sábado, 29 de septiembre de 2012

Conflicto provocado… ¿a quién le interesa?

 
 
 
 
Desmedida represión policial contra las movilizaciones del 25-S
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El guión ya estaba escrito. Había gente muy interesada en que la ocupación del Congreso el 25-S derivara en una violenta batalla campal. Y han puesto todos los medios posibles para conseguirlo.
 
La desmedida violencia policial encendió la chispa de un incendio anunciado. Buscan criminalizar y conducir a una espiral destructiva a los sectores más radicalizados de la lucha contra los recortes. Siembran división, confusión y temor, para impedir que puda cuajar la amplia unidad que empezó a fraguarse en las movilizaciones del 19-J o el 15-S.
Miles de personas se habían reunido ante el Congreso para protestar contra una clase política infame, capaz de imponer los más draconianos recortes a jubilados y dependientes mientras inclina la cabeza ante el FMI o el Deutsche Bank.
Se manifestaban pacíficamente. Pero ya estaba decidido que las cosas no podían terminar así. A las siete de la tarde una violenta carga policial arremetió indiscriminadamente contra los manifestantes.

Varias horas después, la programada trifulca dejó el resultado de 35 diputados y 64 heridos. Y las imágenes del violento enfrentamiento inundaban los telediarios


"Ante sus intentos por dividirnos y enfrentarnos, impulsemos la más amplia unidad"

Organizaciones nada sospechosas de ser “antisistema”, como Jueces para la Democracia, han denunciado que “la acción de las Fuerzas de Seguridad fue desproporcionada e impidió ejercer el derecho de manifestación a miles de ciudadanos”.
Y el propio secretario general del Sindicato Unificado de Policía, José Manual Sánchez Fornet, desvela que “el gobierno lo niega, pero sí tenemos infiltrados en el 25-S”.
Algunos de los “violentos manifestantes” que siempre van encapuchados, son en realidad los encargados de provocar la primera chispa que justifique la posterior carga policial.
La misma convocatoria del 25-S encerraba peligros y riesgos. Anunciada por grupos todavía no claramente identificados, quebraba la unidad que había empezado a surgir el 19-J, y que debía multiplicarse el 15-S.
Y los irreales objetivos que planteaba –la ocupación del Congreso hasta que el gobierno dimitiera y se abriera un periodo constituyente- prefabricaban las condiciones de un enfrentamiento violento.
Por eso muchas organizaciones del 15-M no la han respaldado, y otras lo han hecho con serias reservas.
Pero esto un justifica la extrema violencia empleada contra manifestantes en su inmensa mayoría pacíficos.
Se han “prefabricado” los enfrentamientos, y ahora se pretende aprovecharlos al máximo. Para presentar las movilizaciones contra los recortes como “violentas” y “radicales”. Para separar del movimiento a una inmensa mayoría de la población que sin embargo simpatiza con un movimiento –muy radicalizado contra el saqueo y la intervención, pero pacífico- como el 15-M.
El ministerio del Interior pretende llevar a los manifestantes detenidos a la Audiencia Nacional –que se ocupa de los delitos de terrorismo-. Alegando que han cometido delitos contra las instituciones del Estado.
¿Pero qué barbaridad es esta?
No hay que caer en la trampa. A las provocaciones y la represión hay que responder con más unidad.
Frente a su intento por marginalizar y criminalizar las protestas contra el saqueo y la intervención, promovamos movilizaciones masivas, respaldadas desde los sindicatos hasta el 15-M, como ocurrió el 19-J o el 15-S.
Ante sus intentos por dividirnos y enfrentarnos, impulsemos la más amplia unidad. Agrupando, desde la izquierda hasta la derecha, a todos los que se oponen a las políticas de recortes y empobrecimiento, dictadas por el FMI o el BCE y aplicadas por una clase política infame.

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