miércoles, 28 de agosto de 2013

EEUU se dispone a atacar a Siria




¡No a una nueva guerra de agresión! 







Una vez comenzada la guerra en Siria, Obama trazó una “línea roja”: si el régimen de Bashar el-Assad utilizaba armas químicas contra la población, EEUU se consideraría con derecho a intervenir militarmente.
 Y sorprendentemente, justo en el momento en el que el régimen sirio había autorizado a los inspectores de la ONU a verificar la utilización de armas químicas, la oposición denuncia un ataque a gran escala con gases neurotóxicos con el resultado de cientos de muertos en un suburbio cercano a Damasco.

O quizá no tan sorprendentemente, puesto que el lugar del ataque se encuentra a pocos kilómetros de la región donde, según el diario francés Le Figaro, habrían llegado a mediados de agosto dos grupo de varios cientos de hombres “formados en la guerra de guerrillas por los estadounidenses en Jordania”, y probablemente apoyados por “comandos de Israel y Jordania, así como por hombres de la CIA”.

 ¿Ataque genocida del tiránico régimen de Assad en su feroz resistencia o provocación criminalmente calculada para dar argumentos a la intervención militar exterior? 

Sea como fuere, lo cierto es que el ataque –confirmado por una organización de tan reconocido prestigio e independencia como Médicos Sin Fronteras– ha abierto la opción de una intervención militar de EEUU, con el apoyo sin fisuras de Inglaterra y Francia, en Siria.

"Una nueva agresión militar yanqui en Oriente Medio inflamará sus incendiarias contradicciones"

Una intervención que previsiblemente se produzca cuando tras dos años de guerra y 100.000 muertos, la correlación de fuerzas militar se estaba decantando claramente del lado del régimen de Assad, ante una oposición fragmentada, dominada en múltiples lugares por los grupos fundamentalistas radicales, que han implantado en las zonas que dominan un sistema de terror tan represivo como el del presidente sirio.

Cambiar esta desfavorable correlación de fuerzas es el objetivo último y no declarado de la intervención. Decirlo, sin embargo, es mas fácil que hacerlo.
Según la prensa norteamericana, la administración Obama estaría barajando la posibilidad de lanzar un ataque similar al de la guerra aérea de la OTAN en Kosovo en 1999. Guerra que además de la caída del presidente serbio Milosevic, causó entre 12 y 20.000 muertos, más de medio millón de refugiados, así como la destrucción de gran parte de las infraestructuras civiles (puertos, carreteras, aeropuertos, hospitales, redes eléctricas y de comunicación,...) de Yugoslavia. Pero si la guerra de Kosovo pudo tener una influencia limitada –a pesar de la oposición de Rusia y China en la ONU– debido al “colchón” geopolítico que le daba estar rodeado de países de la OTAN (Italia,Austria, Grecia, Turquía, Bulgaria,...), el caso sirio es completamente distinto al estar enclavado en el corazón de una región geopolíticamente tan inestable como potencialmente explosiva.
Irán ya ha advertido de las “graves consecuencias” de una intervención norteamericana. Rusia la ha calificado de “error trágico”. Alemania ha aconsejado “actuar con cautela”. Y China ha señalado que, de producirse, EEUU se verá políticamente obligado a repetir el error cometido en Irak, abriendo una “caja de Pandora” de imprevisibles consecuencias.
No se puede jugar con fuego dentro de una habitación repleta de pólvora y pretender salir indemne.
Una nueva agresión militar norteamericana en Oriente Medio no hará más que inflamar de forma abrupta sus incendiarias contradicciones y agudizar en última instancia su declive imperial.
Los pueblos del mundo debemos oponernos y rechazar con firmeza cualquier agresión militar que, aunque presentada como “intervención humanitaria” sólo traerá nuevos y mayores padecimientos al pueblo sirio. 
Al tiempo que exigimos que la comunidad internacional ponga todos los medios necesarios a su alcance para poner fin a un conflicto que ya ha dejado un reguero de sangre y sufrimiento demasiado elevado.

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