lunes, 17 de septiembre de 2012

Intervención NO

 

 
Somos el 90%. ¡Unidad!
 
 
Mientras el gobierno se resiste a solicitar antes de las elecciones gallegas y vascas el mal llamado rescate, es decir, la intervención completa de España por parte de la Troika, Alemania y EEUU presionan en sentido contrario. Y en el interior del país, desde la CEOE hasta la mayoría de medios de comunicación urgen a Rajoy a solicitarlo cuanto antes.
 
 
 
A nosotros, al 90% de la población, nos corresponde ahora, por el contrario, levantar la bandera contra una nueva intervención exterior que va a suponer un saqueo todavía mayor de nuestros salarios e ingresos, un redoblado ataque contra nuestras condiciones de vida y un futuro de degradación, empobrecimiento y desigualdades para nuestros hijos y nietos. Esto es lo que nos estamos jugando ahora mismo.
Armados con mentiras de destrucción masiva, gobierno y medios tratan de confundir a la mayoría de la población, inoculando la idea de que al haber vivido por encima de nuestra posibilidades, ahora debemos pagar por habernos gastado lo que no teníamos. Y que por eso es normal que Merkel presione para que le devolvamos lo que sus bancos nos han prestado en todos estos años. No hay un ápice de verdad en ninguna de estas ideas. Nosotros no les debemos nada a ellos.

No les debemos nada
A diferencia de las palabras, los números no engañan. Ni España como país ni el 90% de los españoles debemos nada a banqueros alemanes, franceses y norteamericanos.

La deuda externa que mantiene la economía española con sus acreedores extranjeros asciende a 1,1 billones de euros. De todo esa deuda, bancos y cajas son las principales deudoras, con un saldo de 447.133 millones de euros, lo que equivale al 42% de toda la deuda externa española. Mientras que monopolios y grandes empresas, las únicas con acceso al crédito exterior, adeudan 352.151 millones, el 33%.


Un puñado de bancos son responsables del 90% de la deuda

Por contra, los millones de familias españolas apenas debemos un mísero 0,24% a la banca extranjera. Y el Estado, es decir, la deuda pública, poco más del 24%. Y tampoco principalmente porque en los años de bonanza haya derrochado el dinero (aunque por supuesto que ha habido altos niveles de despilfarro, corrupción y depredación por parte de la clase política, que tiene que responder por ello), sino porque el gobierno central –primero el de Zapatero, después el de Rajoy– se ha mostrado dispuesto desde 2008 a comprar, avalar y garantizar con dinero público gran parte de la deuda privada de los bancos. Esa es la única razón de porqué la deuda pública se ha duplicado en menos de cuatro años.

Un puñado de bancos y monopolios son responsables exclusivos de al menos el 87% de esa deuda, la suya más la que han endosado al Estado. Y ahora los bancos alemanes, propietarios del 22% de la deuda externa, los bancos franceses, dueños de un 20%, los norteamericanos, con un 17%, y los británicos, con el 14%, nos reclaman imperiosamente a nosotros el pago de esa deuda mediante continuas rebajas de salarios y pensiones, recortes salvajes en la sanidad y la educación públicas o feroces subidas de todo tipo de impuestos y tarifas.

Como resultado, cada euro que un pensionista se ve ahora obligado a pagar por sus medicamentos va directamente a engrosar su cuenta de beneficios. Cada céntimo de más que pagamos por la subida del IVA va a enriquecer a ese pequeño puñado de grandes oligarquías financieras del planeta. Al reclamar y exigir una mayor intervención sobre el país, su único objetivo es asegurarse que su proyecto de saqueo sobre el 90% de la población se lleva a cabo de forma cabal y completa. Esta es la verdadera sustancia de lo que está pasando hoy en España.

La mayor mentira jamás contada

Que el Estado español tiene un gravísimo problema con la deuda pública y que ese es el origen de todos los males, es una de las mayores mentiras jamás contadas. A pesar de haber asumido una parte sustancial de la deuda privada de bancos y monopolios, la deuda publica de España, en proporción al PIB, sigue siendo una de las más bajas de la eurozona, inferior, por ejemplo, a la de Alemania, Francia, Italia o Gran Bretaña. Y no digamos ya si la comparamos con la deuda pública de EEUU, el verdadero agujero negro que consume y devora los recursos y la riqueza generada en la mayor parte del planeta, y en particular de los países que estamos más sometidos a su órbita de intervención y control.

La deuda pública española supondrá a finales de este año el 72% del PIB. La de EEUU, el 110% según su gobierno. Pero según la Reserva Federal (el banco central norteamericano) se eleva a más del 400% del PIB. Y las cuentas del mayor fondo de inversión en deuda pública del mundo revelan que en realidad está ya por encima de 650% del PIB, alrededor de los 100 billones de dólares. Y todo para mantener el monstruoso aparato militar que todavía le asegura la hegemonía mundial. Una supremacía que sus propios recursos y su peso en el mundo ya no son capaces de sostener ante el avance de las potencias emergentes y numerosos países en vías de desarrollo.

Y que por eso mismo les obliga a saquear e incrementar constantemente los tributos que estamos obligados a pagar los países que estamos bajo su dominio.

¿Hablamos de deuda pública? Muy bien. Pues que empiecen a devolverla los que más deben. Y el primero de todos, la superpotencia yanqui.

Sí hay alternativa

Como justificación suprema de los recortes y ajustes, Rajoy y su gobierno no se cansan de repetir que “no hay dinero y no podemos gastar lo que no tenemos”. ¿Nos quieren hacer creer que en la doceava economía más grande del planeta no hay dinero para atender las necesidades más básicas de la población? Pues será porque alguien se lo está llevando a manos llenas.

Un simple ejemplo basta para desnudar su mentiras.

La ministra de Sanidad afirma que con el copago y la retirada de la Seguridad Social de más de 440 medicamentos el Estado se ahorrará 1.758 millones de euros al año.

Pero calla que sólo mantener el impuesto sobre el patrimonio, anular la bajada del impuesto de sucesiones o eliminar la rebaja de impuestos para las personas que ingresan más de 150.000 euros al año y las empresas que facturan más de 150 millones de euros al año supondría recaudar cada año 12.452 millones de euros más. Es decir, siete veces más de lo que se pretende saquear a jubilados y enfermos crónicos en nombre de que “no hay dinero”.

 
"Es imprescindible que nosotros, el pueblo, nos unamos y nos organicemos"

Y esto es sólo un botón de muestra. Porque acabar con la multitud de desgravaciones y exenciones fiscales que tienen bancos, monopolios y multinacionales (y que les permiten tributar menos de la mitad de lo que pagan pymes y autónomos) supondría para Hacienda recaudar cada año 44.000 millones de euros extras. Dinero suficiente para crear más de medio millón de puestos de trabajo cada año. Por no hablar de los miles de millones que bancos y grandes fortunas desvían cada año a paraísos fiscales o las leyes que permiten a multinacionales como Exon, Google, Microsoft, Volkswagen o Apple actuar en España como en un auténtico paraíso fiscal.

Mienten. No es que en España no haya dinero. Es que necesitamos –como están haciendo los países que sí crecen, desde Islandia hasta Argentina o Brasil– llevar adelante una política de redistribución de la riqueza para acabar con el paro y salir de la crisis en beneficio de la mayoría.

Y para conseguirlo es imprescindible que nosotros, el pueblo, nos unamos y nos organicemos Esa es la clave de todo.

Unidad del 90% de la población en un frente amplio capaz de dar una respuesta común a los ataques de nuestros enemigos y levantar una alternativa política que sirva a nuestras necesidades e intereses.

Organización de los trabajadores y las clases populares en torno a una línea que, como la que defiende nuestro partido, Unificación Comunista de España, señale quiénes son nuestros verdaderos enemigos y quiénes nuestros auténticos amigos, marque con claridad el camino a seguir y no tenga otros compromisos ni ataduras que defender consecuentemente los intereses del 90% de la población.

Merkel ha estado recientemente en Madrid para dictar a Rajoy las condiciones de la nueva intervención sobre España. Nosotros tenemos la oportunidad de darle una respuesta inmediata y masiva, firme y contundente.

Haciendo de la Marcha a Madrid del 15-S un clamor que resuene por todo el país –como en el bando del alcalde de Móstoles: “Españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla”, o como en la heroica defensa del 36: “¡No pasarán!”– en un grito unánime contra la intervención y el saqueo exterior.

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