidándose incapaz de enfrentar el alud de críticas que recibía.
Einstein partió de la descripción matemática que el biólogo escocés Robert Brwon estableció a mediados del siglo XIX para definir el movimiento aparentemente aleatorio que se observa en algunas partículas microscópicas que se hallan en un medio fluido (por ejemplo, polen en una gota de agua).
Einstein demostró teóricamente -utilizando las ecuaciones descritas por Boltzman- como ese “movimiento browniano” se correspondía al “bombardeo” que esa partícula microscópica recibía desde las moléculas que formaban el fluido
A partir de ese momento, la existencia real de los átomos quedó establecida más allá de cualquier duda.

-          Pero Einstein realiza otra aportación radical, que contradice todo el pensamiento anterior, y sin la que no existiría la mecánica cuántica.
Newton había defendido la teoría “corpuscular”, donde la luz era concebida como materia, compuesta de pequeñas partículas, los “corpúsculos”.
Pero en el siglo XIX Maxwell demostró que la luz era una vibración electromagnética que se propagaba como una onda.
Las dos eran teorías corroboradas, pero se contradecían entre sí. ¿Cuál debía prevalecer? ¿Qué era en realidad la luz, partícula u onda?
Einstein rompió el nudo gordiano con una concepción revolucionaria. Para comprender la naturaleza de la luz era necesario concebirla al mismo tiempo como partícula y como onda. La luz está compuesta por “fotones” -quantos de luz-, “paquetes de ondas” que en determinadas condiciones se comportan como partículas.
Esta concepción radicalmente nueva permitió que se abriera paso una nueva visión sobre la realidad física. Poco después un físico francés, Louis de Broglie, demostró que también todas las partículas se comportan en determinadas condiciones como ondas.
Esta ruptura, establecida por Einstein, permitió el desarrollo posterior de la mecánica cuántica. Todos los avances técnicos posteriores están basados en una aplicación técnica del gigantesco salto teórico que supuso la mecánica cuántica.

-          La figura de Einstein está vinculada a la Teoría de la Relatividad, que nos plantea una concepción revolucionaria.
La Teoria de la Relatividad nos dice que no existe el espacio ni el tiempo. ¿Cómo es posible?
Pensamos que el espacio y el tiempo son independientes entre sí y que siempre han existido. Incluso antes, y como condición previa, de nuestro universo. La Teoría de la Relatividad nos dice que estábamos tan equivocados como los hombres de la Edad Media que pensaban que el sol era el que giraba en torno a la tierra.
Por un lado el espacio y el tiempo no existen uno al margen del otro. Lo que existe es un continuo espacio-tiempo. Nuestra realidad no tiene tres dimensiones, como normalmente percibimos -anchura, longitud y volumen- sino que tiene cuatro dimensiones. Y la “cuarta dimensión” es el tiempo.
Es decir, espacio y tiempo nos son dimensiones absolutas, sino que forman parte de un sistema general (el espacio-tiempo), y son por tanto relativas, móviles.
Y además, el espacio-tiempo no existe al margen o antes que la materia y la energía. No puede concebirse el espacio-tiempo al margen de la materia y la energía. Y tampoco lo contrario.
Así es como funciona la realidad. Pulveriza nuestro sentido común, pero es que la realidad no se mueve de acuerdo al sentido común, que Einstein definía como “el conjunto de prejuicios que se adquieren antes de cumplir los dieciocho años”.
Porque es ciencia, la Teoría de la Relatividad nos permite comprender el origen del universo y predecir fenómenos de los que no existía evidencia empírica alguna.
Las investigaciones que dieron origen a la teoría del “Big Bang” han confirmado punto por punto lo que la Teoría de la Relatividad planteaba. Tanto el espacio, como el tiempo, la materia y la energía se generaron simultáneamente. Y antes no existían. Porque antes no existía nuestro universo.
¿Cómo podemos concebir un momento anterior al tiempo? Esta es una de las paradojas que la ciencia nos plantea.
De la misma manera, la Teoría de la Relatividad predecía con exactitud, como una necesidad que emanaba de su cuerpo teórico, fenómenos como las ondas gravitacionales o los agujeros negros, que la ciencia experimental tardó décadas o incluso un siglo en detectar.

5º.- La revolución de Freud: el psicoanálisis

-          Podemos comprobar el enorme valor revolucionario del psicoanálisis como ciencia siguiendo a Freud:
“Recibí la más profunda de las impresiones ante la posibilidad de que pudieran existir procesos mentales poderosos que permanecían, sin embargo, ocultos a la conciencia del hombre”.
“Cuando, a través del superyo, el hombre se impone a sí mismo y a los demás las restricciones de esa sociedad, se vuelve incapaz de criticarla y su función es sostenerla”.
“Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización”.

-          Durante milenios el conocimiento de la psique humana había quedado vedado por las concepciones idealistas dominantes.
El idealismo religioso consideraba que las enfermedades mentales eran posesiones demoníacas. El idealismo burgués coloca la Razón y la Libertad del Hombre como motor de la historia.
Freud adopta una posición radicalmente materialista para conocer de forma científica la psique humana. Y al hacerlo puso al mundo patas arriba. Abriendo paso, por su insobornable honradez científica, a pesar de ser políticamente conservador, a toda una revolución.
El conocimiento científico que proporciona el psicoanálisis va a chocar contra los pilares de la sociedad y la ideología burguesa. Por eso fue atacado desde su mismo nacimiento, y ha sido marginado de todos los estudios psíquicos.

-          El psicoanálisis nace en un periodo de avance del conocimiento científico, fruto del propio desarrollo alcanzado en el seno de la sociedad burguesa.
En unas pocas décadas surgirá el materialismo histórico, el darwinismo, el psicoanálisis, o por último la mecánica cuántica. Pero para nacer y desarrollarse, el psicoanálisis debe cuestionar los valores y principios -no solo científicos, también ideológicos- en la sociedad burguesa.
Con el concepto de “inconsciente” el mito burgués de la “Razón” es triturado. En la psique humana la “Razón”, la conciencia, no es sino la punta del iceberg, sometida a pulsiones y conflictos inconscientes que la determinan.
El nuevo Dios, el “Hombre”, cuya libertad es presentada por la sociedad burguesa como una potencia ilimitada, está en realidad determinado, incluso en su propia conciencia, por leyes objetivas que no dependen de su voluntad.

Freud presenta una psique humana escindida en tres grandes instancias.
El Ello o id es la expresión pura del principio de placer. Exige su plena e inmediata satisfacción. Es totalmente inconsciente. El recién nacido sólo posee id, los otros agentes se desarrollarán después.
El Yo o ego está regulado por el principio de realidad. Aprende a que la realización del deseo debe posponerse o incluso renunciar a él, sometiéndolo a las exigencias de la realidad.
Y, por último, el Superyo representa la interiorización de las normas sociales, personificadas en la figura paterna, la “autoridad” social más cercana. Estas prescripciones acaban haciéndose inconscientes y devienen una instancia que vigila y controla el yo, pero que está dentro, y no fuera, de nosotros mismos.
De ahí la consigna revolucionaria de mayo del 68: “mata al policía que llevas dentro”.
Cuando Freud presentó su teoría sobre sexualidad infantil, toda la conservadora sociedad burguesa le señaló como un perturbado.
Freud evidencia la represión sobre la sexualidad, que tiene su base en una razón material: el cuerpo alberga la mercancía más valiosa, la fuerza de trabajo, por eso no puede ser libre y debe ser encerrado bajo la cárcel del pecado, impidiendo la realización de sus deseos.

-          El psicoanálisis, como ciencia, tiene poderosos efectos revolucionarios.
El psicoanálisis ha removido la misma conciencia que la humanidad tenía sobre sí misma. Permitiendo que la humanidad pueda tener conciencia de sus conflictos psíquicos, para así poder liberarse actuando de forma consciente sobre ellos.
La influencia del psicoanálisis no se reduce al ámbito científico, se traslada al arte, con el surrealismo como expresión más acabada, a la filosofía...
Por su carácter revolucionario, el psicoanálisis está hoy, tal y como sucede con el marxismo, enterrado y aislado, expulsado de las universidades y centros de estudio, y cubierto bajo un férreo manto de silencio.

6º.- Marx y el materialismo histórico.

1º.- El marxismo extiende el materialismo al estudio de las sociedades humanas. Fundando con ello una nueva ciencia, el materialismo histórico.
Tal y como establece Lenin en “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”:
Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII (…) Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo.
Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza (es decir, la materia en desarrollo), que existe independientemente de él, así el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado.
La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcionado a la humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber”.
La burguesía había extendido el materialismo al estudio de las ciencias naturales, permitiendo un gigantesco salto en la capacidad de transformación de la humanidad. Pero, como clase explotadora, solo podía adoptar una posición idealista ante la historia. El mundo no debe “cambiar de base”, y por eso la historia no puede ser objeto de un conocimiento científico. Sólo el marxismo, al tomar posición por el interés de clase de los explotados, está en disposición de fundar la ciencia de la historia.
Siguiendo una vez más a Lenin: “La sociología y la historiografía anteriores a Marx proporcionaban, en el mejor de los casos, un cúmulo de datos crudos, recopilados fragmentariamente, y la descripción de aspectos aislados del proceso histórico (...) Marx trazó el camino para estudiar científicamente la historia como un proceso único, regido por leyes, en toda su inmensa diversidad y con su carácter contradictorio”.

2º.- La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx.

Los grandes economistas clásicos de la burguesía inglesa, Adam Smith y David Ricardo, habían establecido que el valor de las mercancías está determinado por la cantidad de trabajo humano que encierran. Pero para explicar el funcionamiento del capitalismo tuvieron que recurrir a la fantástica idea de “la mano invisible” que regula el mercado.
Marx pulveriza esta visión idealista, estableciendo las leyes que rigen el modo de producción capitalista. Y como su piedra angular, la viga maestra que sostiene todo el edificio, es la explotación de la fuerza de trabajo.
Así nos lo explica Lenin:
Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de una mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas.(…)El capital significa un desarrollo ulterior de este vínculo: la fuerza de trabajo del hombre se trasforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de las fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte de la jornada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista”.
Podrá cambiar la fisonomía del capitalismo, dar el salto del libre cambio al monopolio, o extender innovaciones tecnológicas. Pero siempre, necesariamente, toda la ganancia capitalista tiene su origen en la plusvalía, en la explotación de la fuerza de trabajo. Esto es lo que el marxismo desentraña, y lo que la burguesía está empeñada en ocultar.

3º.- El motor de la historia es la lucha de clases.

“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”. (Marx y  Engels. Manifiesto Comunista)
Hasta Marx, la historia había sido vista como resultado del desarrollo de nuevas y grandes ideas fruto de la inspiración divina o de la razón humana con las que los hombres movían el avance de la sociedad. El marxismo pulveriza este terreno de juego idealista al afirmar que el motor de la historia es la lucha de clases.
La infraestructura económica es lo determinante en última instancia en el desarrollo histórico, está en su base; pero la lucha de clases es el factor dirigente, el motor de este desarrollo.
Si se trastoca esta relación el marxismo se convierte en su contrario, en burdo economicismo. De la misma forma que si alteras el orden y jerarquía de las tesis de la física solo obtendrás disparates idealistas.
La tesis de que la lucha de clases es el motor de la historia es la que permite conocer de forma científica las sociedades humanas, en su cambio y evolución y en cada momento concreto. Y estar en disposición de transformarla, de cambiar el mundo.

El marxismo es una gran conquista del pensamiento científico, que permite conocer, por primera vez, libre de todo idealismo y de forma científica las sociedades humanas y su cambio y evolución. Constituyendo una herramienta imprescindible para conocer y transformar la sociedad, como la física hace con la naturaleza, que deben empuñar las clases explotadas.

TESIS III.- La ciencia tiene siempre consecuencias revolucionarias en la práctica. Y debe abrirse camino frente al freno y las resistencias de las ideas dominantes.

-          Para desarrollar el conocimiento de la humanidad, los más grandes científicos han debido sufrir los rigores del poder de las clases dominantes, que han frenado el avance del conocimiento científico.
Pitágoras murió en el exilio, y en circunstancias todavía hoy desconocidas. Copérnico no divulgó su teoría heliocéntrica más que en el lecho de muerte, y su editor se cuidó de calificarla como una simple hipótesis. Galileo fue obligado a retractarse y a permanecer enclaustrado los últimos años de su vida. Darwin tardó muchos años en publicar sus descubrimientos, ante el temor a la furibunda reacción que, como así sucedió, sufriría. Uno de los impulsores de la teoría atómica L. Boltzman se suicidó ante las furibundas críticas que recibía por parte de los empirocriticistas. Cuando Freud presentó un caso de histeria en un hombre –fruto de la escisión de su psique, que no había conseguido resolver sus conflictos internos- todos los académicos le atacaron, porque “sólo las mujeres podían ser histéricas”. Marx tuvo que exiliarse sucesivamente de cuatro países “democráticos”, y acabó recluido en Inglaterra, donde se le permitió residir pero se le cortaron todas las vías de subsistencia.

-          Esta es una batalla feroz, entre el avance del conocimiento y el poder de las clases dominantes. Que no solo está en el nacimiento de cada ciencia, sino que se reproduce en cada momento.
En el estudio de la psique humana puede volverse a un estado precientífico, pre freudiano, estigmatizando y marginando al psicoanálisis en beneficio de la psicología conductista más empírica e idealista.
En física, se puede dar una auténtica regresión, instaurando como doctrina oficial de la ciencia un empirismo groseramente pragmático que ha impedido, desde los años treinta del siglo XX, cualquier nuevo salto en el conocimiento científico, y convierte a los físicos en técnicos avanzados de la ejecución de las fórmulas de la “cocina cuántica” que permiten optimizar los resultados.
Y en el estudio de las sociedades humanas se pretende retrotraernos a un periodo pre-científico, pre marxista, sustituyendo la ciencia del materialismo histórico por las explicaciones ideológicas del humanismo burgués.