martes, 27 de agosto de 2013

¿De quién es Gibraltar?



Estamos otra vez haciendo un ridículo de espanto aquí, en el Reino Unido y en su colonia 






El aparente conflicto me recuerda las mañanas de mis 10 u 11 años cuando nos hacían formar en el patio del colegio para reivindicar cantando la españolidad del Peñón.
En medio siempre de una desorganización perfectamente organizada una voz grave y tan varonil como afectada cantaba un himno que obligadamente debíamos seguir alumnos y profesores.
Pero no sé si es porque la ceremonia solo se hacía, esa es la verdad, de higos a brevas, o porque la convicción con que lo cantábamos era escasa, por no decir nula, lo cierto es que ya solo soy capaz de recordar su comienzo: Gribraltar, Gibraltar, Gibraltar.
Ahora no la reclamamos cantando en los colegios pero no podemos leer ningún periódico o ver telediarios sin referencias constantes a la firme voluntad del Gobierno español de hacer valer sus derechos sobre la colonia y bla, bla, bla.
Y casi lo mismo ocurre en el Peñón o incluso en el Reino Unido que ya sabemos que nunca tiene el horno para bollos ni el ánimo para veleidades cuando de la integridad de su imperio se trata.
Así lo demuestran cerca de donde escribo estas líneas, en las playas de Rota, algunas de sus fragatas, comandadas hacia la base estadounidense ex profeso, a nadie le cabe duda, para que sepamos bien quién manda y cuáles son las reglas del juego.
Es un señuelo tan antiguo como la humanidad. Lo malo es que en nuestra época no es pan y circo lo que nos dan para distraernos de lo fundamental, sino amenazas, miedo y de vez en cuando una guerra o demanda soberanista, aunque esta sea tan fingida como la de Gibraltar.
Se trata de hacer creer a la gente de cada lugar que el Peñón es suyo y que en la justa reclamación de los derechos sobre él o sobre lo que allí sucede nos va nuestra dignidad, nuestro bienestar y soberanía.
Y así estamos otra vez haciendo un ridículo de espanto aquí, en el Reino Unido y en su colonia.
Aquí porque, al mismo tiempo que el Gobierno central aparenta que se pone serio, se filtra que ya en 1982 el propio rey Juan Carlos hacía patria reconociendo a un asesor de la señora Thatcher que

 "no estaba en los intereses de España recuperar pronto Gibraltar, incluso si ello fuera posible".

O porque es patético que quienes han permitido y dado alas a las fechorías ambientales más sangrantes de la reciente historia de Europa sean los que ahora se pongan gallitos con los gibraltareños porque han tirado bloques de cemento a un mar que no es suyo.

Y porque todo el mundo sabe que no hacen otra cosa que ponerse gallitos porque los políticos que nos gobiernan y los militares españoles hace tiempo que solo están al servicio de potencias y poderes económicos extranjeros renunciando a defender los intereses de la inmensa mayoría de los españoles.

Pero igual de ridículo es el celo que gribaltareños y británicos de a pie ponen para reclamar la propiedad de la Roca como si de verdad fuera suya y existiera para su provecho.
Gibraltar ya no es de ninguno de los que aparentan estar en conflicto por reivindicarlo. El presidente de su Gobierno habla como si fuera un zar haciendo creer que allí lo domina todo y en beneficio de sus pobladores, cuando actúa como un simple mandado, como Cameron o Rajoy, o como aquí antes Zapatero y sus antecesores, que han puesto el Peñón en manos de las grandes fortunas, de los bancos y grandes empresas evasores y criminales financieros, de los proxenetas, traficantes ilegales de cualquier cosa o terroristas, que se sabe a ciencia cierta que son quienes utilizan los paraísos fiscales, como el gibraltareño, para blanquear billones de euros que ocultan a sus Gobiernos.
Ellos son los dueños de Gibraltar que así no es fuente de provecho común sino de empobrecimiento y delincuencia.
Para evitar la vergüenza de la usurpación que representa la Roca el Gobierno español no tiene que combatir a los gibraltareños, ni incomodar más a los españoles, ni dar lugar a que por sus baladronadas los militares ingleses se rían en nuestra cara.
Que luche en firme, como no se ha hecho nunca, contra los paraísos fiscales y que no vuelva a dar los medios, como vienen haciendo desde hace años los Gobiernos españoles, para que Gibraltar lo sea.

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